Buenos Aires (Especial para NA, por Daniel Casal) -- La política argentina comenzó a transitar por un territorio pantanoso, acercándose a la preocupante frontera de la intolerancia.
Otra vez aparecieron las voces amenazantes que hicieron recordar los comienzos de épocas oscuras cuando la violencia de un signo daba paso a violencia de otro.
Los que concurrieron a Plaza San Martín pretenden una amnistia general para los procesados por los crímenes de la dictadura.
Tratan una vez más de esquivar los dictados de la justicia bajo el paraguas argumental de que lo sucedido en los ´70 fue unaguerra y así deben ser tratados cada uno de los casos.
Como reclaman una solución política fueron cuidadosos en el acto de no castigar con dureza al Presidente, aunque por lo bajo es el centro de todas los odios por haber impulsado la derogación de las leyes de obediencia debida y punto final.
Piden memoria completa, pero durante los siete años de la dictadura se castigó con metodologías nunca vistas por esta tierras a los que pensaban de otra manera.
En este marco, suenan escalofriantes las palabras del ex presidente Reynaldo Bignone de instar a los jóvenes a concluircon la tarea que los militares no pudieron finalizar.
De la otra vereda, la desaparición de Jorge Julio López puso en estado de ebullición a mucha militancia que ve en este caso un mensaje claro al poder constitucional.
A todo esto, López no aparece y cada día que pasa se torna más incierto el destino del albañil.
De cualquier forma en que termine este caso dejará costos políticos concretos.
El más golpeado puede ser el gobernador Felipe Solá, quien no solamente corre riesgo de pagar la mayor parte del costo político sino también porque tuvo que desensillar de su objetivo de reelección.
A medida que pasa el tiempo sin que se resuelva el tema López
Solá verá estrechado su margen de maniobra.
Ante esto, Kirchner practica en Buenos Aires la tarea de sembrar candidatos, como lo hace en la mayoría de los distritos, y le da aire, por ejemplo, a José Pampuro y Aníbal Fernández, y tampoco descarta a Cristina, aunque a la primera dama no le convence la idea de bajar al fango bonaerense.
Como muestra de que Buenos Aires es un hueso duro de roer vale apuntar algo que sucedió estos días. El presidente quería asegurar una concurrencia masiva al acto convocado el viernes por los organismos de derechos humanos para reclamar por la aparición de López.
Para ello habló en forma personal con varios intendentes con el fin que movilicen a su gente, una especialidad para muchos de ellos que acostumbran a fletar decenas de micros.
Pero, en esta oportunidad se pudo ver en Plaza de Mayo a sólo un puñado de enviados de la provincia.
Se sabe que el grueso de ese peronismo siempre hizo cruces frente a los organismos.
Por caso, el intendente de Tres de Febrero, Hugo Curto, suele repetir "los derechos humanos son para todos", como si en la Argentina formaran parte exclusivamente del patrimonio de la izquierda.
Cristina, acostumbrada a las exposiciones académicas, no se ve en el fragor de la lucha con el aparato justicialista bonaerense.
Además, en los últimos días en la Casa Rosada volvieron a aparecer con cierta fuerza los que impulsan la candidatura de Cristina presidente.
Es que ese sector, en el que se enrola el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, considera que la primera dama tiene amplias chances de ganar en primera vuelta la elección del año próximo,
Y en ese marco, para ellos, es innecesario someter al Presidente al lógico desgaste del segundo mandato.
Esta posibilidad volvió a tomar cuerpo luego de pincharse el globo de ensayo de reformar la Constitución para cambiar a seis años el mandato presidencial.
Por estos días no es nada sencillo avanzar en ese tipo de proyectos ante la nacionalizaciòn del conflicto de Misiones por la pretensión del gobernador Carlos Rovira de aprobar la reelección indefinida.
La férrea oposición del cura Joaquín Piña y la defensa cerrada de Kirchner a su gobernador amigo volvió a separar las aguas entre el Estado y la Iglesia, y en este caso más precisamente, entre Kirchner y el cardenal Bergoglio.
Vaya paradoja, Carlos Menem pudo convivir perfectamente durante diez años con una cúpula eclesiástica de tinte conservador y Kirchner se lleva a las patadas con un obispo de ideas progresistas.
Quizás es porque el jefe de Estado abunda en vieja prácticas peronistas, como el afán por concentrar poder o el tono de confrontación con el que discrepa.
Precisamente, estas conductas son las que más hacen recordar al peronismo primigenio, aquel de los años ´40, con serios problemas con la Iglesia, la prensa y la oposición.
Pero, esos tiempos eran otros, ya que por aquellos días el mundo estaba dividido por las ideas fundamentalistas que llevaron a las segunda gran guerra y luego por los dos grandes bloques que surgieron tras la contiendan.
Las sociedades estaban realmente fragmentadas por las ideologías y el abuso de los poderes era una práctica corriente en gran parte del mundo.
Ahora, en cambio, no existe una prensa desestabilizadora, ni una oposición golpeando puertas de cuarteles, ni una Iglesia que pretenda convertir una marcha de Corpus Chirsti en un acto opositor.
Por eso es que desde muchos sectores se le critica al gobierno esa tendencia de ganar enemistades a cada paso.
Sin ir más lejos, en las últimas dos semanas hubo varias presiones y caras largas.
Primero, Julio de Vido instó a la entidades empresarias UIA y AEA a levantar un encuentro convocado para debatir la problemática energética.
Al principio hubo indignación con el Gobierno, pero luego optaron por no confrontar con el ministro y entre las dos partes decidieron formar una comisión que debe formular propuestas para superar la crisis.
También nacieron quejas entre los petroleras por las nuevas disposiciones de regulación, ya que los exportadoras deben garantizar primero el abastecimiento al mercado interno para obtener luego la aprobacion de una venta externa.
El sector frutihortícola tuvo su parte cuando fueron a quejarse con el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, por el control de precios.
Cuando los empresarios estaban esperando al funcionario, éste entró en la sala de reuniones de la Secretaria, puso el maletín sobre la mesa, miró a los empresarios y con voz lacónica les dijo: "señores, acá la cosa es simple, si hay un aumento les pongo más retenciones a las exportaciones".
Tras pronunciar esta frase, Moreno se retiró y los empresarios aceptaron suscribir un acuerdo de estabilidad de precios hasta fin de año.
De las peleas oficiales con diversos sectores, sobre todo con la Iglesia, quiere sacar partido Mauricio Macri, quien la semana que pasó practicamente lanzó su candidatura a presidente.
Lo hizo es un ámbito en el que se siente cómodo, durante la Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) que se realizó en Salta.
Durante el mismo día selló su alianza con el neuquino Jorge Sobisch para que en su momento el candidato a presidente sea el mejor posicionado y el otro acompañe.
Esta validación del acuerdo dejó mal parado a Ricardo López Murphy, enemigo confeso de Sobisch.
Por su lado, buena parte del radicalismo que apoyaba la candidatura de Roberto Lavagna quiere despegarse de esa posibilidad ante la cruda realidad que el ex ministro no levanta en las encuestas.
Con un simple ejercicio intelectual se podría imaginar que estaría pasando ahora si Lavagna ostentaría unos 30 puntos en las encuestas. Habría un desfile de dirigentes políticos detrás del economista.
Pero su indefinición, el techo bajo en la intención de voto, y que esta semana haya emitido sólo señales desde la muy coqueta Biarritz, terminaron de colmar la paciencia del presidente del Comité Nacional de la UCR, Roberto Iglesias.
El dirigente mendocino expresó su hartazgo con el ex ministro y si bien luego dio marcha atrás en su declaraciones dejó flotando la sensación que la alternativa "Lavagna presidente" se encuentra herida de muerte.
A medida que esta pierde fuerza, ganan espacios los denominados "radicales puros" que hoy encabezan Margarita Stolbizer y el mendocino Ernesto Sanz, y hasta Rodolfo Terragno expresó su voluntad de presentarse como candidato a gobernador bonaerense por este fracción.
El ex presidente Raúl Alfonsín admite ahora que el el partido debe presentar un candidato a gobernador propio, más allá del apoyo que le brinda a un extrapartidario para la presidencial del año próximo.
Y la tercera pata del complejo entramado radical la conforman los radicales kirchnerista que abogan por una concertación que respalde el proyecto presidencial, pero conjugada con la difícil tarea de no perder identidad ucerreísta y competir por la jefatura partidaria.
Todos se atribuyen el logro de juntar voluntades entre la dirigencia de la UCR y de varios de los cientos de intendentes que el partido tiene en el país.
Demasiadas divisiones para un partido que viene de la peor de sus crisis y que aspira a reflotar la alternancia en el gobierno nacional.



