Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) –- Aunque para los fotógrafos posaron sonrientes y mostraron un cuadro de unidad, el clima que sobrevoló la cumbre de cuatro presidentes –entre ellos Néstor Kirchner- realizada en Puerto Iguazú, reveló que los mandatarios tuvieron que actuar casi como
bomberos corriendo a apagar un incendio. Y lo que es peor, los hechos están demostrando que los focos aparecen por todos lados.
No hay que quedarse sólo con lo que ocurrió en estos últimos días cerca de las Cataratas del Iguazú para tratar de pulsar la realidad por la que atraviesan los países de la región: se debe
incluir también el paso del presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, por Washington, donde se reunió con George Bush, y la presentación que finalmente hizo la Argentina ante el Tribunal Internacional de La Haya, denunciando a Uruguay por la crisis de las papeleras. Y por qué no, lo que sucederá en Europa la semana que viene.
Cada uno de esos episodios, con sus notas particulares, conforma un todo que le otorgan a la situación política regional un grado tal de volatilidad que es difícil prever los pasos futuros.
En lo que hace al encuentro de los cuatro presidentes (Kirchner, el brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva, el venezolano Hugo Chávez y el boliviano Evo Morales), hay que reconocer que se esforzaron por dar una imagen de unidad por encima de los conflictos y los tironeos.
Hacia Puerto Iguazú llegaron casi enfrentados Lula y Evo Morales, días después de que el presidente boliviano anunciara –cumpliendo con una promesa hecha en la campaña electoral- que había decidido nacionalizar los hidrocarburos.
Ese fue un golpe duro de asimilar para Brasil porque la estatal Petrobras tiene hundidas las raíces en las reservas del Altiplano, y ahora con las nuevas reglas de juego tendrá que renegociar contratos. Y además porque el anuncio del gobierno de Morales en el sentido de que aumentará los valores a los que exporta el gas a Brasil y a la Argentina sacudió los cimientos del gigante, que se alimenta en más de un 60 por ciento del total con gas proveniente de Bolivia.
En fuentes de la delegación argentina que estuvo presente en Puerto Iguazú había una sensación coincidente con lo dicho en voz baja por algunos funcionarios brasileños: creen que la decisión de Evo Morales estuvo motorizada y apoyada en cada paso por el venezolano Chávez, cada vez con más ambiciones de poner sus pies en el sur de América latina.
En público, los presidentes eligieron irse de Puerto Iguazú con un mensaje de unidad. Y dejando la sensación de que se esforzarán por poner a la región por delante de conflictos bilaterales. ¿Será una expresión de deseos o una realidad? Por ejemplo, dijeron que todos estaban de acuerdo en la necesidad de "preservar y garantizar el abastecimiento de gas" en toda la región y que la discusión por los precios (que Bolivia quiere aumentarle a Argentina y Brasil) debe darse "en un marco racional y equitativo".
Kirchner, de hecho, estuvo medido y ante una consulta puntual sobre la decisión del gobierno de Morales respondió: "Respetamos y saludamos la decisión tomada por el pueblo boliviano".
También allí Bolivia fue invitada formalmente a participar en la construcción del gasoducto del sur, un ambicioso proyecto impulsado por Chávez.
Pero no todo se jugó frente a las Cataratas. En los Estados Unidos, Vázquez tuvo su preciada reunión a solas con Bush y al término del encuentro dejó la sensación de que habían avanzado un par de casilleros en la posibilidad (buscada por Uruguay) de sellar un futuro Tratado de Libre Comercio entre ambas naciones.
"Hemos conversado sobre la necesidad de ampliar, aumentar e intensificar el comercio internacional", señaló el presidente uruguayo al salir de la entrevista con Bush. Y anticipó que en octubre se reunirá en Montevideo una comisión con representantes de ambos países que tendrá la misión de trabajar sobre ese tema. Bush, a su vez, coincidió en señalar que habían conversado sobre la "ampliación de la relación comercial" y dijo que el Presidente de Uruguay había mencionado algo que le resultó particularmente interesante: "las fuentes de energía renovable".
Todo esto no dejó dudas acerca del camino emprendido por el gobierno de Vázquez: explorar cada una de las posibilidades de acrecentar la relación comercial con Estados Unidos e incluso llegar en un futuro cercano a la firma de un TLC con Washington. Eso, como ya fue dicho, no dejaría otra alternativa que la salida de Uruguay del Mercosur.
Y en paralelo, mientras Kirchner se reunía con sus colegas de Brasil, Bolivia y Venezuela –y Tabaré salía de la Casa Blanca- el Gobierno presentaba ante la Corte Internacional de La Haya la demanda contra Uruguay por las papeleras que se construyen en Fray Bentos.
En uno de los párrafos de la presentación, el Gobierno –después de aclarar que pedía una medida cautelar para que se detengan las obras de las empresas Botnia y ENCE- afirmó que la construcción de las papeleras, "en las condiciones actuales, agravará de manera significativa su impacto perjudicial sobre el plano económico y social. Asimismo, sumirá a la población de Gualeguaychú y sus alrededores en la incertidumbre respecto de sus condiciones de vida, su medio ambiente, su salud, sus actividades profesionales, su economía, su derecho al esparcimiento en su ámbito de vida inmediato, constituido por el río, entre otras consecuencias perjudiciales".
Y añadió que Uruguay "está obligado a cesar su conducta ilícita y a respetar escrupulosamente en el futuro las obligaciones que le incumben; y a reparar integralmente el perjuicio causado por el incumplimiento de las obligaciones que le incumben".
Tal vez algo paradójico es que los presidentes Kirchner y Tabaré, tan alejados hoy en día, tengan que confluir la semana próxima -desde el jueves- en un encuentro cara a cara. Será en Viena, Austria, en el marco de una cumbre de jefes de Estado de América latina y el Caribe, por un lado, y la Unión Europea, por el otro. Kirchner ya tiene todo listo para asistir.
Algo paradójico, más allá de la presencia en un mismo lugar de Kirchner y Vázquez, será que en ese encuentro los europeos intentarán tomarle el pulso a los pocos avances que se registran en la búsqueda de un acuerdo comercial Unión Europea-Mercosur.
Pero vale preguntarse: ¿Sobre qué Mercosur indagarán? ¿Sobre uno que muestre casi con un pie afuera a Uruguay? ¿Sobre uno que acepta a Venezuela en su pretensión de entrar como socio pleno? Seguramente desde el Viejo Continente estarán intentando entender estas paradojas.



