Mucho antes del final del siglo XIX ya se habían efectuado investigaciones sobre la tracción eléctrica para trenes.
Los comienzos fueron tímidos, pero la aparición de la máquina eléctrica de vía angosta creada por Siemens hizo dar el salto hacia ese nuevo tipo de tracción.
La máquina se presentó en las exposiciones de Berlín, de Bruselas, y de París. Hoy se la considera como la primera locomotora eléctrica del mundo.
En Francia se experimentó con una máquina híbrida construida con una caldera y un motor a vapor alimentado por 8 motores eléctricos. Esa máquina alcanzó una velocidad de 180 KM / H.
Pero la exclusividad en el descubrimiento no la tuvo Europa. En Estados Unidos se hicieron algunas investigaciones aprovechadas luego por los franceses.
La tracción eléctrica balbuceó durante muchos años y fue necesario esperar el nacimiento del siglo XX para que se instalara en países de Europa.
Los años 20 quedaron marcados por un importante desarrollo de la tracción eléctrica, cuando aún estaba en apogeo la tracción a vapor.
La tracción eléctrica fue ganando terreno en Suiza, Austria, España e Italia. Se fueron poniendo en servicio distintos tipos de máquinas que estuvieron en servicio muchos años en explotación comercial.
Hay que destacar la robustez de esos materiales, muy superados hoy día, pero capaces de resolver las necesidades de la época.
Las locomotoras eléctricas estuvieron destinadas fundamentalmente a los trenes de grandes líneas pero también fueron utilizadas para realizar maniobras.
Un gran número de máquinas interesantes tanto a nivel técnico como estético, se salvaron de la destrucción y muchas de ellas han hallado refugio en museos, otras pueden estar arrastrando algún tren nostálgico o han ido a parar al cuidado de aficionados.
Recién terminada la segunda guerra mundial la tracción eléctrica pasa a ocupar un sitio preponderante.
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