En un pequeño pueblo, como todas las tardes, grupos de niños, después de regresar del colegio, se dirigian hacia una arboleda cercana a su casa, para jugar a la sombra del único árbol, tan diferente como especial para ellos.
Era robusto, digno de admiración; sus ramas desparejas e infantiles, parecían manos rozando el pasto, invitando a sus amiguitos a trepar sobre ellas, para disfrutar mágicamente, momentos de diversión con él.
Pero para un señor, ese árbol era feo, porque había crecido en el medio de una arboleda compuesta por finas, altas y extravagantes especies.
Grande fue la sorpresa que se llevaron los niños una de esas tardes, al encontrarse con su árbol amigo invadido por pajaritos revoloteando sobre él, como guardianes, protegiéndolo.
Estaba parado sobre sus raíces que sobresalián en la tierra El señor que no lo quería, dispuesto a cortarlo con un hacha.
Al instante los niños rodearon al árbol, tomándose de las manos y uno de ellos le dijo:- ¿Por qué lo quiere dañar? El señor le contestó: - ¡ Es el único árbol diferente entre una bella arboleda y por ser tan añoso se ve más feo aún!-
El niño lo miró tiernamente y le dijo: - ¡ Usted, es un adulto, completamente diferente a nosotros y no por eso lo consideramos añoso y feo!-
El hombre asombrado ante semejante reflexión, recapacitó sobre la mala acción que estaba a punto de cometer, como consecuencia de sus malos pensamientos y luego les pidió perdón.
Los niños se sintieron muy felices y las ramas del árbol de la niñez, comenzaron a danzar al compás del cómplice viento, como expresión de gratitud hacia sus protectores.
" Sólo la persona que se acerca a un ser especial, conoce la magia que conserva en su corazón".
La autora es alumna de Periodismo y Comunicación del Taller Escuela Mariano Moreno (TEMM).



