Buenos Aires (Especial para NA, por Daniel Casal) -- La dirigencia justicialista se rasga las vestiduras para condenar los actos de violencia en San Vicente, a pesar de que todos saben que es el partido donde anidan los ´huevos de la serpiente.
O acaso es un designio inquebrantable de la Argentina convivir con las fuerzas de choque de los sindicatos y hasta con los ´barrabravas´ del fútbol, convertidos casi en otro factor de poder ante una dirigencia que opta siempre por negociar con ellos.
En los últimos días, los dos grupos extremos tuvieron presencia tanto en la Quinta que pertenecía a Juan Perón como en las agresiones incomprensibles en el Hospital Francés.
La Justicia encargada de analizar los hechos del 17 tiene fotos y videos que darían fe de la presencia de importantes líderes de por lo menos tres hinchadas de clubes de la primera división.
Estos habrían acompañado, por un lado, al jefe de la CGT, Hugo Moyano, y, por otro, al ´Pata´ Medina, líder de los obreros de la construcción de La Plata.
El presidente Néstor Kirchner ve detrás de las balas y los palos de San Vicente la mano negra de Eduardo Duhalde, quien, al parecer, regresa a su territorio a tomar fuerzas para próximas batallas.
Es más, no descarta que la idea sea debilitarlo y acrecentar así las posibidades del ex ministro Roberto Lavagna para las elecciones del año que viene.
Se sabe que entre las primeras espadas de Lavagna se encuentran incondicionales históricos del caudillo bonaerense, como Jorge Sarghini, Eduardo Camaño y Juan José Alvarez.
Pero esa teoria conspirativa no puede servir para quitar el cuerpo a las responsabilidades por la violencia.
Kirchner asumió su gobierno con las promesas de transversalidad y de renovación política que lo llevó a juntar voluntades dispersas.
Pero con el correr del tiempo mutó ese proyecto original para abrazarse a las estructuras históricas del Justicialismo, tanto políticas como sindicales.
En su proyecto de acumulación, que le debe garantizar la reelección, captó gobernadores, intendentes y sindicalistas, incluida la CGT que conduce el hoy cuestionado Moyano.
Es decir que compró un paquete político demasiado completo como para ahora desentenderse de los hechos durante el traslado del líder muerto.
Además, todos conocen los movimientos de los camioneros o del sindicalista de la UOCRA de La Plata "Pata" Medina como para sorprenderse por el escándalo.
Antes del 17 de octubre, el kirchnerismo siguió de cerca los movimientos de Medina, un hombre que apoyó decididamente a Chiche Duhalde en la última elección.
Ya tenía, entonces, un cuadro de situación de lo que podía suceder frente al palco donde al final se desarrolló un esmirriado y apedreado acto.
Luego de él, las autoridades difundieron en forma generosa una negra biografía del ´Pata´, como para responsabilizarlo por la violencia y salvar así la ropa del camionero cegetista.
Es que Kirchner lo apuntalará por un tiempo más como para que siga siendo el dique de contención de los denominados "gordos" en la central obrera.
Moyano ha sido siempre funcional al proyecto oficial, ya que fue quien aceptó imponer el techo del 19 por ciento a todos los aumentos salariales, el nivel considerado aceptable para evitar un destape inflacionario.
"Ahora, todo el mundo a trabajar", se animó a decir tras quedar cerrada esa negociación.
Con el mismo objetivo, el gobierno lo necesitará al frente de la CGT el año que viene en un año electoral con presiones inflacionarias.
A lo sumo, lo apoyará hasta que encuentre el candidato natural y potable para las aspiraciones oficiales.
El martes que viene se realizará el Consejo Directivo para hacer catársis por los del 17, pero no se espera un cataclismo más allá de las peleas entre las fracciones.
Moyano ya había aceptado concurrir a la Conferencia Anual de la Unión Industrial que se realizó en Córdoba para que empresarios y sindicalistas dieran nuevas señales de entendimiento para el año entrante.
Según los cálculos de la central fabril, los ajustes salariales no deberían superar el promedio del 14 por ciento, si se quiere evitar un traslado a precios.
Pero, ante la ´batalla de San Vicente´, las dos partes convinieron en que no era prudente la presencia del sindicalista en la ciudad de Córdoba, donde se desarrollaron los debates.
La central fabril volvió a mostrarse conciliadora con el gobierno, aunque hubo en esta oportundidad dardos algo más envenenados por los acuerdos de precios y los problemas energéticos.
Es que la dirigencia de la UIA comienza a sentir una presión mucho más fuerte de las bases, que le piden a los empresarios una actitud de mayor firmeza ante el Gobierno.
Muchos de los empresarios se quejan también del estilo confrontativo de las autoridades y en especial del secretario de Comercio, Guillermo Moreno.
"Hay muchos empresarios que no lo quieren a Moreno", se sinceró Héctor Méndez, titular de la UIA.
Por ejemplo, los supermercadistas aseguran que casi no pudieron opinar sobre el último acuerdo de precios que selló la estabilidad durante todo el 2007, el año electoral.
También se siente la presión contra las petroleras, a las cuales se las obliga a importar gasoil ante la escasez de combustibles.
Los empresarios de firmas de alimentos y los productores frutihortícolas también sintieron los rigores de Moreno.
La semana que entra será importante también para el gobernadior Felipe Solá, ya que presentará ante la Junta Electoral un escrito con la pregunta si está habiltiado para la reelección.
Espera que un aval de la junta le destrabe el camino y evite así el pantano de una decisión de la Corte que hasta el momento se desentendió del caso.
Las encuentas del oficialismo le dan al gobernador una fuerte intención de voto y muy lejos de ssus inmediatos competidores.
Estos números le podrían servir, a la larga, para lograr al ansiado respaldo del gobierno nacional que Kirchner le retacea porque Felipe no les inspira un mar de confianza.
Es más, cuando puede, le da aire a otros candidatos como el ministro del Interior, Aníbal Fernández, o el senador José Pampuro.
Fue en ese marco que Fernández le endilgó a Solá la ausencia de seguridad en la Quinta de Perón que dejó el campo libre a la violencia.
Solá debe sortear también los interrogantes de la desaparición en su territorio de Jorge Julio López, testigo del juicio que condenó para siempre al represor Etchecolatz.
Sin embargo, el tiempo parece ir desgastando las huellas que pudo haber dejado López y la clase política se sumerge en cuestiones más mundanas sin encontrar las respuesta necesarias ara cerrar, acá sí la, puerta a tragedias similares.
Finalmente, se comenzó a transitar la última semana de campaña electoral en Misiones para la conformación de la Convención Constituyente, convocada por el gobernador Carlos Rovira para forzar la reelección indefinida.
El obispo emérito Joaquín Piña, que encabeza la coalición opositoria, ya marcó la cancha cuando dijo que en esta elección se enfrenta ´el Pueblo contra el gobierno de Misiones´.
Las encuestas favorecen, hasta ahora, al cura y sus seguidores, y una victoria de ellos desalentaría los proyectos hegemónicos en otras provincias.
En tanto que una derrota del oficialismo en esa provincia aliada, forzaría al presidente Kirchner a repensar el mapa político que ya diseñaba para lueg de la presindenciales de octubre de 2007, dentro de exactamente un año.



