En esta carrera de la evolución humana las cosas pasan y cambian con una marcha aplastante, renovadora y hasta revolucionaria. Es ahí cuando damos cosas por superadas. He ahí mi error.
Reconozco que soy una persona que ha crecido rodeada de mujeres fuertes, independientes con el poder de sobrevivir más allá de la sombra de un hombre, pero a la vez concientes y hasta justificadoras del mundo machista que las ha rodeado durante su vida. Esta fórmula quizás es la culpable de mi vehemencia a la hora de hablar de los derechos de la mujer, aunque no me considero feminista. Los extremos son malos y no conducen más que ha círculos viciosos.
Pero también hay que reconocer que el feminismo encuentra su posibilidad de ser, en la lucha contra aquello que no lo valida. No es más que un objeto de su negación, por ello su presencia no hace más que afirmar la condición de existencia del machismo.
La cuestión es, que más allá de definiciones y análisis filosóficos, yo creía que el machismo era algo arcaico y pasado de moda. Que seguía existiendo, sí, pero desde un lugar más inofensivo. Quiero decir, conozco colegas, tengo amigos con los cuales solemos pelearnos medio en serio y medio en broma sobre sus machistas expresiones diarias o hacia sus mujeres. También consiente de que el machismo de ellos es producto de una legitimización de sus madres que los hicieron machistas y sus esposas que los siguen validando, y hasta crean nuevos proyectos de machistas en sus hijos que con pocos años ya dicen cosas como: "cocinar es de mujeres"…
El que existan asociaciones civiles, comisiones directivas de clubes, cooperativas, fundaciones, locales, nacionales y hasta internacionales donde los puestos decisivos sean exclusividad de hombres, muchas veces me han provocado una mueca, que fácilmente deshice con justificaciones culturales, históricas y demás.
Está bien, lo reconozco, no hay mejor ciego que el que no quiere ver, en los casos que anteceden es un machismo agazapado pero no inocente.
Usted se preguntará: "¿Y entonces?". Entonces, mi shock tuvo lugar cuando estando en una reunión en la cual participábamos un hombre y yo, el interlocutor se dirigía exclusivamente al otro. Pensé que era una cuestión de confianza. Pasó el tiempo y la persona en cuestión ni siquiera me daba mensajes, hasta la mayor nimiedad era y es trasmitida directamente al hombre o nada. Hasta llegó al colmo de hablar de mí, ante mi presencia con su par del mismo sexo, como si yo no estuviera presente. Estas escenas repetidas hasta el día de hoy provocaron en mí, desde risa hasta enojo. Luego tuve que asumir que todavía esa clase de machismo circula campante y peligrosamente entre nosotros. Porque más allá de un cuestión de género en estas actitudes se reafirma la impotencia e inseguridad que posee el que esgrime su supuesta superioridad desde un lugar tan anacrónico como el machismo. Por lo cual, quedamos a merced de decisiones arbitrarias, pacatas y que no hacen más que mostrar una larga hilacha de sinrazones y prejuicios. Todo esto con consecuencias que exceden al género y se extiende a la sociedad misma.
El machismo, es un modo particular de concebir el rol masculino basado en el mito de la superioridad de los hombres por sobre las mujeres y en la autoridad que "por derecho propio" tiene sobre ellas.
En fin, el monstruo no se ha ido y depende de nosotros no permitir que avance. Y no se trata de mujeres contra hombres. Ni de la igualdad absoluta. Los hombres y las mujeres son distintos y esas diferencias deben respetarse. Solo se pretende que ambos mejoren, evolucionen y se alegren por la dignidad del otro.
¿Será tan difícil mirarse a los ojos y encontrar a otro ser humano, tan perfecto e imperfecto como uno?



