Ayer sábado 26 de agosto se celebró en nuestro país, el Día Nacional de la Solidaridad. Este día fue establecido en Argentina en homenaje a la Madre Teresa de Calcuta, una monja católica de la etnia albanesa que nació el 26 de agosto de 1910. Agnes Gonxha Bojaxhiu, era su verdadero nombre, realizó una trascendental tarea humanitaria por todo el mundo. Comenzó curando enfermos y amparando a los huérfanos y hambrientos de las calles de Calcuta (India). En 1949, fundó la de las Misioneras de la Caridad, cuyos miembros además de cumplir con los votos de pobreza, castidad y obediencia, deben servir a los pobres. La madre Teresa recibió el Premio Nobel de la Paz en 1979 y murió en 1997.
¿Qué significa ser solidarios? Significa compartir la carga de los demás. Ningún hombre es una isla. Estamos unidos, incluso cuando no somos conscientes de esa unidad. Nos une el paisaje, nos unen la carne y la sangre, nos unen el trabajo y la lengua que hablamos. Sin embargo, no siempre nos damos cuenta de esos vínculos. Cuando nace la solidaridad se despierta la conciencia, y aparecen entonces el lenguaje y la palabra. En ese instante sale a la luz todo lo que antes estaba escondido. Lo que nos une se hace visible para todos. Y entonces el hombre carga sus espaldas con el peso del otro. La solidaridad habla, llama, grita, afronta el sacrificio. Entonces la carga del prójimo se hace a menudo más grande que la nuestra.
La humanidad ha contado y cuenta con muchas personas, que como la Madre Teresa, han hecho de la solidaridad un modo de vida o una razón de ser. O al menos, intentan practicarla de vez en cuando para aportar ese grano de arena que tanto representa a la hora de mejorar la vida de una persona y por lo tanto, la de todos. La solidaridad no solo se circunscribe a los seres humanos, también se aplica a los animales, el medio ambiente, etc.
La solidaridad debe ser verdadera, tangible, cierta. Debe ser activa, perseverante, constante. La solidaridad, en el compromiso del hombre y de la mujer, es un servicio a aquellos cuyas vidas y destinos están ligados estrechamente entre sí. La solidaridad es entrega y, por tanto, diametralmente opuesta al deseo egoísta, que impide el verdadero desarrollo.
Por eso hemos dicho: la solidaridad es unión, mientras que el egoísmo es aislamiento. La solidaridad favorece el desarrollo; el egoísmo, la pobreza. La solidaridad aprovecha los bienes, los distribuye, los comparte, los multiplica; el egoísmo, los corrompe, los hace estériles, los pervierte para hacer de los bienes plataformas de podredumbre, de riquezas desbordantes de inutilidad y vergüenza.
Apostemos a la solidaridad y descubriremos que no solo el mundo sino nuestra vida se verán enriquecidos y será mucho mejor. Porque lo que se da con generosidad vuelve de miles y mejores maneras. Para completar nuestro corazón y darle razones al alma.



