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» Este artículo corresponde a la Edición del viernes, 17/feb/2006 de La Auténtica Defensa.

Tensiones políticas y pulseada abierta con los gremios
por Marisa Alvarez




Buenos Aires, (Especial para NA, por Marisa Alvarez)- En el entorno del gobernador Felipe Solá hay un dato al que ya se han resignado: sólo podrían avanzar sobre la conducción del PJ bonaerense si el Presidente diera vía libre a esa estrategia; algo que por ahora no ha ocurrido y que muy probablemente no ocurra, según distintas señales que resultan claras.

La intención del denominado felipismo es, como se sabe, la de desbancar de la conducción partidaria a la dirigencia ex duhaldista. Pero en la Rosada, muchos creen que esa confrontación no debería agudizarse en la medida en que el kirchnerismo logre sumar adhesiones.

Lo cierto es que la fallida arremetida de Solá sobre la conducción del peronismo provincial dejó flotando otras cuestiones de mucho mayor peso que exceden la incipiente movida política que no prosperó: hay quienes creen, incluso en las cercanías del Gobernador, que haber abortado el intento por pasar a retiro a varios caciques del justicialismo bonaerense puede ser el primer paso del kirchnerismo puro por ocupar el centro de la escena en la política provincial.

El propio Presidente contribuyó decididamente a instalar esa sensación. No ahorró llamados telefónicos ni reuniones para que dirigentes que le responden fueran a la reunión del consejo partidario peronista, que se realizó apenas 48 horas después de que Solá reclamara una renovación y blanqueara su intención de presidir el partido. Kirchner le salió al cruce llevando a dos intendentes de peso que le responden en forma incondicional, como Julio Pereyra (Florencio Varela) y Alberto Descalzo (Ituzaingó), y a uno de sus hombres de confianza en el ministerio de Economía, Carlos Mosse, como forma de avalar y sostener a las actuales autoridades presididas por José María Díaz Bancalari, otro ex duhaldista mimado desde la Rosada.

El esperado apoyo que salió a la figura presidencial contrastó fuertemente con el tibio mensaje de "respaldo institucional" que surgió como de compromiso a la gestión provincial, todo en un encuentro en el que no asomó la nariz ni un dirigente felipista.

Pero la movida de Kirchner no se quedó ahí. Estuvo a punto de concretarse una decisión que podría haber generado un cimbronazo de consecuencias imprevisibles. El Presidente le habría encomendado a un alto funcionario del gobierno nacional que saliera a declarar que si Solá quería dar la batalla por el partido, iba a tener que afrontar una interna contra los hombres K. La jugada finalmente no se cristalizó porque antes el Gobernador recibió la advertencia en forma de mensaje y optó a regañadientes por guardar sus ambiciones para más adelante.

Un hecho de tanto peso institucional no pasó de largo por el núcleo más cercano a Solá y generó chispazos entre algunos ministros.

El encontronazo con Kirchner fue analizado por caso en la tradicional reunión de los martes de los ministros bonaerenses, donde abundaron los reproches. Hubo quienes se quejaron porque "se lo dejó solo a Felipe" en medio del tiroteo, apuntando a aquellos que guardaron silencio y que, por peso político propio, debieron salir a "bancar" al Gobernador. La respuesta con la que se topó este defensor felipista fue tan contundente que casi obligó a pasar a otro tema. "Y qué querés, si no hacemos lo que dice Kirchner nos pasan por arriba".

La decisión de la Rosada de recibir a los ex duhaldistas también tiene su impacto sobre el núcleo felipista, que comenzó a ser cruzado por sospechas de que la causa común con Solá pasó a ser para algunos una cuestión secundaria frente al huracán kirchnerista. Ese cruce entre los ministros tiene mucho de esa presunción, que se extiende incluso extramuros y sobrevuela por estos días la Cámara de Diputados bonaerense.

El núcleo duro del felipismo que habita la Cámara baja retomó la línea de poner en duda algunas lealtades y las miradas más escrutadoras se volvieron a posar sobre Ismael Passaglia y su antigua buena llegada con Díaz Bancalari. Y en tren de sumar elementos para sostener la desconfianza mencionan el hecho de que el ex ministro de Salud decidió conservar en su puesto a uno de los hombres más cercanos a Osvaldo Mércuri en la estructura administrativa de su gestión.

Passaglia acumuló incluso un poco más que esa cuestión objetiva y aislada: cientos de panfletos denunciando esa continuidad mercurista tapizaron el interior y los alrededores de la Cámara.

En rigor, la suspicacia pasa por la posibilidad de que la buenam sintonía con el presidente del PJ bonaerense se traduzca en un posible apoyo al ministro del Interior, Aníbal Fernández, un hombre dispuesto a ir por la Gobernación en abierto desafío a la intención felipista de ungir un sucesor.

Aún en medio de la orden bajada por Kirchner de abortar cualquier intento de asalto sobre el PJ -blanqueada con crudeza por el propio Solá días atrás durante una visita al distrito de Tres Lomas donde dijo que "el Presidente me dijo que no hable más de ese tema"-, hay quienes pretenden mantener latente la apetencia del Gobernador. No resultaría casual que luego del llamado a silencio que debió hacer el mandatario aparecieran en Florencio Varela algunas pintadas que rezan "Kirchner cumple. Solá, una esperanza en marcha".

Tampoco habría jugado el azar sobre el lugar escogido. Varela es la patria chica del intendente Pereyra, uno de los kirchneristas que no sólo fue a poner la cara para frenar la embestida de Solá sobre el PJ sino que además respaldó abiertamente a Díaz Bancalari.

EL FRENTE SALARIAL

La evolución de los conflictos salariales también son motivo de preocupación en la Provincia. Durante la semana que hoy se inicia vence el plazo de 15 días que pidieron los funcionarios en procura, posiblemente, de redondear alguna propuesta que al menos calme las ansiedades de los sindicatos.

La cuestión central remite una vez más a la negociación todavía en veremos con el gobierno nacional por la refinanciación de vencimientos por 2.500 millones de pesos durante este ejercicio. Pero en el medio, existen señales confusas: por un lado, la directora general de Educación confía en que habrá acuerdo con los maestros y, por el otro, el propio Solá asegura que no está en condiciones de hacer una propuesta salarial en lo inmediato no sólo a los docentes sino tampoco al resto de los estatales.

Y sobre llovido, mojado: el gobierno bonaerense abrió otro frente de conflicto con los estatales con el polémico proyecto para ponerle límites a los paros. Esta iniciativa puede que se transforme, además, en un testeo sobre cómo se comportará la Legislatura frente al Ejecutivo provincial.

Pero en las usinas oficiales advierten que la cuestión salarial y este proyecto van de la mano y que la decisión de "pegarlo" a la discusión por los sueldos forma parte de una estrategia urdida en los despachos de la Gobernación. Es probable que la Provincia se muestre permeable a los reclamos sindicales en cuanto a los límites al derecho de huelga, siempre y cuando los sindicatos docentes y estatales bajen sus pretensiones salariales o al menos las flexibilicen. El desenlace de esa discusión determinará qué mes de marzo le aguarda a la gestión de Solá.


 
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