Buenos Aires, (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal) -- La Unión Cívica Radical nació al calor de las luchas sociales del final del siglo XIX y de los ideales de una política de otros tiempos.
Ese fragor forzó quiebres históricos en el partido, como el de Yrigoyen y Alvear, separados por el ideario popular de uno y el conservador del otro.
Ya en los 40 muchos se fueron con Juan Perón por considerar que representaba sus principios fundacionales y otros integraron la Unión Democrática que se juntó para derrocar al líder justicialista.
Esa división dio paso luego a la UCR del Pueblo y la Intransigente que separó aguas por mucho tiempo.
Tuvo su hora de gloria cuando fue elegido para encarar el proceso de restauración democrática en 1983 y colapsó -junto con el país- en 2001 con ese híbrido de UCR que encarnaba Fernando de la Rúa.
Ahora, cuando todavía el partido debatía la manera de salir de la peor de la crisis, sobreviene la amenaza concreta de otra fractura que lo puede condenar a mayores años de ostracismo.
Quizá es la propia dinámica de la crisis interna de ese partido la que lleva a promover en cada una de las orillas la candidatura de un justicialista.
Los "radicales K" -como se lo llama casi eufemísticamente a los que siguen a Kirchner- aseguran que el Presidente los representa en su edificio de ideas, pero detrás de ello está la imperiosa necesidad de garantizar la gobernabilidad en sus respectivas comarcas.
Es decir que como telón de fondo de este alineamiento se encuentra el sistema de premios y castigos de la coparticpación que, en mayor o menor medida ya siente todos los distritos por el concepto de "caja única" que maneja el Gobierno.
Como prueba de ello se puede mencionar que todos los "radicales K" gobiernan en algún punto de la geografía del país y necesitan ese "puente de plata" con la Rosada.
En igual estado de anemia política se encuentran los "prolavagnistas", aunque en la Convención de Rosario varios se encargaron de aclarar que aún no se está detrás de una candidatura.
En el Teatro de Luz y Fuerza de Rosario cayó mal esa maniobra de Lavagna de aparecer un día antes con referentes duhaldistas, en mangas de camisa y cantando la marcha peronista.
Se asemejó a una puesta en escena del ex ministro para despegarse de un supuesto padrinazgo radical de su candidatura.
Voceros lavagnistas aseguran que el objetivo es avanzar en una "concertación real" que se opongan a "la concentración de poder de Kirchner".
Pero, en rigor de verdad, aún no queda claro el camino definido y mucho menos el tiempo que se tomará para lanzarse a la arena electoral.
Es que no quiere estar en campaña durante quince meses para evitar su desgaste prematuro, según dicen en su entorno, cada vez de mayor tamaño.
Aunque tampoco pude pasar por alto el dato que ninguna encuesta lo ubica en una plataforma de lanzamiento aceptable como para catapultarlo con ciertas chances hacia octubre de 2007.
Quizá piensa que los puntos vulnerables del gobierno son tan importantes como para que gran parte del electoral reoriente su voto.
Para el ex ministro, la inflación reprimida es el mayor problema actual y también considera que el Gobierno no puede sembrar el campo de las inversiones que necesita el país para garantizar el crecimiento sostenido de la economía.
Para él, esta carencia de inversiones se notará más temprano que tarde en el sector de la energía.
Sobre estos ejes pivoteará la campaña del ex ministro, pero siempre tratando de preservar los logros económicos de este gobierno que comenzaron durante su gestión.
Ante esto, Kirchner decidió no salir a responder golpe a golpe luego de ver encuestas que demostraban que la imagen de su adversario subía en cada confrontación.
Es más, en la Casa Rosada, aseguran que Kirchner no tendrá una actitud agresiva y que su mejor propaganda serán los actos de gobierno.
Es así que no se podrá descartar para los tiempos por venir más medidas de beneficio popular, como las anunciadas en las últimas dos semanas de aumentos salariales, de jubilaciones y para flexibilizar los créditos para la vivienda.
Los voceros oficiales aseguran que, más allá de esto, jamás se abandonará la política de superávit fiscal como base de todo el diseño económico.
Habrá sí, entonces, redistribuciones de partidas ya que algunas de largo plazo serán reemplazadas por otras de efecto más inmediato y visibles para la gente.
En el resto del mapa politico se ven también nubes que confusión.
Mauricio Macri y Ricardo López Murphy participarán de la marcha de Juan Carlos Blumberg a la Plaza de Mayo junto con Raúl Castells y Luis Patti.
El reclamo de seguridad es unánime en la sociedad, pero el problema empieza cuando sobre el tema se montan objetivos políticos difusos.
El profundo dolor que siempre provocan los hechos de violencia apagan los intentos de debatir seriamente la problemática de la inseguridad.
¿O es acaso una verdad revelada que la solución pasa por el endurecimiento de leyes? La historia se empecina en desmentir esta teoría, y como ejemplo se puede mencionar el fracaso de la propuesta "de tolerencia cero" en la provincia de Buenos Aires de hace pocos años.
Por su lado, Elisa Carrió sigue a paso cansino su campaña, aliviada tras sacarse la presión cotidiana que le demandaba su partido y sin inmutarse por si repite el famoso 10 por ciento de la agrupaciones que no pueden dar un salto de crecimiento.
Carrió y López Murphy son dos de los tantos dirigentes que emigraron de la UCR en los últimos tiempos desde que el viejo partido de Leandro Alem perdiera el rumbo y bastante antes de que quedara atrapado en la maquinaria "K".



