En la madrugada del domingo 11 de septiembre de 2005, la vida de Mirta Labriola y su familia iba a cambiar para siempre. Porque esa noche un grupo indeterminado de sujetos atacaron salvajemente a su hijo, dejándolo abandonado en estado de coma en medio de la esquina de Belgrano y Jean Jaures.
El joven Francisco Eduardo Labriola, Lalo, falleció días después producto de las heridas sufridas esa madrugada. A un año de ocurrido el hecho, su madre y toda su familia siguen reclamando el esclarecimiento del caso.
"La causa está prácticamente paralizada, en este momento estamos tratando de darle un impulso con la ayuda de un abogado de la organización Madres de Dolor, pero la realidad es que no se hizo nada por resolver el hecho, hay muchos nombres pero ningún responsable", explica, llena de dolor, la madre del joven. Ella fue quien ha impulsado la mayor parte de las medidas que se realizaron en la causa, desde pericias planimétricas en el lugar del hecho hasta la búsqueda de testimonios y evidencias fotográficas sobre quienes serías los presuntos autores del hecho. A lo largo de las cientos de fojas que suma la causa, que lleva el número 93560, a cargo de la UFI Nº 6, cuyo titular es el doctor Alejandro Irigoyen, aparecen muchos testimonios que dan nombres de muchos jóvenes que podrían haber participado de la feroz golpiza, pero ninguno de ellos fue imputado formalmente ni aparece realmente vinculado al caso. "Nosotros tuvimos que pedir las pericias, buscar los testimonios, hacer de investigadores, y eso no es así, los que realmente deberían haberlo hecho no lo hicieron bien y hoy los asesinos de mi hijo siguen en la calle, disfrutando de la vida, algo que Lalo, ya no podrá hacer", asegura la madre, quien trata de dar las respuestas que puede a sus tres pequeños nietos, hijos de Lalo, quienes aún se preguntan como murió su padre.
"Yo le pido a la gente que sabe lo que pasó esa noche que hable que diga la verdad de lo que sucedió, en la calle se reían de nosotros cuando hicimos una marcha, la gente no toma conciencia, no se compromete, Ojala alguno de los que participaron del hecho tengan el suficiente remordimiento para quebrarse y contar la verdad", aseguró Florencia una de las hermanas del joven asesinado. Pero además del dolor y la impotencia del caso, la familia Labriola ha debido sufrir también amenazas e intimidaciones, de parte de esas "personas que aparecen mencionadas en la causa y que siguen impunes". "Nos siguieron, nos pusieron una camioneta en la puerta día y noche, nos intimidaron de todas las formas posibles, para que dejáramos de investigar".
Según la familia todavía en la investigación faltan testimonios claves, faltas datos muy importantes que no saben si se reunirán. "Nadie se preocupa por se trata del hijo de un albañil, por eso se ha hecho todo lo posible para tapar todo esto", afirman.
Por el momento la justicia esta lejos de ser una realidad en esta causa, donde los interrogantes le ganan a las certezas.



