Buenos Aires (especial para NA por Pepe Eliaschev) -- El problema con los grandes triunfos políticos es que, una vez consumados, los victoriosos se quedan con menos argumentos que antes para dar cuenta de sus falencias.
El gobierno de Néstor Kirchner acaba de anotarse lo que, en desnudos términos de poder, es un logro descomunal. Se ha munido de una mega herramienta para gobernar con la mayordiscrecionalidad ejecutiva que el país conoció desde el 10 de diciembre de 1983.
No se trata de una mera escaramuza triunfal: en apenas una quincena, la tenacidad indoblegable del Presidente le deparó no solo los superpoderes presupuestarios que hasta ahora solo se podían arrancársele al Congreso por la vía de normas transitorias y renovables y ahora se han convertido en ley permanente, sino que además consiguió una "reglamentación" de los decretos de necesidad y urgencia que supone, de hecho, su segura vigencia sin límites. Con lo dispuesto por el oficialismo en el Congreso, solo un terremoto político puede derribar un DNU.
Ahora, con el acelerador a fondo por la autopista pavimentada por una displicente mayoría, las autoridades se pueden manejar con una discrecionalidad total en las modificaciones del destino de los gastos. El argumento central del oficialismo giró sobre dos conceptos, de los que no pudo zafar nunca: (a) esto se hacía antes, ¿por qué no nos dejan a nosotros hacerlo? y (b) hasta ahora, con superpoderes temporarios, cambiamos un ínfimo porcentaje de las asignaciones, ¿por qué ahora abusaríamos de la normas?
Son, como se advierte, argumentaciones anoréxicas. Lo que hasta ahora existió en democracia fueron normas con vencimiento fijo, que debían ser ratificadas o anuladas por el Congreso, mientras que lo que caracteriza a una ley es, precisamente, su condición de duradera, no eterna claro, pero es una legislación promulgada para tener extensa vigencia.
El segundo alegato es casi teológico: créannos porque siempre fuimos buenos, ¿por qué dejaríamos de serlo ahora?
La máquina funcionó, pues, en un Congreso donde los alineamientos en el marco de la defensa del Ejecutivo fueron de conmovedora lealtad.
Allí estaban los que hoy forman parte del oficialismo y provienen de un pasado teóricamente contrapuesto, junto a los más encendidos jacobinos del kirchnerismo de signo ideológico nominalmente más "progresista", cada uno con sus razones, sus causas, sus intereses, sus racionalizaciones.
Entre los 135 votos que le dieron superpoderes al Presidente, están Barrionuevo y Remo Carlotto, Ruckauf y Bielsa, Díaz Bancalari y Borocotó, Atanasoff y Vaca Narvaja, todo un despliegue de realismo crudo. Porque, ¿cómo se explican estas coincidencias en una votación trascendente cuando los disciplinados aparentan responder a historias y tradiciones tan diversas?
¿La magia del peronismo? Sí, pero -además- funciona el musculoso accionar de una gestión que sabe acomodar apetencias ideológicas diversas sin renunciar a ningún rasgo singular. Ya se lo explicó Kirchner a George W. Bush al tener su primera entrevista, el 23 de julio de 2003.
En esa ocasión, Bush dijo: "Me cae muy bien este muchacho Lula, aunque los medios dicen que él es de izquierda y yo soy de derecha". La respuesta de Kirchner fue: "Yo no tengo ese problema, porque soy peronista y me puedo entender con los dos". Tras esa definición, Bush concluyó: "Claro, usted es de centro".
En verdad, corresponde admitir que si el Gobierno se maneja con mentalidad pragmática, sus proyectos marchan de manera exitosa, ya que bloquea enemigos, acerca rivales y neutraliza desafíos.
Lo hace con una practicidad fenomenal, aun cuando ciertas decisiones gruesas impliquen dejar de lado aquellos discursos más duros que en los primeros años de gestión exhibían en la Casa Rosada una intención renovadora implacable. En este aspecto, dos cuestiones merecen atención detallada. Cuando se fue configurando el elenco de los "indeseables" que formaban parte esencial de los enemigos paradigmáticos de Kirchner, el apellido Macri ocupaba la posición predilecta, casi un sinónimo de la patria contratista y de los negocios más repudiables de la época.
Esa estigmatización también sirvió para que Mauricio Macri, el hijo de Francisco, resultara impugnado políticamente, al ser definido como un seguidor acrítico de lo hecho por su padre. En las elecciones de 2005, por ejemplo, el oficialismo porteño, encarnado por Rafael Bielsa, se manejaba con esta foto: Macri Menem = neoliberalismo = años 90 = corrupción.
Ahora cambia el libreto. La secretaría de Transporte ya divulgó que el Grupo Macri, asociado con la corporación china Sanhe Hope Full, operará el ramal ferroviario Belgrano Cargas, que tiene una extensión de 10.000 kilómetros.
Las condiciones del negocio son llamativas: el Estado pagará los casi 1.500 sueldos mensuales del emprendimiento y el consorcio Macri/Sanhe recibirá más de siete millones de dólares mensuales, de los cuales US$ 1.300.000 son para pagar impuestos y el resto para financiar la operación del ferrocarril.
Macri y los chinos no están solos en el negocio: el acuerdo, definido como el operador Ricardo Jaime, como "mucho más democrático", incluye a otras firmas (Emepa y Roggio), los gremios ferroviarios y el aporte pintoresco de los camioneros, el sindicato de Hugo y Pablo Moyano.
También merece mención la denuncia formulada (y hasta ahora no desmentida) por Omar Husain Hallar, presidente del bloque de la Unión Cívica Radical en la legislatura de Santa Cruz. El diputado asegura que sólo fueron repatriados 125,4 millones de dólares del total de 552 millones en esa moneda que Kirchner envió al exterior siendo gobernador de ese distrito.
El 1 de agosto de 2005, ya en la pelea por las elecciones de octubre, Kirchner había asegurado que había ordenado repatriar esos 552 millones de dólares que la provincia mantenía depositados en el exterior desde 1993.
Se ha cumplido un año del anuncio y esos fondos aún siguen fuera de la Argentina, invertidos en bonos dentro de un fideicomiso, a nombre del Banco de Santa Cruz: a mayo último, 405 millones de dólares están en Suiza, en una cuenta en el Credit Suisse, y sólo 125,4 millones volvieron a la Argentina, a una cuenta en la Caja de Valores SA.
"Los fondos no vinieron a la Argentina. Tampoco son fondos, sino bonos. Durante todo el año pasado, el grueso siguió en el Credit Suisse, en Suiza", explicó Hallar en declaraciones periodísticas.
Esos fondos de Santa Cruz girados al exterior explican la renuncia del ahora ex gobernador provincial Sergio Acevedo, que se fue el 15 de marzo último, a instancias del gobierno nacional.
El 1 de agosto de 2005, Acevedo puso su firma al decreto provincial 2052, disponiendo el traslado de US$ 552 millones a la Argentina. Luego, Kirchner se unió a ese anuncio de Acevedo.
Pero ya pasó un año y la plata sigue en Suiza. Sólo 38,5 millones se colocaron en un fideicomiso para financiar la planta de Petroquímica Comodoro Rivadavia, en Pico Truncado. Un informe oficial asegura que Acevedo derivó, además, 119,1 millones, en bonos, a la cuenta comitente número 106 en Caja de Valores SA, en la Argentina. La Caja custodia todos los títulos públicos del país. Además, Santa Cruz retenía otros US$ 395 millones, en bonos, en la cuenta N° 0835-860194-3 en el Banco Credit Suisse, en Suiza.
Ese fideicomiso no parece tener nada que ver con lo que el Presidente prometió en agosto de 2005, cuando dijo que el dinero de Santa Cruz volvería al país. Para los expertos, ese fideicomiso sugiere que el Gobierno lo quiere dejar en el exterior. El diputado radical puntualiza que en el contrato de fideicomiso hay 530 millones de dólares, todos en bonos.
"En efectivo no hay un peso", subraya Hallar, como si estuviera "congelado en el extranjero": vender esos bonos antes de su madurez implica una quita de valor importante.
La repatriación del dinero colocado en Suiza es complicada: son títulos a largo plazo del Tesoro norteamericano y el decreto 1222 estipula que deben depositarse en bancos de máxima seguridad, con calificación de riesgo AAA, como los de EE.UU. o Suiza, entre otros países.
"Durante diez años, hasta 2003, no sabemos dónde estuvo la plata. Sólo desde que asumió Acevedo se sabe que está en el Credit Suisse", agregó Hallar.
Así las cosas, y en vista de cómo se van dando la situación en la Argentina, la noción principal que parece resaltar en el pensamiento y en la acción de un gobierno que con tánta decisión maneja la cosa pública, es la relacionada con esa inflexible voluntad de unificar el mando, ser extremadamente versátil con las definiciones ideológicas, siempre en función de las necesidades del momento y, sobre todo, no responder a las preguntas que no tienen respuesta satisfactoria.
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