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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 01/jun/2003 de La Auténtica Defensa.

CARA O CECA: 
Feng, hijo del viento  
Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano




Nos mandaron este cuento de la filosofía zen. El recopilador es Yakouba

Nos propone leerlo pausadamente y disfrutando de su especial ritmo y a la vez nos deja pensando en la vida y en los procesos que debemos atravesar para lograr, lo que algunos llaman, experiencia y otros vida...

"A Feng lo apasionaban los barriletes. Un día supo que en un monasterio aislado vivía un viejo sabio del cual se decía que era "maestro del viento". Él conocía el secreto de los barriletes que vuelan más allá de lo que los ojos pueden ver.

Feng obtuvo el permiso de sus padres para ir en busca del sabio y que éste le enseñara su secreto. Después de un largo camino, llegó al monasterio y pidió una entrevista con el maestro.

- ¡Oh maestro!, enséñame tu arte. Acéptame como aprendiz.

El maestro le respondió: -El león que imita al león es prudente. Pero, el hombre avanza y progresa porque busca en soledad. Si tú quieres encontrar la mejor manera de construir un barrilete, mira alrededor de ti las hojas y el viento.

Feng aprovechó el consejo y observó la naturaleza.

- ¡Maestro!, dime el secreto del barrilete más estable.

- Mira el vuelo de la libélula-, respondió el viejo sabio.

Después de contemplar largo tiempo el gracioso insecto, Feng fabricó una obra maestra de equilibrio.

- ¡Maestro!, dime el secreto del barrilete más dócil.

- Mira el vuelo del milano-, dijo el maestro.

Feng se apostó en una montaña y estudió el vuelo del ave rapaz. A partir de esas observaciones, logró en el vuelo del barrilete una liviandad jamás igualada.

- ¡Maestro!, dime el secreto del barrilete más veloz.

- Mira el vuelo de la golondrina-, fue la respuesta.

Feng prestó atención a la punta del ala del pájaro con sus terminaciones afiladas. Entonces él imaginó el barrilete casi surgiendo en el papel bajo sus dedos.

Su habilidad pronto le hizo ganar el elogio de los ricos señores, admirados ante la perfección de sus pájaros de papel. Pero Feng sabía que aún no estaba a la altura del viejo sabio. Le faltaba el secreto.

Feng volvió a ver al maestro que estaba enfermo.

- ¡Maestro!, busqué como me enseñaste pero no lo encontré. Dime el secreto del barrilete que vuela más allá de lo que los ojos pueden ver.

-Todavía no estás listo.

Feng insistió.

-Busca más-, indicó su maestro.

Feng redobló sus esfuerzos tratando de ser más preciso en sus gestos, más consciente en su trabajo, pero nada era suficiente. Su barrilete alcanzaba la cumbre, acariciaba las nubes, pero no volaba más allá de lo que los ojos pueden ver.

-¡Maestro! - confesó Feng, -soy un ignorante.

-Regresa mañana con la cuerda más larga que puedas encontrar.

Durante toda la noche, Feng unió todos los trozos de cuerda que pudo encontrar y a la mañana, febril, deseando conocer por fin el secreto, volvió al monasterio.

El maestro estaba muerto. Y mientras Feng se recogía junto a su cuerpo, el alma del viejo sabio se echó a volar, llevándose consigo uno de los extremos de la cuerda, más allá de lo que los ojos pueden ver."

Y vos lector, qué pensás?

Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano.
Para comentarios y sugerencias escribir a Caraoceca@hotmail.com  


 
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