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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 17/ene/2006 de La Auténtica Defensa.

Menos peleas y más diálogo en la nueva agenda K
por Mariano Spezzapria




Buenos Aires (Especial para NA, por Mariano Spezzapria) –- Hubo algunos gestos del Gobierno, en los últimos días, que distaron de ese estilo aguerrido, confrontativo, que le imprimió el presidente Kirchner a los dos años y ocho meses que lleva su gestión.

Esos gestos, además, revelaron las prioridades de la administración kirchnerista para este año que recién comienza.

Vamos por partes: lo primero que hizo Kirchner tras su descanso en Santa Cruz (¿por qué el Gobierno se habrá negado a hablar de "vacaciones", si se trata de un derecho adquirido?) fue recibir en su despacho a Alfredo Coto, figura emblemática de los supermercadistas.

"Están hechos de la misma madera. Finalmente se van a entender", había pronosticado Julio De Vido, ministro de Planificación y hombre de la mayor confianza de Kirchner, cuando arreciaba la andanada pública del jefe de Estado contra Coto.

Muchos pensaron entonces que De Vido estaba haciendo una broma, pero pasada la tormenta Kirchner invitó a Coto a su despacho de la Casa Rosada para ponerle el cuerpo a un tema que lo desvela: el aumento de los precios.

El Gobierno quiere gestar un acuerdo general de precios, de un año de duración, para frenar la inflación. Para eso está dispuesto a conversar con los líderes empresarios, uno por uno, como lo hizo el viernes en el caso de los productos lácteos.

No se trata de una tarea sencilla, porque la aspiración oficialista es que en el acuerdo entren medio millar de productos.

Además, los empresarios supeditan los acuerdos a que no se desajusten otras variables, como los sueldos de sus empleados.

No es casualidad que Kirchner haya elegido a Coto para comenzar esa extensa ronda de contactos: en la Casa Rosada dicen que se trató de un gesto presidencial hacia un empresario nacional, privilegiándolo sobre los que gestionan capitales extranjeros.

En la escala oficialista, la segunda prioridad de este año estará marcada por las relaciones internacionales. En ese aspecto de su gestión (importantísimo en un mundo cada vez más globalizado) Kirchner había sumado el año pasado más conflictos que buenas noticias.

El desencuentro más importante, a no dudarlo, lo tuvo con George W. Bush en la Cumbre de las Américas que se hizo en Mar del Plata. Kirchner se plantó allí en una oposición cerrada al ALCA –junto a Lula y Chávez- y el presidente norteamericano se tuvo que volver a Washington con las manos vacías.

Eso hacía prever un futuro sombrío para las relaciones con Washington. Pero la Casa Blanca dejó pasar un par de meses y en la primera oportunidad que tuvo envió a Thomas Shannon, el hombre de Bush para la región, a sondear el ánimo argentino.

Se podría decir que al diplomático le fue bien: tuvo reuniones con De Vido, Felisa Miceli y Taiana, el canciller, pero finalmente el que resultó sondeado fue él.

Kirchner estuvo todo el día siguiendo atentamente su periplo en Buenos Aires. Por caso, lo primero que hizo De Vido cuando terminó su reunión con Shannon fue cruzarse a la Casa Rosada para informar al Presidente "a cuento de qué" tenía lugar la visita del funcionario norteamericano.

Hacia el final de la jornada, Kirchner decidió entonces ser coherente con una de las cosas que le había pedido a Taiana al comienzo de su gestión: recomponer el trato con aquellos paíseslíderes con los cuales la relación había entrado en un cono de sombras. Por eso recibió a Shannon en la Rosada, aunque no estaba en la agenda.

El canciller se está moviendo. Venía de Brasilia, donde fue recibido por Lula y Celso Amorim. Allí se preparó la cumbre del próximo miércoles, cuando Kirchner y el presidente de Brasil buscarán dar una señal de fortaleza del Mercosur. Un día después, el jueves, se sumará Chávez al encuentro.

El bloque regional se fortaleció tras la Cumbre de las Américas, en la que exhibió una postura conjunta inquebrantable.

Pero ahora el Gobierno uruguayo está sumido en una fuerte disputa interna sobre la posibilidad de negociar un tratado de libre comercio con los Estados Unidos, el principal cliente del país vecino.

Washington fogonea ese acuerdo, porque su política tras el fracaso de la Cumbre es cerrar todos los tratados de libre comercio que le sean posibles para que el ALCA comience a funcionar en los hechos. Shannon dijo que ya están a la firma acuerdos con Colombia, Perú, Ecuador y Panamá.

Con Uruguay, además, se oscurece el horizonte por la controversia de las papeleras, que en Montevideo sienten como un verdadero sabotaje a su economía.

Recién después de la problemática de los precios y de las relaciones internacionales viene para la gestión kirchnerista la política interna, porque este año no habrá elecciones. Lo más urgente ahora para el oficialismo es aprobar la polémica reforma al Consejo de la Magistratura, si puede en febrero próximo.

Pese a esto, ya hay movidas subterráneas tendientes a armar el proyecto reeleccionista de Kirchner. Por eso es que dirigentes oficialistas salieron a hablar del tema y se abocaron a la organización de un "gran acto" en la Plaza de Mayo para el 25 de mayo. Ese día, además de tener un sentido histórico fundacional, Kirchner asumió la Presidencia en 2003.

Pero no sólo habrá movidas políticas a nivel nacional, puesto que también en la provincia de Buenos Aires se largará la carrera por la sucesión de Felipe Solá, quien no puede ser reelecto. Allí se anotarán con seguridad el ministro del Interior, Aníbal Fernández, y el ministro de Gobierno del propio Solá, Florencio Randazzo.

Claro que ambos dependen de que Cristina Kirchner no decida competir por la Gobernación bonaerense en 2007, como sugirieron algunos dirigentes kirchneristas.

Lo de Aníbal Fernández no es un secreto: el lunes pasado, día de su cumpleaños 49, recibió como regalo en Villa Gessel una remera con la leyenda impresa "Aníbal gobernador", que el Ministro exhibió orgulloso. A su lado festejó la ocurrencia el presidente del PJ bonaerense, José María Díaz Bancalari.

El post duhaldismo está en crisis: ahora debe definir si se acerca al Gobierno, como quiere Díaz Bancalari, o si enfila hacia el lado del macrismo, es decir lisa y llanamente a la oposición.

No parece posible que el PJ pueda tener un proyecto autónomo cuando el Presidente es peronista. Y menos en una provincia de la dimensión de Buenos Aires.


 
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