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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 12/jul/2006 de La Auténtica Defensa.

El corrimiento de Carrió y el fin del "que se vayan todos"
por Daniel Casal




Buenos Aires (Especial para NA, por Daniel Casal) -- El paso al costado que dio Elisa Carrió en su propio partido, no en la candidatura presidencial, puede ser un claro signo del fin de una era: aquella del "que se vayan todos" y el proclamado y nunca concretado ocaso de los partidos tradicionales.

La figura de la dirigente chaqueña creció al amparo de un sistema político en crisis en un país que se quemaba en la hoguera del modelo económico.

Esa situación dramática dio paso a voces contestarias y al accionar de cientos de organizaciones sociales que pasaron a ocupar los espacios que dejaban libres los partidos políticos.

Muchos valoraron el viraje ético que propuso Carrió, pero su discurso resultó en general inentendible para gran parte de la sociedad como para que los apoyos se tradujeran en votos.

La llegada del gobierno de Néstor Kirchner le restó potenciales adherentes del espacio progresista y la sociedad dio clara muestras de fatiga ante los discursos de trinchera.

Ahora, que las propias filas del ARI fuerzan un corrimiento de Carrió con el fin de captar más voluntades políticas, que Kirchner se apoyó en cuestionadas estructuras partidarias, y que el duhaldismo y la UCR se unen para impulsar a Roberto Lavagna, da la sensación que nada ha cambiado.

El sistema de partidos tradicionales ha salido airoso y se va eclipsando el accionar de las organizaciones sociales que nacieron como respuesta a la crisis.

Nuevas muestras de los vicios de la vieja política quedaron de manifiesto en el Congreso cuando se avanzó otra vez en un proyecto para otorgar "superpoderes" a la Jefatura de Gabinete.

Mientras tanto, algunos hombres del Gobierno dan sigilosos pasos con el fin de adelantar el reloj electoral y aconsejan a Kirchner que defina el futuro candidato a Presidente antes de que termine este año.

Son aquellos que sueñan con un adelantamiento de las elecciones ante el temor que octubre de 2007 quede demasiado lejos frente a un horizonte económico con algunas nubes, aunque sin pronósticos de grandes tormentas.

Es que la turbulencia financiera internacional y las cada vez más arduas negociaciones para mantener los precios en caja hacen presumir un año con crecimiento, pero no del todo sencillo.

Por estas horas no son pocos los empresarios que advierten que esta política de control de precios no puede tener largo aliento.

Claro que son aquellos que pujan por la autorización de nuevos incrementos y son sacados poco menos que de "patitas en la calle" por el secretario de Comercio, Guillermo Moreno.

Para aquellos estrategas políticos, el adelantamiento del reloj electoral despejará rápido las dudas y evitará mayores roces de campaña que pueden complicar el cuadro.

Ellos opinan, aunque su voz no es aún del todo fuerte, que debe decidirse con cierta rapidez si el candidato por el Frente para la Victoria será pingüino o pingüina.

El presidente Kirchner ya dijo en varias oportunidades, y lo ha repetido con énfasis en el reciente viaje a Venezuela, que no quiere hablar durante este año de candidaturas.

Hasta ha expresado la palabra "cansancio" por estos devaneos que se mueven en su cercanía.

Y, en ese marco, le ha dicho al gobernador Felipe Solá que desensille hasta que aclare en su decidida campaña para reformular la Constitución que le permita seguir en el cargo.

Mientras tanto, el ex ministro Roberto Lavagna decidió tomar una prudente distancia por un par de semanas, tiempo en el que estará de conferencista en Europa.

De esta manera, se postergó aquella idea de que el economista iba a decidir su candidatura luego del Mundial de Fútbol de Alemania, fecha que siempre sonó realmente caprichosa.

Al parecer, algo se ha enfriado en torno a esta posibilidad en los últimos días, ya que sus impulsores poco han hablado del tema.

Fue, quizás, ese avance arrollador que demostró el Presidente en pos de su pretendida concertación.

Es que no fue escasa su cosecha: cinco gobernadores radicales expresaron algún voto de fe hacia el Gobierno y luego hubo un desfile de intendentes que se empujaban para salir en la foto con el jefe de Estado.

Para colmo, les habló de su intención de conformar una denominada "Liga de Alcaldes" para tener una vía directa de diálogo.

Esta idea fue defendida con entusiasmo por el intendente de Florencia Varela, Julio Pereyra, titular, a su vez, de la Federación Argentina de Municipios (FAM).

Esta "Liga" le quitaría algún peso específico a los gobernadores, en especial a los díscolos con el Gobierno, y le permitiría al poder central una "línea más directa con la gente", según dicen los defensores del proyecto.

Ese paso a pie firme quedó también claramente en evidencia con los "superpoderes" que conseguirá en el Congreso, como la han hecho en los últimos tiempos los recientes gobiernos, invocando intereses superiores del Estado.

Pero, en realidad, esos superpoderes tiene cierto destino de dejar libre el camino para redistribuir partidas cuando se necesiten para un año electoral, como el próximo.

Entonces, con un bordado político amplio y el financiamiento necesario, será muy difícil detener el tren oficialista que marcha hacia las urnas.

Y todo esto es lo que debe elucubrar hoy Lavagna durante su paso académico por el viejo continente.

La idea, dicen en el entorno del economista, es que sea realmente el Presidente el que se presente en la contienda electoral y que sirva hacer un buen papel en la elección.

Esperar, luego, la oportunidad definitiva dentro de cuatro años, cuando se haya producido el lógico desgaste del segundo mandato.

Bajo esta línea de análisis, si es Cristina la postulante puede quedar grabado el apellido Kirchner por una década en la Rosada.

De todos modos, este escenario tiene gusto a poco para un ex ministro con vocación real de poder, sin perfil de "sparring" para la pelea de fondo.

Los que no descartan la opción "Cristina Presidente" estuvieron de para bienes en los últimos días porque la primera dama abandonó el perfil bajo que se había impuesto.

Fue para defender los "superpoderes" para el Gobierno, a pesar que había sido la abanderada de las críticas para proyectos similares debatidos en el pasado, y, de paso, para cuestionar al periodismo.

Ya, a esta altura, se debe pensar que los reiterados ataques a los periodistas obedece a que la prensa es que el único resorte de poder real que el Gobierno no puede controlar.

Por otra parte, el Presidente se encontraba exultante tras su viaje a Venezuela, país en donde se lo consideró como el gran aliado estratégico del proyecto de Hugo Chávez.

Ese viaje significó para Kirchner la definición de un rumbo que debe desembocar en un Mercosur consolidado, con un banco regional, instituciones comunes, y, porque no en el mediano o largo plazo, una moneda regional.

El proyecto integrador, acrecentado ahora por la incorporación de Venezuela como socio pleno, no es menor si se tiene en cuenta la extensión de la geografía del mercado común, los bienes naturales, la riqueza energética y la fuerza de trabajo.

Hubo conversaciones en Caracas de avanzar en un banco del Mercosur, como el que tiene la Unión Europea, que actuaría como prestamista de última instancia.

Toda una decisión del Gobierno que apuesta al desarrollo del bloque regional en contra de los que advierten que el acercamiento con Venezuela puede espantar inversiones, como le gusta decir, por ejemplo a Mauricio Macri.

Este estrechamiento de lazos entre Argentina, Brasil y Venezuela deja en una posición incómoda a países como Uruguay, Perú y Paraguay que se inclinan por acuerdos bilaterales con los Estados Unidos, pero que no podrán obviar a un Mercosur fuerte.

Si es que realmente ahora hay intenciones serias de convertirlo en una locomotora que traccione el tren de los países miembro.

La verdadera proyección de futuro podrán quedar reflejada en la reunión del Mercosur que se realizará en Córdoba la otra semana.

Estos encuentros sirvieron también para acercar posiciones entre Argentina y Uruguay, tras el enfrentamiento increíble que provocó la construcción de las pasteras sobre la costa del Río Uruguay.

De uno al otro lado de la orilla se coincide que el inminente fallo de la corte de La Haya casi seguro beneficiará a Uruguay, ya que no habrá media cautelar que pare las obras.

Entonces, quedará para los dos presidentes que no haya vencedores ni vencidos al final de este camino, y todos se arregle a través del diálogo político y las señales claras de los dos pueblos entrelazados por un destino común.


 
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