Buenos Aires, (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal) -- La nacionalización de los conflictos de las papeleras y el de Santa Cruz, resuelto en su parte gremial pero que costó un muerto, terminó impactando en el propio despacho presidencial.
La cuestión de las papeleras se trastocó en un imprevisto roce diplomático con Uruguay y, hoy por hoy, nadie sabe bien cómo salir de esto.
Se llegó a este punto por la férrea protesta y cortes de ruta de los vecinos de Gualeguaychú, quienes piensan continuarlo hasta el fin.
Y tienen argumento de sobra como para defender su medio ambiente y su economía, en una zona que ha sabido crecer durante los últimos tiempos, dejando atrás parte de una historia de postraciones por el viejo centralismo.
Sin este nivel de protesta, seguramente las papeleras habrían encontrado el lugar definitivo que se les negó en otras geografías.
La ausencia de instancias intermedias a una solución le provocó una disyuntiva al Presidente, que no le puede dar la espalda a la gente, pero que tampoco debe tensar demasiado la cuerda com Tabaré Vázquez.
Para colmo, desde la otra orilla, el tema se ha convertido en una causa nacional y hasta Tabaré logró el respaldo de todo el arco opositor.
Ante esto, en la Rosada dicen que "a Kirchner no lo van a ver en una foto con los opositores".
Esta frase, que supuestamente debe expresar una virtud, en realidad encierra uno de los problemas de la Argentina: la falta de acuerdo básicos entre las fuerzas políticas para la resolución de los grandes temas.
En tiempos de bonanza, esto parece no representar demasiado, pero hay que recordar que la economía y la política acostumbran a vivir en ciclos, más en la Argentina.
La semana que viene habrá una ronda de visitas de funcionarios al Congreso para analizar este tema y entre ellos estará el canciller Jorge Taiana.
El ministro suele despotricar contra su antecesor, Rafael Bielsa, por el visto bueno que se le dio desde la Cancillería a la construcción de las papeleras uruguayas.
Hay que recordar que el ex funcionario fue echado de una asamblea en la ciudad entrerriana, pero en ese momento no se había generado un problema de Estado.
La cuestión de Santa Cruz llegó a la Casa Rosada porque las refriegas dejaron una muerte en las sombras y porque se dio en los pagos del Presidente.
El propio motivo del conflicto, el de elevar el mínimo no imponible de ganancias, ayudó a nacionalizar el conflicto porque excede al ámbito de la provincia.
Exactamente, es el mismo reclamo de los camioneros liderado por el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, a quien responde el oficialismo del gremio de los petroleros santracruceños.
Entonces, aquí también se dejó venir el conflicto, pero el costo resultó demasiado alto.
La reaparición de la aftosa también demostró una suerte de inacción en algunos estadios oficiales y aquí sí que pueden rodar cabezas de responsables.
El Presidente pidió una informe de lo sucedido y los voceros de Agricultura ingresaron imprevistamente en un cono de silencio.
Cuando asumió, la ministra Felisa Miceli optó por la continuidad por un tiempo de la primea línea de Agricultura, pero ahora la situación llegó a un punto de no retorno.
Hablar con la ministra deja la certeza que tiene objetivos claros de largo plazo, más allá que publicamente sólo se la vea para la firma de acuerdos de precios.
Ella misma sabe que estos convenios conforman una suerte de manta corta que no se puede extender en el tiempo.
Por eso, la mitad de su tiempo se lo insumen los encuentros para encontrar los caminos de la inversión.
Sin ellas, suele decir, no se podrá consolidar un proyecto de crecimiento sostenido.
En ese marco, por su despacho han pasado embajadores de las más diversas nacionalidades y se entusiasma con la posibilidad de una seguidilla de anuncios de radicación de capitales.
Aunque, por el momento, no se sabe demasiado de ellos porque puede falta un largo trecho para pavimentar el camino de la confianza que atraigan inversiones.
Para la ministra, la base de la política económica en la que debe sentar las futuras inversiones son el superávit fiscal, el dólar alto y la estabilidad de precios.
Le gusta repetir que para ella el tema financiero ocupa un segundo plano en su agenda.
A pesar de ello, prepara las valijas parea viajar a fin de febrero o principio de marzo a los Estados Unidos para mantener encuentros con el secretario del Tesoro, John Snow, y el titular del Fondo, Rodrigo de Rato, entre otros.
Y desde la visita al país de Thomas Shannon, se agregaron encuentros en el propio Departamento de Estado.
Es decir que será su presentación internacional en los más altos lugares de decisión, en un momento en que el país necesita de una mayor inserción en el mundo y cuando Estados Unidos ve cada vez más a la Argentina como un aliado estratégico, en un continente que en forma paulatina gira su eje hacia la izquierda.



