Buenos Aires (Especial para NA por Martín Hermida) -– En algún punto por iniciativa propia, y en otros por cuestiones ajenas, la política exterior metió la cola y en los últimos días se convirtió en uno de los temas más importantes para el Gobierno, aunque en determinadas ocasiones no se trató de un dolor de cabeza, sino de señales positivas para la administración de Néstor Kirchner.
Un ejemplo de esto último fue la breve pero intensa visita a Buenos Aires del subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental de EEUU, Tom Shannon: el hombre se reunió con cuanto ministro pudo, y fuera de agenda, en un gesto que sorprendió, visitó a Kirchner en la Casa Rosada.
Por otro lado, donde sí hubo resquemores, preocupación y hasta cierto vértigo, fue con los vecinos más cercanos. La novela sobre la posibilidad de que el Gobierno del uruguayo Tabaré Vázquez firme un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos tuvo más capítulos de los deseados y puso al Mercosur al borde de un ataque de nervios.
Pero en referencia a este punto, quizá la crisis sirvió para algo que pueda dejar una estela positiva: tanto Argentina como Brasil reconocieron que los socios más chicos del bloque (el propio Uruguay y Paraguay) no están siendo tenidos en cuenta como deberían serlo y que hay que buscarle una solución a ese problema.
La llegada al país de Shannon –un hombre clave del gobierno de George Bush para entender e interpretar a América latina- había provocado las más variadas especulaciones.
De hecho, este diplomático fue el primero de alto rango en visitar la Argentina después de las rispideces que se habían generado tras la Cumbre de las Américas desarrollada en Mar del Plata, donde el Mercosur (en especial los socios mayores, Brasil y la Argentina) habían encabezado una dura ofensiva contra Estados Unidos y sus aliados en torno a la conformación del ALCA (el Area de Libre Comercio de las Américas).
Después de reunirse, entre otros, con los ministros de Planificación Federal, Julio De Vido, y de Economía, Felisa Miceli, con quienes analizó el tema de inversiones, Shannon estuvo poco menos de media hora con Kirchner –fuera de agenda- y ante la prensa soltó una frase estudiada: "Las relaciones entre los dos países –dijo- son excelentes".
Claro que como contrapartida, marcó algunas diferencias, habló de las "piedras en el zapato" que significan para los Estados Unidos los gobiernos de Fidel Castro en Cuba y Hugo Chávez en Venezuela, y dijo que el ALCA, en la óptica del gobierno norteamericano, no está para nada "muerto", como dice el mandatario caribeño, amigo de Kirchner.
"La agenda del ALCA sigue viva y sigue avanzando en la región", disparó cuando lo consultaron al respecto, antes de abordar el avión que lo llevó de regreso a su país apenas unas horas después de haberse visto con Kirchner.
El tema que, de refilón, puso los pelos de punta a los hombres de la diplomacia fue el de las movidas uruguayas en torno a un posible y siempre desmentido acuerdo de libre comercio entre ese país y los Estados Unidos.
El primer en arrojar la piedra había sido, la semana pasada, el ministro de Economía del país oriental. Aunque después, para tranquilidad de los funcionarios argentinos, que ya estaban saliendo al cruce, fue desmentido por el canciller uruguayo, Reinaldo Gargano.
Y para colmo, el jueves un senador norteamericano, Mel Martínez, que estaba de visita en Argentina, se despachó diciendo que el acuerdo ya estaba –según su óptica- prácticamente listo. Fue tal el revuelo que se armó, que horas después tuvo que salir la propia Embajada estadounidense a señalar que se había tratado de un error del legislador y que en realidad, se había referido a un acuerdo de inversiones.
¿Por qué semejante revuelo? Porque a partir de las disposiciones del Mercosur, un país miembro no puede negociar por sí solo acuerdos de libre comercio con otras naciones, por fuera del bloque. Y si ocurriera, sencillamente el tan meneado Mercosur pasaría a ser historia; al menos como se lo conoce hasta ahora.
Así de claro lo expresó el canciller brasileño, Celso Amorim, después de mantener un encuentro en su país con su par argentino, Jorge Taiana. "Sería imposible –enfatizó ante la prensa y junto al ministro argentino- que un socio del Mercosur negocie individualmente acuerdos comerciales, a menos que pretenda dejar el bloque".
El propio Taiana afirmó: "Si Uruguay avanza en un acuerdo bilateral con EEUU podría ser el final del Mercosur".
En verdad, más allá de las desmentidas que llegaron desde la otra orilla, dentro de la coalición gobernante hay una crisis a raíz de este tema y en muchos dirigentes campea el ánimo de romper con el bloque.
Las movidas fueron una luz de alerta para los dos socios mayores. En aquella conferencia de prensa que compartió con Taiana, Amorim reconoció que quizás "no se haya hecho lo suficiente" para contener a los socios más pequeños como Uruguay y Brasil; y admitió: "Cuando vemos manifestaciones de disconformidad con el Mercosur, esto tiene que ser objeto de reflexión. Es un alerta".
Precisamente hacia Brasil enfilará el presidente Néstor Kirchner la semana próxima, para encontrarse una vez más con su colega Luiz Inacio Lula Da Silva y un día después verse también con Chávez.
Los tres juntos tocarán el tema energético (la construcción de un gasoducto desde Venezuela hacia Argentina, pasando por Brasil). Y entre los dos (Kirchner y Lula) el plato fuerte seguramente estará dado por las polémicas comerciales que se siguen suscitando entre ambos países y el modo de tratar de superarlas.
En las filas argentinas hay optimismo de que en ese encuentro pueda anunciarse en qué momento se pondría en marcha la denominada Cláusula de Adaptación Competitiva (CAC), el modo elegante (sin nombrar a las salvaguardias, que tanto irritan a los industriales brasileños) para tratar de superar esas diferencias comerciales que a veces amenazan con ahogar a las industrias locales.
Esa cláusula –que Argentina viene reclamando desde hace un año- permitiría enfrentar los desequilibrios por las exportaciones de manufactura brasileña (sólo el año pasado Argentina importó desde Brasil por casi 10 mil millones de dólares y le vendió por poco más de 6 mil millones) y ayudaría a calmar los ánimos de los industriales locales.
Un día antes de la partida de Kirchner hacia Brasil, recibirá en Buenos Aires a Evo Morales. En ese encuentro, la "vedette" será la venta de gas boliviano a la Argentina y la posibilidad –adelantada por los propios funcionarios electos de ese país- de que se aumente el precio que se cobra actualmente.
Puertas adentro, en el Gobierno sostienen que a pesar de que haya un salto en el precio que se le paga a Bolivia no será necesario retocar los valores que se cobran aquí, tanto a usuarios industriales como a los clientes particulares. Pero asegurarlo en un ciento por ciento ya forma parte más bien de los deseos y de las especulaciones que de la realidad.



