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La educación en Argentina, ha sufrido vaivenes que lejos de enriquecerla la han sumido en un torpe andar cuesta abajo.
Muchos estamos orgullosos de haber estudiado en escuelas estatales, y aunque recibirse en la UBA, aún hoy, conlleva un prestigio que pocas universidades han conseguido, el problema evoluciona en los estadíos básicos y medios.
Los síntomas fueron apareciendo progresivamente pero nadie les hizo caso, simplemente paños fríos y soluciones faraónicamente huecas como la ley Federal de Educación, que no solo hizo desaparecer a la escuela técnica; sino también provoco un colapso estructural, en las escuelas escasas de aulas para el nuevo régimen.
Pasaron los años y vemos que el problema no fue solo de organización y estructura, sino que estimuló la creación de un educación que no educa, que nivela para abajo y que aprueba y egresa jóvenes que no saben ni la mitad de los conceptos necesarios. Situación que provoca el fracaso reiterado y consecuente de los alumnos a la hora de ingresar a la universidad, mantener el ritmo de estudio y entender conceptos. Es simple, ¿como puede estudiar un chico que no puede leer de corrido?
A la vista queda esta realidad cuando se saben los resultados de los exámenes de ingreso a las facultades; cuando el 50% de los alumnos que comienzan en el CBC, abandonan en el primer cuatrimestre y cuando muchos jóvenes empiezan a circular por diferentes carreras, porque buscan la explicación de sus fracasos pensando que eligieron mal, cuando en realidad, carecen de los conocimientos mínimos para poder entender lo que pretenden estudiar.
En medio del sistema están los maestros y profesores. Aquellos que buscan la excelencia a pesar de todo y los otros que se adaptaron a la mediocridad por conveniencia o desinterés. El problema es que hasta los directivos han entrado en este círculo. ¿Los motivos? No sé, creo que ameritarían un análisis e investigación más profundos. Pero lo cierto es que una profesora que planifica para la educación real y concienzuda de sus alumnos es hoy, acosada y maltratada. Se le ordena que cambie la planificación y que apruebe a todos sin importan que hayan asistido a clase o no. Esta misma profesora, ha sido insultada (con palabras soeces) por una alumna y ante su denuncia a la dirección, la respuesta es que "ella habría provocado a la alumna".
Si habláramos de una escuela privada, diríamos que el interés esta puesto en mantener al alumno, y en particular al padre que paga la cuota, contentos. ¿Pero en los establecimientos estatales cual es la explicación?
Esto no termina aquí, de hecho esta denuncia que ha llegado a mí, es solo la representante de otras tantas. Maestros y profesores que hoy deben concurrir a psicólogos, o padecen enfermedades provocadas por el stress laboral.
Existe la Ley provincial 13168, de violencia laboral. Apelar a sus artículos debería ser una excepción, pero parece que deberá ser la regla para poner coto a tanto descontrol ético y moral, del cual ya no puede culparse solo a los malos gobiernos interesados en un pueblo ignorante, sino también a cada uno de los actores que permiten ser envenados por este mal. Continuará…



