Buenos Aires (Especial para NA, por Daniel Casal) -- El persistente autismo del Gobierno tuvo una frontera demasiado cercana que se dibujó en la mitad de la Plaza de Mayo, a metros de la Casa Rosada, con el acto que encabezó Juan Carlos Blumberg en reclamo de mayor seguridad.
Se pueden analizar los verdaderos motivos que llevaron al ingeniero a concretar semejante acto de signo claramente opositor al Gobierno, pero es estéril tapar con la mano el temor social por los casos de violencia que se extienden ya en gran parte de la geografía argentina.
Es que la gente sabe o percibe, más allá de sus simpatías y odios a Blumberg, que hay amplios bolsones de corrupción que alcanzan a políticos, jueces y fuerzas de seguridad, que en muchos casos conviven con la delincuencia.
También que no hay acciones claras para atacar este flagelo y evitar "la colombización" de la Argentina con violencia sin tregua como se dan en las metropólis.
Es como que no se termina de entender que un tema de esta naturaleza necesita de políticas de Estado con consensos amplios y generales entre todos los sectores.
¿O acaso una concertación sólo debe ser vista como una unión de partidos políticos con fines de exclusiva incumbencia electoral?
Sin embargo, el jueves pasado, las autoridades prefirieron ponerle trabas al acto o sencillamente ignorarlo, algo que potenció la concurrencia a la plaza.
Es decir que fue el propío Gobierno el que puso a Blumberg en la primera línea de la escena política nacional que, al final, contó con adhesiones que la mayoría de los políticos desearía.
Resultó hasta pueril negarse a recibir el petitorio con los reclamos y la indiferencia sonó a darle espalda a un tema que desgarra a la sociedad.
Hasta el propio presidente Néstor Kirchner debió pagar una impensada factura cuando su nombre precedió a una estridente reprobación de buena parte de la concurrencia al acto.
Hubo algunas "trampitas" por parte del ingeniero, dignas de un político en campaña, como nombrar al Presidente sabiendo cual iba a ser la respuesta de la gente y luego pedir respeto para las autoridades.
Como así también llamar diez minutos antes del acto a funcionarios del Gobierno para luego decir que nunca fue atendido.
Previamente, fue a la Catedral Metropolitana, a la misa en contra del aborto, con el objetivo de forzar una foto con el cardenal Jorge Bergoglio, quien prevenido de la jugada le cerró la puerta en la cara cuando Blumberg lo persiguió para saludarlo.
Tampoco puede pasar inadvertida la intencionalidad de proyección politica del padre de Axel si utiliza como blanco preferido de sus criticas a Felipe Solá y su ministro de Seguridad, León Arslanian, en un momento en que se le menciona como posible candidato en la provincia de Buenos Aires.
Casi como de campaña, instó a sus seguidores a torcer la realidad con el voto.
No hay que olvidar que está siendo coqueteado por el PRO de Mauricio Macri para presentarlo como candidato a gobernador bonaerense.
Este posible entendimiento político le pondría un nuevo límite a las aspiraciones presidenciales del ex ministro Roberto Lavagna, ya que podría tender a radicalizar las preferencias del electorado de centro-derecha.
Esto derivaría en una polarización del electorado en las elecciones del año próximo que dejaría al ex ministro en un incómodo lugar del centro en el mapa de las ideologías.
Un dato curioso es que hace un par de meses la imagen de Blumberg había ingresado en un cono de sombra, según lo demostraba su cada más vez escaso poder de convocatoria, y dos casos de violencia extrema no típicos de la inseguridad lo pusieron de nuevo en órbita.
El de Matías Bragagnolo que murió por una pelea callejera entre chicos de clase acomodada o el de Alfredo Marcenac que cayó muerto cuando paseaba por la avenida Cabildo por una bala que le disparó otro adolescente criado entre armas y locura.
A partir de ello retornó a los primeros lugares de la escena y tuvo en el secretario de Tierras y Vivienda, Luis D´Elía, su involuntario movilizador hacia la plaza.
El problema mayor de los reclamos de Blumberg es que apuntan basicamente a combatir los efectos de la inseguridad y no sus verdaderas causas.
¿O acaso se puede pensar en una reducción de los casos de violencia con una baja en la edad de la imputabilidad de los menores o con el aumento de penas para los detenidos?
Posiblemente, este tipo de medidas tengan el efecto contrario porque una ley básica de la justicia dice que nadie abandona el delito porque haya mayores penas. Es más, el acorralamiento potencia la violencia extrema en cada hecho policial.
Aunque en esta oportunidad, los reclamos del ingeniero fueron algo más extensivos ya que habló de menores en riesgo o de brindar soluciones edilicias a las villas de emergencia.
Esquivó así ese trágico lugar común que utilizan muchos cuando se habla de inseguridad de confundir "pobreza con delincuencia".



