Buenos Aires (Especial para NA, por Pepe Eliaschev) -- Imperturbable en apariencia, el Gobierno prefiere seguir recorriendo un camino trazado que le reporta ganancias políticas evidentes. Tanto en la temática de precios y salarios, como en lo tocante al diferendo con Uruguay, se reiteran metodologías y actitudes.
Son escasos los antecedentes de una época como ésta, tan fuertemente caracterizada por una ostensible desatención pública a las cuestiones llamadas "institucionales".
La sociedad se manifiesta entre apática y recelosa a esas cuestiones, mientras el país recorre un sendero conómico muy influido por los éxitos producidos por el contexto internacional.
El sector financiero sigue produciendo buenos pronósticos para el país. La noche de este viernes, por ejemplo, el Banco Río (filial argentina del poderoso grupo español Santander) ajustó al alza su estimación de superávit primario de la Argentina, elevándola a los 22.400 millones de pesos, arriba de los 21.000 millones que habían pronosticado en febrero. ¿Qué significa esta cifra? Equivale al 3.5 por ciento del PBI proyectado de la Argentina.
¿Y por qué Banco Río "retoca" para arriba su previsión? Se sustenta en la hipótesis de una economía que crecerá, al menos, un siete por ciento en 2006, "porcentaje mayor a nuestra estimación previa del 6.5 por ciento anual".
El informe Río-Santander subraya que el Gobierno disfruta de amplia holgura fiscal: la carga de intereses de la deuda pública es menor al 50 por ciento del superávit proyectado. La calcula en aproximadamente el 1.5 por ciento del PBI.
El vigoroso repunte del sector financiero impulsa fuerte revitalización de los bancos como intermediarios del mismo. Los depósitos totales del sistema financiero (privados, públicos y del sector externo) alcanzan 140.000 millones de pesos: crecieron 18 por ciento de marzo de 2005 a marzo de 2006, naturalmente menos que el 28 por ciento que habían trepado el ciclo anual anterior, de todos modos un ascenso notable.
La gente pone cada vez más plata en los bancos. También el crédito total creció: suma 74.600 millones de pesos, trepada del 17 por ciento de marzo a marzo, contra el 13 por ciento en el ciclo anual precedente.
Sin embargo, mientras la banca privada pinta un cuadro tan optimista y alude a fuerte suba en la oferta de dinero, en Washington el director del Departamento de América latina del Fondo Monetario Internacional, Anoop Singh, le hizo saber a la ministra Felisa Miceli, que, además de los acuerdos de precios, el gobierno argentino debe aumentar la tasa de interés.
El presidente Néstor Kirchner había criticado la visión del FMI, pero el organismo recomendó nuevamente más medidas para combatir la inflación. Para el Fondo, el aumento del costo de la vida en la Argentina sólo será controlado con ajuste fiscal y monetario, aunque es cierto que no condena el control de precios con que se maneja el presidente Kirchner.
Singh admite que Kirchner quiere reducir expectativas inflacionarias con controles de precios, pero "lo que es clave para nosotros es que junto con esas políticas, tiene que haber políticas macroeconómicas de apoyo a la reducción de la inflación".
Para el FMI, Kirchner debería permitir una apreciación del peso argentino, mayor superávit fiscal que el previsto y mayores tasas de interés. El FMI asegura que el Banco Central argentino incrementó menos los intereses que sus pares de México y Brasil y subraya que, de hecho, las tasas de interés reales -descontada la inflación- de la Argentina "han sido negativas", es decir, menores que el alza de los precios.
Kirchner quiere conseguir alto superávit primario, "mucho mayor que el que habíamos discutido hace unos años", admite el FMI. Y le envía señal cariñosa a la Casa Rosada: "no hay duda del compromiso y el deseo del Gobierno para reducir la inflación".
En Washington pronostican para la Argentina aumento de la inflación hasta 2007. En 2006, dicen, la A Argentina tendrá inflación del 12,9 por ciento, contra 9,6 por ciento de 2005. Para 2007, año de elecciones presidenciales, afirman, la inflación será del 15 por ciento.
El Fondo pronostica que el crecimiento de la economía argentina caerá en 2007 a solo el cuatro por ciento, frente al 7,3 por ciento pronosticado para este año y 9,2 por ciento de 2005, una evidente reducción del ritmo de la actividad.
De modo que mientras la economía sigue produciendo, al menos hasta la reelección de Kirchner en 2007, escenarios muy reconfortantes para el Gobierno, en el espinoso contencioso con Uruguay las noticias para la Argentina son malas.
Un comunicado oficial de la Cancillería uruguaya aseguró que Brasil y Paraguay están de acuerdo con el pedido de Montevideo para que el Tribunal de Resolución de Controversias del Mercosur analice el conflicto bilateral con Argentina.
Según el Gobierno uruguayo, tanto desde Brasil como desde Paraguay recibió apoyo para la solicitud del gobierno del presidente Tabaré Vásquez para llevar el conflicto por las fábricas productores de pasta de celulosa al ámbito del Mercosur.
Paraguayos y brasileños expresaron su apoyo a la iniciativa de Uruguay. Por eso, Uruguay manifiesta "preocupación" por la "falta de respuesta" de la presidencia temporal del Mercosur, actualmente ejercida por Carlos Chacho Álvarez como mandatario de Kirchner, a su pedido para citar al Tribunal de Resolución de Controversias para analizar el áspero conflicto.
Kirchner trata de que el problema con Uruguay siga siendo considerado algo entre ambos países, pero Vázquez ha optado por encuadrarse en el Mercosur.
Las malas noticias se acumularon cuando el comisario europeo de Comercio sostuvo que la empresa finesa Botnia es "víctima inocente" del conflicto de Uruguay con la Argentina". El euro funcionario advirtió que el litigio podría terminar abortando futuras inversiones en ambos países.
Como comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, admitió al diario "Helsingin Sanomat" haberle dicho a Kirchner que la compañía Botnia "tiene la mejor reputación posible, y que no utiliza dobles estándares para sus inversiones según se realicen en Europa o fuera de Europa".
Resultado directo de una situación que la Argentina no ha sabido, podido o querido manejar, la ministra finesa de Comercio Exterior, Paula Lehtomaki, canceló su visita a Buenos Aires, arreglada para la semana próxima, por "no sentirse bienvenida" en Argentina, según dijo en un comunicado.
Para Finlandia la disputa entre Argentina y Uruguay es un tema bilateral que deben resolver ambos países, y la construcción de las plantas de pasta de celulosa es una iniciativa privada en la que el Gobierno finés no puede inmiscuirse.
En no pocos, pero todavía muy callados sectores gravitantes de la Argentina crece, entretanto, la preocupación ante las maneras de ejercer el poder que exhibe el actual gobierno. Piensan que el Presidente engorda conflictos y produce choques estériles, pero sin embargo conquista apoyos populares y podría tentarse de consolidar un poder individual de características antidemocráticas, con escasa o nula preocupación por la idea de que nadie es dueño eterno del poder.
En amargo y durísimo editorial, la tradicional revista "Criterio", puntualiza, por ejemplo, que "sorprenden los procedimientos elegidos en muchos acontecimientos sociales y políticos de trascendencia en los últimos meses" y enumera el manejo político del conflicto con Uruguay, donde el Gobierno "no supo o no quiso transitar las mediaciones institucionales necesarias", tras permitir cortes de puentes internacionales; tratar fuera de sede y de manera pública lo que debía hacerse a través de la acción diplomática; y más tarde esforzarse por poner paños fríos en el ánimo caldeado de los manifestantes ambientalistas de Gualeguaychú".
Otro núcleo de virulenta conflictividad fue el ya silenciado conflicto en Santa Cruz, donde un gobernador renunció ante el desembarco de la Casa Rosada, fenómeno que exhibe desinterés y hasta despotismo, además de muy débil lealtad al sistema federal argentino, estrategia para amasar poder que se vale de operadores todo-terreno, dependientes de la Casa Rosada, con oposición ninguneada y cooptada.
Hay, pues, evidente indiferencia civil y sensación de recuperación económica. ¿Es todo igual, entonces? Cuánto le cuesta a la Argentina mirar para otro lado, mientras el Presidente está en todas partes y los bancos dicen que el crecimiento es formidable?
Hoy, eso no cuesta casi nada, pero mañana puede ser costoso y pasado mañana puede ser impagable. Cuando no se puede pagar sobreviene la quiebra.
pepebis@arnet.com.ar, www.pepeeliaschev.com.



