Buenos Aires (Especial para NA, por José Calero) -- Con el pecho inflado, cada funcionario se presentó esta semana en la Casa Rosada para adelantarle al presidente Kirchner una catarata de datos favorables que reflejan el momento excelente que atraviesa la economía argentina.
El propio jefe de Estado puso el eje de su discurso ante el Congreso en los logros económicos de su administración, y hasta el ex ministro Roberto Lavagna reapareció para recordar que él fue uno de los padres de la criatura y que el país vive su mejor momento en 50 años.
Inmune a cualquier contratiempo, el desempeño económico del país sigue a paso firme, con caída del desempleo, blanqueo de trabajadores, suba de las exportaciones, crecimiento imparable de la actividad automotriz y, lo más importante, menos inflación.
Hasta los mercados parecieron esta semana dispuestos a ponerle un moño a semejante performance y dejaron subas en la Bolsa, que alcanzó niveles récords.
Semejante sucesión de datos positivos embriaga a cualquier gobernante y por ello el riesgo es que, amparado en la estadística, el gobierno pierda de vista cuestiones clave que aún están pendientes, como dar mayores certezas a los inversores, resolver la situación de los bonistas que no entraron al canje y una reforma impositiva que favorezca el crecimiento.
Pero primero es inevitable repasar los datos que reflejan un resurgimiento de la economía, impensado hace apenas dos años.
La caída del desempleo, que ya se ubica en el 10,1 por ciento y llega al 12,7 si se considerara desocupados a quienes cobran planes sociales, acerca al gobierno al objetivo de reducir a un dígito la desocupación.
A esto se suma una mejora cualitativa en el mercado de trabajo, ya que en los últimos doce meses se incrementó en un 10 por ciento la cantidad de trabajadores en blanco.
Es decir, no sólo hay creación de puestos de trabajo, sino que los empleos nuevos son mayoritariamente en blanco.
En medio de esta vorágine de números positivos, la Argentina alcanzó un superávit comercial de 837 millones de dólares en enero, una cifra que está en línea con el mismo período del 2005.
Pero el dato saliente fue el freno a la inflación, que fue de sólo 0,4 por ciento en febrero tras haberse disparado 1,3 por ciento en enero.
Aquí, Kirchner volvió a salir airoso luego de haberse comprometido personalmente en un asunto que parecía sobrarle a la investidura presidencial.
No fueron pocos los dardos que la oposición le disparó a Kirchner porque "se ocupaba del precio del papel higiénico y el jabón de tocador", pero ahora Kirchner vuelve a cosechar los frutos de esa estrategia.
Pero no sólo la estadística oficial trae buenos augurios: según datos de Fedecámaras, en febrero las ventas minoristas crecieron un 15 por ciento.
Hace varios meses que la Argentina llama la atención del mundillo financiero y empresario.
No sólo porque el país logró dejar atrás lo más duro de la crisis con una rapidez que sorprende, sino porque todo indica que el crecimiento tiene cuerda para rato, apuntalado por una coyuntura internacional que promete seguir demandando alimentos.
De tener un sistema financiero quebrado, el país ahora cuenta con una red de bancos dispuesta a prestar y con muy buena liquidez.
A tal punto que el Banco Hipotecario, donde el Estado tiene la mayoría accionaria, acaba de anunciar créditos para la vivienda a 20 años de plazo, en cuotas fijas y en pesos.
Tal vez por el empuje que muestran los indicadores económicos, el gobierno busca cerrar algunas cuestiones pendientes.
En esa lógica se inscribe el avance de acuerdos con las privatizadas, la mayoría de las cuales renunció a sus demandas ante el tribunal CIADI, del Banco Mundial, a cambio de ajustes tarifarios a mediano plazo.
Este lunes, Telecom suscribirá un convenio con el gobierno para dar por terminada la etapa del litigio y acordar una renegociación del contrato que fue muy trabajosa pero parece haber llegado a buen puerto.
Como otro reflejo del buen humor económico, la actividad de la construcción atraviesa un momento excepcional, con crecimiento récord en los permisos para edificar. Esto despierta el interés de los grandes jugadores del rubro inmobiliario a nivel mundial, como es el caso de Caldwell Banker, que la semana próxima anunciará un desembarco en la Argentina que promete traer cola.
El secretario de Industria, Miguel Peirano, cada vez con mejor sintonía con Kirchner, le viene presentando datos muy favorables en materia de proyectos industriales para este 2006.
Hacia allí apunta todos los cañones el gobierno, porque el incremento de la inversión real es la variable clave para sostener el crecimiento de la economía.
Tal vez en ese punto radique el punto más flojo de la administración Kirchner de cara a la comunidad empresaria.
El gobierno aún no logró convencer a los inversores de que la Argentina mantendrá las mismas reglas de juego en el largo plazo.
Aún persiste cierta desconfianza sobre lo que sectores empresarios consideran "demasiada ideologización" en el discurso presidencial, que siempre contribuye a espantar capitales.
Lo puso en blanco sobre negro el gerente general de Laboratorios Pierre Fabre, Luc Ottavioli.
"Hubo tres años de crecimiento fuerte en la economía argentina, que se fue recuperando de momentos difíciles. Pero falta un poco para que se consolide el crecimiento y que se dé un mensaje amistoso hacia los inversores", dijo el representante de ese laboratorio europeo con una presencia cada vez mayor en la Argentina.
Señaló con todas las letras lo que buena parte del empresariado está pensando pero no se anima a decir en voz alta: "Se necesita una señal muy fuerte y sólida de que el país es previsible, que la economía tiene consistencia y proyección duradera, para atraer capitales fuertes".
¿Sabrá Kirchner cómo dar ese paso?



