Buenos Aires (Especial para NA por Pepe Eliaschev) -- ¿Por qué se huele más preocupación que esperanzas? Un río subterráneo, morosamente acunado por los calores estivales, discurre quietamente, pero es poco inteligente negar sus sonidos ominosos.
De nuevo, los silencios y las fricciones generadas por el inescrutable y mercurial poder presidencial se encargan de manera lubricada de anular los datos positivos o alentadores que la coyuntura pudiera proyectar.
El apetito por la permanencia en el poder, rasgo pernicioso y aparentemente incurable, cruza planes y proyectos, hasta el punto que desde el Gobierno no tuvieron mejor idea que iniciar el año hablando de la reelección presidencial en 2007 y de los ribetes superlativos de las condiciones personales de la Primera Dama.
En esta ocasión, al menos, hubo reacción oficial, ya que autoridades que entran a la Casa de Gobierno por la explanada de la avenida Rivadavia dijeron que era disparatado hablar de eso ahora. ¿Fue una desmentida creíble o parte de cruces dialécticos en donde algunos van de policías malos y otros de policías "buenos"?
Imposible saber si el ruido que se genera por su propia cuenta el Gobierno responde a meticulosas operaciones tácticas o son meras consecuencias de una anomia intelectual y un desborde funcional evidente.
Con el Presidente lejos de todo y de todos y sin que nadie abra la boca sobre dónde ha estado y qué ha estado haciendo hace dos semanas, resulta extravagante acertar con una descripción del modo de operar del Gobierno.
La verticalización ha devenido tan aguda que lo único que cabe barruntar es que el Presidente instruye sus decisiones por teléfono al jefe de Gabinete, quien se maneja como una suerte de vicario de todo el poder en él delegado.
Ha sido precisamente desde la jefatura de Gabinete que se volvió a redoblar la apuesta de desdeñar a las fuerzas y expresiones políticas que no se encuadren en lo que el kirchnerismo llama "el proyecto".
La turbulencia de la semana inicial del año, durante la cual quien firma estas líneas fue inopinadamente proyectado a un indeseado primer plano por una grosera operación de censura de opinión en Radio Nacional, fue otra más de las numerosas situaciones en las que se advierte ese ánimo pendenciero crónico, en función del cual el Gobierno parece no tolerar una sola semana de tranquilidad y buenas noticias.
El reclamo oficial es proverbial: la oposición "no lo deja" gobernar y, así, ignora el mandato de las urnas.
Mientras que en Uruguay el presidente Tabaré Vázquez (cuya creciente alergia hacia el Gobierno argentino es el secreto menos confidencial de hoy) dialoga cordialmente y cara a cara con el ex presidente Luis A. Lacalle, líder "blanco", a quien visita en su casa para consensuar políticas de estado, y en Chile el tramo final de la campaña presidencial encuentra debatiendo con fuerza, pero con lealtad y reconocimiento mutuo a la socialista Michelle Bachelet y al conservador Sebastián Piñera, en la Argentina reina, suprema, la belicosidad irreductible de un oficialismo que trabaja como si el 23 de octubre hubiese sido efectivamente plebiscitado. En el Caribe se lo llama "enconcharse": equivale a clausurarse dentro de unas rígidas mitades minerales que aseguran que nadie de afuera podrá capturar el aparentemente sabroso producto interior.
El ánimo dialoguista se estira hasta muy poco: se convoca, por ejemplo, al intendente cordobés Luis Juez para extraer el apoyo de sus diputados al proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura, pero desde la seguridad de que comparten "proyecto" y "espacio".
¿Se doblegarán ante un esquema que le entrega a la Casa Rosada poder de veto sobre los jueces federales, legisladores como Francisco Delich y Norma Morandini, cuyos antecedentes sugieren una compacta convicción republicana y democrática?
Claro que el Gobierno niega, en un punto, que esté obsesionado por asegurarse de que la letra K sea la inicial del apellido presidencial argentino hasta 2011, pero asegura que a las dispersas fuerzas opositoras se les hace indigerible tolerar que haya gestión.
¿Es que pueden escindirse ambas facetas, en el lenguaje del kirchnerismo? Resulta más que improbable: todo sugiere que el Gobierno parece conducir su gestión con virulencia ante críticas aunque sea parciales porque procesa su mandato como si fuese una gesta y encara su razón de ser como si se tratara de una misión ineluctable.
Impresionan los vaivenes mercuriales del Presidente. Si imprime un frenesí imparable de anuncios a su agenda cotidiana, luego desaparece en el Sur profundo de la Argentina, generando muchedumbre de suspicacias y lúgubres hipótesis.
Falta notable de información oficial: ¿es necesario este estilo, marcado por el secreto y la especulación sobre la salud presidencial? El país aparece, así, manejado sin que la sociedad pueda entender al Gobierno de manera transparente y cuerda, pasajero de una montaña rusa política en donde inopinadamente siempre hay sofocones de primer grado.
El Gobierno cree fervorosamente en el estilo personal vertical absoluto. Los ministros del Gabinete reciben instrucciones y acuerdan políticas en un cara a cara exclusivo, con el Presidente, que luego administra el jefe de Gabinete.
Vale la pena explorar otras instancias, como la de la vecina Uruguay, donde el presidente Vázquez, electo en primera vuelta con una mayoría absoluta del electorado, preside una gestión enérgica pero de llamativa horizontalidad.
El ministro de Economía uruguayo, Danilo Astori, verdadero "número 2" del Gobierno del Frente Amplio, explicó esta semana al semanario "Búsqueda" cómo se gobierna hoy su país desde la izquierda: "Vázquez respeta mucho el trabajo de los ministros.
También escucha mucho. Naturalmente, opina y analiza. Además esta metodología de trabajo colectivo que tiene el Gabinete ministerial y que es una innovación que ha propuesto Vázquez, realmente es útil, porque permite que todos estemos enterados de lo que estamos haciendo, hacer preguntas y aportar puntos de vista diferentes".
¿Hacer preguntas? ¿Puntos de vista diferentes? Lenguaje de otra galaxia comparado con la Argentina real. La propia situación de Daniel Scioli describe la anormalidad sistémica que se vive alegremente en este país: aunque sea el segundo en el escalafón institucional, el ex motonauta ha sido relegado a un exilio político funcional verdaderamente inédito.
Hay ciertos gestos que no pueden comprenderse sino como expresiones de una voluntad explícita. La primera audiencia pública y fotografiada de la nueva ministra de Defensa, Nilda Garré, fue darle la bienvenida a Hebe Bonafini, cuyas razones para ver a la funcionaria eran insostenibles: quiere convertir a la
ESMA en un centro educativo que rescate los valores y las metodologías de la generación revolucionaria de los años Setenta.
Garré no tiene jurisdicción alguna sobre la ESMA, pero el promocionado encuentro de esas mujeres en el Edificio Libertador estaba destinado a tener proyecciones importantes. Era un mensaje. Los problemas de la realidad tangible, sin embargo, sacuden. En noviembre pasado el Presidente zamarreó como solo él sabe hacerlo al supermercadista Alfredo Coto porque anunció que la inflación del año sería del 12 por ciento. ¿Qué pasó? Superó el 12 por ciento en 2005, acreditándose que en el Gobierno ven puras conspiraciones en una realidad irreductible.
Además, las cosas no están bien con Uruguay y los anuncios de un tratado bilateral de Montevideo con los Estados Unidos para favorecer inversiones norteamericanas le cayeron (de nuevo) como un ataque al Gobierno argentino.
Enmendaron el desplante que estaba por hacer el presidente electo boliviano Evo Morales, que finalmente vendrá a Buenos Aires, pero fue muy evidente el trato armónico y natural que tuvo la invitación inmediata para hablar con Lula en Brasil, y la gira con fórceps que consiguió la Argentina.
Nubarrones deliberadamente convocados para generar una perfecta tormenta. La realidad, otra vez, o sea, la única verdad.
Este columnista quiere agradecer emocionadamente la enorme demostración de solidaridad conmigo que tuvo el levantamiento de mi programa en Radio Nacional. En particular, cabe mencionar las expresiones directas y personales de Raúl Alfonsín, Rafael Bielsa, monseñor Jorge Casaretto, Hermes Binner, Ricardo López Murphy, Aníbal Ibarra, Mauricio Macri, Elisa Carrió, Martín Balza, ADEPA, FOPEA, UTPBA, DAIA, AMIA, Comité para la Protección de los Periodistas (Nueva York), Reporteros sin Fronteras (París), Generaciones de la Shoah en la Argentina y Asociación de Bancos de la Argentina, entre decenas de salutaciones de todo el país, y, desde luego, mis colegas de El Día y Diario Popular. www.pepeeliaschev.com
pepebis@arnet.com.ar.



