Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) Demasiadas cuestiones a resolver en tan pocos días. Y todas degran importancia. En medio del fragor interno, el presidente Néstor Kirchner tuvo que zambullirse en 72 horas en la agenda política exterior y tratar un sinfín de problemas.
Allí se contaron el enfrentamiento con Uruguay por las papeleras y por un posible acuerdo comercial de ese país con Estados Unidos; la relación con Brasil; la "alianza energética" que suma a esa nación y a Venezuela; el futuro del Mercosur y el gas que viene de Bolivia.
En toda esa maraña, el Gobierno se anotó algunos porotos a favor, mientras que hubo temas que quedaron en la columna de las dudas o los problemas aún por resolver.
Por ejemplo, en las reuniones que mantuvo con su par de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva, todo fue paz y armonía: ambos juraron tratar de resolver las falencias que afectan al Mercosur con "más Mercosur", ratificaron la "alianza" entre los dos países y anunciaron que antes del 31 de este mes estará firmada la ansiada "cláusula de adaptación competitiva" que Argentina buscaba desde hacía casi un año y medio.
Aunque en estos diez días habrá que pulir detalles, esa cláusula –resistida hasta el final por los poderosos industriales brasileños- permitirá ponerle un freno a las exportaciones de uno de los dos países cuando éstas perjudiquen a las industrias del otro. Un modo más diplomático de llamar a las "salvaguardias" de las que hablaba el ex ministro Roberto Lavagna.
Aquí los sectores que más se quejaban de la "invasión" exportadora brasileña eran el textil, el de electrodomésticos y el del calzado. Claro que hay que ver el contexto en el cual Brasil aceptó finalmente otorgar esa cláusula a la Argentina: las amenazas uruguayas de cerrar un acuerdo de libre comercio con EEUU, lo cual –tal como lo dijo el canciller Celso Amorim- "rompería el Mercosur".
Al día siguiente de la cumbre Kirchner-Lula (y del paso del presidente argentino por el Parlamento brasileño) fue el turno de sumar al venezolano Hugo Chávez. Los tres ratificaron una alianza que parece fortalecerse (por ejemplo, cerraron un acuerdo para exploración petrolera en el Mar Argentino) y avanzaron en el proyecto de construcción de un gigantesco gasoducto que saldrá desde Puerto Ordaz, en Venezuela, y llegará a la Argentina, pasando por Brasil.
En el caso de Bolivia, las definiciones quedaron para más adelante. Kirchner recibió finalmente a Evo Morales, el presidente electo de Bolivia, después de una comedia de enredos que duró dos semanas y en la que el dirigente cocalero estuvo a punto de no pisar suelo argentino.
Kirchner le puso a su disposición en Tango 10 –lo fue a buscar especialmente a La Paz- y así el encuentro pudo concretarse. Pero el propio Morales advirtió que la discusión por el precio y los volúmenes de gas que le vende su país a la Argentina aún está sin resolverse. "Yo todavía no estoy autorizado. El tema de aumentar los volúmenes de exportación (actualmente en casi 5 millones de metros cúbicos diarios) y el precio, es un debate técnico, de equipo".
La interpretación es clara. Morales "marcó la cancha" y puso los tiempos, a pesar de que jugaba de visitante. No obstante, dejó en claro que habrá aumento en el precio: "No es posible que el boliviano viva encima del gas sin gas", aseveró al hablar con la prensa.
El debate al cual hizo referencia Morales podría darse este mismo domingo, cuando el Presidente argentino llegue a La Paz para presenciar la ceremonia de asunción en el cargo. Desde ese mismo momento, se abrirá la etapa de negociaciones y todo será posible.
Con Uruguay, mientras tanto, las cosas parecen más complejas todavía. A pesar de que desde el Gobierno intentan que la pelea por las papeleras no se desmadre y que –como dice el canciller Jorge Taiana, se pueda arribar a una "solución amistosa"- íntimamente saben que un acuerdo en torno a ese tema será muy difícil.
En voz baja, se reconoce en el Palacio San Martín que, hoy por hoy, la "controversia" –tal el término utilizado- es insoluble. El gobierno de Tabaré Vázquez quiere seguir adelante a toda costa con la construcción de las dos plantas procesadoras de papel sobre la margen oriental del Río Uruguay, y los técnicos de la Cancillería sostienen que las fábricas son contaminantes.
En ese mismo marco, la Argentina respondió y envió "objeciones" a un informe del Banco Mundial sobre el "impacto ambiental" que causarían las plantas y que había establecido que las mismas no son contaminantes porque respetan requisitos técnicos.
El propio Presidente argentino salió a decir, mientras estaba en Brasilia, que no hay que magnificar el enfrentamiento y lo limitó a una cuestión "ambiental". Pero lo cierto es que el problema es tal que ni siquiera –como dijo el embajador argentino en Montevideo, Hernán Patiño Meyer- hoy en día hay espacio para una reunión entre los jefes de Estado de las dos naciones.
En el medio también aparece la amenaza de Uruguay de intentar negociar un acuerdo de libre comercio con el gobierno de George Bush. En Washington señalan que es sólo eso, una amenaza, y que se está lejos de concretar la firma.
Kirchner, al pronunciarse públicamente sobre el tema, afirmó: "Argentina y Brasil están peleando para salir de una crisis económica muy profunda y si no tienen los elementos para ayudar a Uruguay no pueden impedirle hacer un buen negocio".
Lo cierto es que, más allá de que este tan meneado acuerdo se concrete o no, hay una fuerte disconformidad tanto de Uruguay como de Paraguay hacia los dos socios mayores del bloque. Y mientras se piensa en incorporar a Venezuela y a Bolivia como socios plenos, por otro costado siguen las filtraciones y las paredes se agrietan cada vez más. ¿Habrá tiempo todavía para las reparaciones?



