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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 21/may/2006 de La Auténtica Defensa.

CARA O CECA
Obstáculos
Lic. Patricia Katz - Lic. Sebastián Terrizzano




Otra vez tenemos que agradecerle a Mercedes por compartir este cuento con nosotros, y a través de caraoceca lo compartimos con ustedes: Cuentan que hace mucho tiempo, un rey colocó una serie de rocas diseminadas a lo largo de un camino, obstaculizando de este modo el acceso al reino.

Luego se escondió, esperando a ver si llegaba alguien que las de quitara. Por descontado que un hecho así no respondía a un mero capricho del rey...

A lo largo de todo el día, fueron llegando a aquel lugar, algunos de los comerciantes más adinerados y varios cortesanos del reino.

Algunos sacaron las primeras rocas, pero al ir avanzando e ir encontrándose con otras más grandes y pesadas, colocadas en medio del camino, prefirieron buscar otro camino más cómodo para entrar en el reino pero eso sí, muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados.

El rey constante en su propósito, iba colocando una vez tras otra aquellas rocas más o menos en el mismo lugar del que habían sido apartadas, esperando la llegada del siguiente viajero...

Hacia el atardecer llegó hasta allí, un hombre sencillo que llevaba sobre sus hombros un bulto que por las dimensiones que tenía debía de ser bastante pesado. Regresaba al reino con poco dinero en las alforjas. Al aproximarse a la primera roca, dejó su carga en el suelo, y trató de moverla a fin de apartarla a un lado del camino. Después de intentarlo durante un largo rato agotado por el esfuerzo, finalmente pudo lograrlo. Continuó su camino y fue haciendo lo mismo con cada una de las rocas que iba encontrando y ni las más grandes le hicieron desistir de su empeño. Su meta era llegar al reino...y en eso tenía puesto todo su corazón. Sabía que ese era el mejor cámino y que si seguía por él no se perdería...

Cuando hubo sacado la última roca y mientras recogía su carga para ponerla nuevamente sobre sus hombros, vio, justo en el lugar en el que ésta había estado, una cartera, y al abrirla, vio, con profunda sorpresa, que contenía muchas monedas de oro, una por cada una de las rocas que había apartado y entre ellas encontró una nota escrita de puño y letra por el mismo rey en la que se indicaba que, aquellas monedas eran para la persona que habiendo superado todos los obstáculos que el había puesto a lo largo del camino, la hubiera encontrado y que dicha persona sería recibida por él mismo en su castillo, fuera la hora que fuere que llegase al reino, para entrar a formar parte del circulo de sus colaboradores mas próximos, independientemente de su categoría social, de su condición económica o de su cultura y que el mismo le haría entrega de un gran regalo.

Cuando este hombre sencillo empezó su regreso hacia el reino del cual había salido y del cual por tanto era ciudadano, apenas si llevaba pocas monedas en su alforja, al llegar a su destino su alforja estaba a rebosar e iba a ser recibido y premiado por su rey...

¿Como actuamos ante las piedras grandes y pequeñas que encontramos a lo largo de nuestra vida? ¿Actuamos como los cortesanos y comerciantes, o como este sencillo viajero?.

Lic. Patricia Katz  - Lic. Sebastián Terrizzano

Para consultas y comentarios escribir a caraoceca@hotmail.com  


 
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