Buenos Aires (Especial de NA, por Mariano Spezzapria) -- Esta vez las grietas en el oficialismo no fueron provocadas por las duras críticas de la oposición a los denominados "superpoderes", sino por las dudas que generó en el propio kirchnerismo un proyecto que la mayoría de los juristas considera en el límite de la inconstitucionalidad.
Tanto es así que muchos senadores oficialistas pegaron el faltazo -con diversas excusas- a la reunión de la comisión de Presupuesto y Hacienda que debía iniciar el debate sobre las controvertidas facultades delegadas.
La derivación de esa actitud no señala un dato político menor: el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, justamente el funcionario que reclama gozar de los "superpoderes", quedóobligado a ser el primero en dar la cara ante el Congreso (y por ende ante la sociedad) para defender la iniciativa.
Pero ni aún así se tranquilizaron los nervios kirchneristas. Esta mañana la comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado volvió a quedar raleada y el jefe del bloque oficialista, Miguel Angel Pichetto, debió convocar a una reunión de urgencia cuando el jefe de Gabinete ya se encontraba en la Cámara alta.
Finalmente, el oficialismo logró firmar el dictamen a favor de la iniciativa de la Casa Rosada, aunque con más de una discusión elevada de tono a puertas cerradas.
En la vereda de enfrente, la que transita la oposición, tampoco hubo tranquilidad: es que en esta oportunidad no lograron reunirse (como pasó con la reforma del Consejo de la Magistratura) para articular una resistencia política ante la avanzada del Poder Ejecutivo.
El principal escollo lo puso Elisa Carrió. La líder del ARI olfateó que la movida que se preparaba detrás del rechazo opositor a los "superpoderes" tenía estrecha vinculación con la candidatura en ciernes de Roberto Lavagna. Y fue tajante en su negativa: "no voy a blanquear un candidato", enfatizó. Mucho menos arisco se mostró el líder de centroderecha Mauricio Macri, tal vez a sabiendas de que en su propia tropa hay más de uno que no vería mal que se concrete una alianza con Lavagna de cara a las presidenciales de 2007.
Los que están embarcados en un rechazo rotundo a los "superpoderes" son los radicales pro Lavagna -no así los radicales K- y los peronistas disidentes del grupo "El General", que suelen decir que no tienen nada que ver con Eduardo Duhaldepero que hablan con él mucho más de lo que admiten.
De hecho, "Chiche" Duhalde dijo que el Gobierno quiere los "superpoderes" para meter mano en las arcas públicas ante la campaña presidencial que tendrá lugar el año próximo.
En este escenario, el Gobierno decidió apurar el tratamiento del proyecto para quedar expuesto la menor cantidad de tiempo posible ante la sociedad. Y se sabe que cuando la Casa Rosada impone el disciplinamiento, sus iniciativas prosperan velozmente en el Congreso.
La discusión, más que económica -en el sentido técnico del manejo de un Presupuesto- es política. Se trata de si el Poder Ejecutivo puede utilizar a discreción los fondos públicos más allá de lo que aprobó el Congreso. Y de si ese dinero beneficia a los aliados políticos del Gobierno.
Eso es lo que denuncian los radicales liderados por Roberto Iglesias. Y señalan a gobernadores e intendentes radicales que tienen buena sintonía con la Casa Rosada. Del otro lado argumentan que el apoyo de la administración kirchnerista es fundamental para tener una buena gestión.
Cinco de los seis gobernadores radicales ya estuvieron con Kirchner y afinan una estrategia electoral conjunta para 2007.
Y mañana el jefe de Gabinete Fernández recibirá en la Casa Rosada a casi 70 intendentes de todo el país, la mayoría de ellos de origen radical.
Esos mismos intendentes se reunirán más tarde con el secretario de Obras Públicas, José López.
El Gobierno otorga mucha importancia a los jefes comunales en su estrategia política, a tal punto que el presidente Kirchner instruyó a Julio Pereyra (Florencio Varela) y Alberto Descalzo (Ituzaingó) para que conformen una "liga de alcaldes" desde la estructura de la Federación Argentina de Municipios.
Para más pruebas, el jefe de Estado llevó a Venezuela -donde profundizó su alianza estratégica con Hugo Chávez- al intendente radical Daniel Katz, y a otro jefe comunal (Gustavo Posse) le ofreció una candidatura a vicegobernador de Buenos Aires, aunque el referente de San Isidro desistió.



