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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 07/nov/2006 de La Auténtica Defensa.

CHARLES CHAPLIN Y MARTA CHAILE EN MIS NOSTALGIAS
Por Ismael Garzón




Crónicas Mínimas

El escritor colombiano Gabriel García Márquez sólo escribe en primera persona cuando se lo solicitan y no teniendo en cuenta las sugerencias técnicas en la materia, hoy, salvando las distancias, escribiré sobre un tema que me aproximaron sueños de una vigilia que me lleva a revivir nostalgias de mi vida, en primera persona

Cinéfilo desde mi niñez, cuando el cine mudo inclinó mis preferencias por el genio de Carlitos, en los cines Nuevo, Carlos Gardel y El Porvenir, de Valentín Alsina y barrios de mi Avellaneda natal, puedo asegurar que aún hoy sigo embelesado con cuanta retrospectiva se me ofrece, para disfrutar del histrionismo de Chaplin. No dejo de seguir admirando al compositor, productor y director inglés, que alcanzó fama internacional con sus películas mudas y es considerado uno de los grandes creadores de la historia del cine, al quien muchas veces se refirió el crítico cinematográfico Homero Alsina Thevenet, fallecido el año pasado y mencionado por Eduardo Argá, nuestro hombre especializado en la materia, al hablar de la historia del cine en los Estados Unidos.

Durante esos años de películas cortas, desarrolló paulatinamente el personaje del vagabundo, pasando del estereotipo del payaso travieso a la figura humana y compasiva que calaría en los espectadores de todo el mundo.

Chaplin perfeccionó un estilo personal de interpretación, derivado del payaso de circo y del mimo, combinando la elegancia acrobática, la expresividad del gesto y la elocuencia facial, con un sentido del ritmo impecable. Su creación del pequeño vagabundo Charlot, un símbolo universal de la individualidad indestructible, triunfante contra la adversidad y la persecución, tanto humana como mecánica, le dio fama mundial como comediante y actor dramático. La llegada del sonoro a finales de la década de 1920 no perjudicó la efectividad de su pantomima, de la que dependía en gran parte su creación. Al mismo tiempo, comenzó a manifestar su preocupación por los problemas sociales de su época. Más tarde abandonó el papel del vagabundo para hacer personajes específicos, en una transición que marca El gran dictador, donde ya utiliza plenamente los recursos del sonoro. El enfoque chapliniano combina la sátira y el patetismo melodramático, bajo los que late el amor a la humanidad y a la libertad individual.

A finales de la década de 1940 y principios de la de 1950, Chaplin sufrió la persecución del Comité de Actividades Antiamericanas, por su pensamiento político de izquierdas; abandonó Estados Unidos en 1952 para establecerse en Suiza. En 1972 volvió por un breve periodo de tiempo para recibir varios premios, entre ellos un Oscar honorífico por sus contribuciones a la cinematografía. Murió el día de Navidad de 1977, en Suiza.

También cito en esta crónica a Marta Chaile, a quien tuve la grata ocasión de contarla como discípula en el desaparecido Instituto de Formación Periodística Bartolomé Mitre, en la década del 80, cuando el mismo funcionaba en el local de la Escuela Nº1, junto a otros alumnos. Aún muchos de ellos ejercen como periodistas su vocación, en medios audiovisuales de nuestra región.

Marta comenzó sus inclinaciones por la comunicación social siendo columnista en el diario ´PREGÖN´, en el que como director asumí una de las responsabilidades profesionales de mi vida en la década del ´60, para luego, y por su propia iniciativa incursionar en otros medios, hasta recalar en el programa La Ronda de Nuclear que producíamos y conducíamos por la emisora con sede en Zárate, y posteriormente tener su propio programa de televisión y desempeñarse eficazmente como columnista en mi programa Hoy Día, con muchos años de permanencia en la pantalla del canal 3 de Cablevisión.

Hablo de una ya vasta experiencia como conductora y periodista pero a esta altura de la crónica el lector se preguntará que tiene que ver esta dinámica mujer con Chaplín. Resulta que Marta, al conocer mi vocación por el cine y por la figura del inmortal bufo, para una celebración personal, tuvo la feliz idea de obsequiarme con un muñeco, fiel representación del para mí admirado Carlitos Chaplín.

La figura del genial artista honra mi lugar de trabajo diario, en sector de mis preferencias, no resultando raro que los extraños que arriban al lugar reciban los detalles que hoy enumero en esta crónica, mínima, por cierto. Y entonces se aproxima la figura de Marta, inquieta, solidaria, y dinámica. La periodista, la colega, la buena amiga.

Como epílogo y siempre con referencia a Marta Chaile, parafraseando la cita de Ralph Waldo Emerson (1803-1882), afirmo que "una amiga es una persona con la que yo puedo ser sincero: ante ella puedo pensar en voz alta".


El autor es director del Taller Escuela Mariano Moreno, de Periodismo y Comunicación. Correo electrónico: ismaelgarzon@yahoo.com


 
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