Para dar vida a sus criaturas imaginarias, el artista ha de poner su cuerpo hasta fundirse con su propia obra. Cuando llegue el momento, se desprenderá de ellas, pero habrá un duelo, doloroso y necesario, él sabe que lo que hace tiene el destin de darse y que lo será en tanto sea ofrecido.
Cuando el escritor en este caso, esta dando su libro, nos está ofreciendo una parte de si mismo, lo hace con pudor, con una sinceridad que conmueve, busca ser acogido, refugiado, como su libro en el cuenco de nuestras manos. El sentimiento es de tal fragilidad que solo lo sostiene la confianza del respeto y el amor que ha puesto a sus creaciones.
Muchas veces nuestra desvencijada caparazón no alcanza a contener la libertad con que las hemos creado, sus poderosas fuerzas vitales, se escapan sin mesura, porque no estan acostumbradas a los rigidos asientos de las ceremonias se escapan como hijos rebeldes en casa ajena, porque es asi, alli esta la maravillosa jugarreta de las artes, se rien de todo, siguen con la edad de nuestros primeros intentos, con los balbuceos de nuestra infancia, las queremos volver sensatas y formales, pero ellas esperan su momento de hacer de nosotros lo que ellas quieran, asi como lo hace mi amigo, Oscar, el mago, cuando se encierra en su torre solo con los astros de la noche, dejandolas en absoluta libertad, sin perjuicios, sin tabues.
Lo escuchamos maravillados augurar nuevas obras, el nacimiento de otras y estan al salir del horno otras mas, es increible este artista mago, alquimista, que sigue caminando con pasos recien nacidos los mundos imaginarios de su literatura y ...en libertad.
Nora Bucare.



