Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -Una vez que comenzó a aplacarse la repercusión mediática que alcanzó la asunción de Evo Morales como Presidente de Bolivia, en el Gobierno argentino empezaron a desmenuzar un menú de opciones que ofrecerán a la administración vecina a la hora de sentarse a negociar por la importación de gas desde el Altiplano, uno de los temas más calientes de la agenda bilateral.
Quedó más que claro, luego del fugaz paso de Morales por Buenos Aires pero también por los dichos de algunos de sus flamantes ministros, que el precio que actualmente se le cobra a la Argentina -2 dólares por millón de BTU- va a sufrir, al menos, un incremento de entre el 60 y el 70 por ciento.
Pero más allá de eso, en distintos despachos oficiales estudian las alternativas que cuando haya que sentarse a la mesa presentarán frente a los deseos de Evo de aumentar el precio y el nivel de exportaciones: entre ellas, aplicar mecanismos de "compensación" para cambiar combustible por infraestructura, por ejemplo.
Ese es "el" tema del momento entre los dos países, sin dudas. Pero cerca de Kirchner hay un grupo de colaboradores que le susurra insistentemente: "la relación con Bolivia no debe quedar sólo en el gas; hay una agenda más amplia y se debe ir hacia un acuerdo estratégico", como sucede –diferencias mediante- con el Brasil de Lula Da Silva y la Venezuela de Hugo Chávez.
En ese "paquete", incluyen, por ejemplo, esas alternativas para crear los llamados mecanismos de compensación (que están en funcionamiento con Venezuela) y agregan también cuestiones tan sensibles para la población como el tema migratorio (hay más de un millón de ciudadanos bolivianos viviendo en Argentina) y la posibilidad de avanzar en acuerdos en salud y educación.
De hecho, en materia energética, el propio Morales, cuando asumió en La Paz frente a Kirchner, Lula y Chávez (entre otros presidentes de la región) hizo una alusión directa a ellos y les pidió que no dejaran de lado a Bolivia a la hora de acordar cuestiones vinculadas al mega-gasoducto que se planea construir desde Venezuela hacia la Argentina, con una inversión mayor a los 20 mi millones de dólares.
Lula Da Silva, quizá uno de los más entusiastas a la hora de hablar de alianzas regionales, sostuvo en público y en privado que tanto su país como Argentina y Venezuela deben ayudar a Morales para que no se resquebraje la frágil democracia boliviana y el país pueda salir de la profunda crisis en que se encuentra.
Evo también dio algunas pistas en sus apariciones públicas: habló de nacionalizar los recursos naturales (su país tiene la segunda reserva de gas del continente), pero entendiéndolo como un proceso en el cual el Estado y los inversionistas privados, en este caso del extranjero, trabajen conjuntamente.
Kirchner se entusiasma a la hora de imaginar el futuro de Bolivia y lo que ello puede implicar para la región. Pero del mismo modo que eso no lo sobresalta, se exaspera con el rumbo que va tomando día a día la compleja situación planteada con otro de los vecinos: Uruguay.
El problema de las papeleras que las firmas Botnia y ENCE planean construir en Fray Bentos, frente a Gualeguaychú, ya sobrepasó la categoría que el propio Presidente le había dado hace una semana: una cuestión "ambiental".
El camino elegido por Argentina, de recurrir a la Corte de La Haya para tratar de dirimir la controversia, no traerá soluciones rápidas. En el mejor de los casos, se abrirá una instancia que podría demorar hasta cuatro años.
La semana que viene vencerá el plazo que tenía para expedirse la comisión integrada por argentinos y uruguayos (un grupo técnico) que trabajó en busca de limar asperezas. ¿Qué se espera? Que no haya ningún acuerdo.
Volviendo sobre la presentación ante la Corte de La Haya, la apuesta de algunos hombres del Gobierno es que mientras se avance con la demanda, Uruguay ceda un poco y haya al menos un mínimo espacio para la negociación.
Pero eso no parece ser lo que piensan y dicen los funcionarios del Gobierno de Tabaré Vázquez: de hecho, el canciller Reinaldo Gargano aseveró que elegir ese camino será un "error", advirtió que la situación podría ser denunciada por su país ante el Mercosur e incluso sostuvo que Argentina perderá la pulseada. Y por si hiciera falta, advirtió que Uruguay seguirá adelante con la instalación de las dos fábricas.
Otra opción evaluada desde la orilla argentina apunta a que una vez iniciado el proceso, el Tribunal dispusiera una suerte de "no innovar" y por lo tanto la construcción de las plantas quedara detenida. Pero es una jugada incierta.
Aunque sumamente diferentes, en los dos casos, los de Bolivia y Uruguay, para la Argentina se abre un abanico de posibilidades. Frente a Evo y los pasos que dará su gobierno, todo es expectativa. Frente a la crisis planteada con Uruguay, el escepticismo es el que va ganando cada vez más terreno.



