El Tribunal Oral Nº 2 de nuestra ciudad condenó ayer a un hombre a doce años de prisión al encontrarlo culpable del abuso de dos menores, hecho ocurrido en nuestra ciudad en febrero de 2004.
El imputado Juan Antonio Cabaña, de unos 47 años de edad, fue hallado penalmente responsable del delito de abuso sexual perpetrado mediante violencia y amenazas, en concurso real con abuso sexual agravado por haber existido acceso carnal. Para los magistrados esto además estuvo agravado por haberse constituido un sometimiento doblemente ultrajante de las victimas y una "promoción de la corrupción de menores agravada por haber sido mediante violencia y amenazas".
El fallo condenatorio de los integrantes del Tribunal (las doctoras Liliana Dalsasso -presidenta-, Elena Barcena y el doctor Daniel Ropolo) se dio de manera unánime en base al propio testimonio de una de las menores y de los peritos intervinientes que comprobaron el abuso. Solo la doctora Barcena votó en disidencia con respecto al tiempo de la condena ya que a su entender debía dársele al imputado 10 años y no 12, que fue la pena a la que finalmente se lo condenó. La fiscal de Juicio, la doctora Cecilia Tallón, había pedido también 12 años.
Cabaña, domiciliado en Zárate, fue detenido mientras cometía el abuso sobre las dos menores.
Como ocurrió el hecho
De acuerdo a lo que quedó probado para el Tribunal el hecho se produjo de la siguiente manera: El 17 de febrero de 2004 siendo alrededor de las 11,00 horas, un sujeto de sexo masculino obligó mediante amenazas de muerte a dos menores, de trece y diez años de edad respectivamente, a ascender al automotor que conducía marca Renault Fuego, dominio RLM-059, mientras aquéllas mendigaban por la calle Roca. Tras recorrer distintos lugares, el conductor se dirigió a la Ruta Panamericana deteniendo la marcha a la altura del km. 64 donde estacionó el rodado a una distancia de quince metros de la cinta asfáltica, descendiendo y obligando a las niñas a hacer lo mismo, para internarse entre los pastizales.
Una vez allí, las obligó -siempre mediante amenazas- a quitarse las prendas para exhibirles una revista pornográfica titulada "Pirate" que el agresor había llevado consigo, junto a dos consoladores de fabricación casera de madera con la forma de un pene que se hallaban lubricados con gel u otra sustancia similar al igual que un envase de protector labial, tres preservativos marca Tulipán, un recipiente conteniendo vaselina, un pomo de crema desinflamante y un repelente de insectos, todos elementos que se encontraban en el interior de una bolsa que al descender dejó en el auto.
Luego, el abusador hizo que se acostaran y comenzó a tocar las partes púdicas de la chica de 13 años, introduciendo sus dedos en los genitales de la menor.
Después, comenzó a manosear a la otra menor en todo su cuerpo a la vez que la obligó a practicarle sexo oral, para continuar luego realizando la misma práctica que con su hermana.
Mientras llevaba a cabo estas prácticas sobre cada una de las menores, el malviviente obligaba a la otra a observar la escena. El sometimiento se prolongó hasta que efectivos pertenecientes a la Gendarmería Nacional que recorrían en un móvil la zona lo sorprendieron en plena actividad, momento en el que el sujeto les manifestó que había conducido a las niñas a ese lugar "por unas monedas".



