La Plata (Especial para NA, por Marisa Alvarez) -- El caso del militante kirchnerista Luis Gerez ha derivado en una montaña de dudas que se multiplican y se profundizan centralmente en las fuerzas políticas, pero también en la opinión pública, al acelerado ritmo con que se suceden los días y los organismos de Seguridad, de Inteligencia y de la Justicia se muestran incapaces -una vez más, una de tantas- de encontrar al menos un mínimo indicio que facilite el esclarecimiento de la desaparición de este hombre durante 48 horas en las que el país estuvo en vilo.
Las actitudes y los dichos de algunos funcionarios nacionales y bonaerenses y los silencios de muchos más, se han montado sobre aspectos inciertos del secuestro y la liberación del hombre que acusó a Luis Patti de haberlo torturado hace 35 años, y se chocan con la más absoluta ausencia de datos, para terminar colocando al Gobierno en el centro de las miradas que generan esas dudas.
Pero además, sobre este escenario delicado para la administración de Kirchner, en el plano estrictamente político provincial, el caso Gerez ha abierto sorpresivamente -o no tanto- una profunda división en el gobierno bonaerense, con rebotes de alto impacto negativo sobre la Casa Rosada.
Un resumen de los posicionamientos asumidos ante el caso Gerez dice que el Presidente afirmó -en un inusual mensaje por cadena nacional- que existen, y están actuando, grupos paramilitares y parapoliciales y mencionó a Patti con manifiesta intencionalidad de involucrarlo, al recordar que el militante de Escobar fue el testigo que lo denunció como su torturador. Y el gobernador Solá -que habló por última vez del tema el sábado 30, horas después de la liberación de Gerez- ratificó su convicción de que se trató de un hecho orientado a golpear sobre la política de Derechos Humanos del gobierno nacional y a atemorizar a los testigos de "asesinatos y aberraciones del pasado", como lo definió.
Sobre esas definiciones troncales, Alberto Fernández desde el gobierno nacional y, desde el bonaerense Emilio Pérsico -líder del ex piquetero Movimiento Evita, en el que milita Gerez-, profundizaron la embestida sobre Patti que, como se sabe, fue intendente de Escobar, el distrito donde Gerez vive y desarrolla su trabajo político.
UNA OPINION NEUTRONICA
Pero, sobre el filo de la semana, cuando las dudas sobre el caso se extendían como una mancha pegajosa y crecían las voces que se preguntaban porqué no se avanzaba un solo milímetro en la investigación abierta para saber quiénes y porqué mantuvieron cautivo a Gerez, un alto funcionario del gobierno de Solá salió a decir -al amparo de la reserva de su nombre- que "los investigadores del caso están convencidos" de que se trató de una "privación ilegítima de la libertad" vinculada a "cuestiones políticas locales", esto es, de Escobar, y que "no tiene nada que ver" con el testimonio de Gerez que le costó a Patti la banca de diputado nacional.
Concretamente, el funcionario desvinculó del rapto al ex intendente y, por si fuera poco, afirmó que la declaración de Gerez sobre su secuestro "es poco creíble, no se sostiene" y admitió que están investigando a su "entorno".
Aún con Kirchner en el lejano Calafate y la mayoría de su gabinete de vacaciones, esas expresiones cayeron como una bomba neutrónica en la Casa Rosada. Es comprensible. La convicción del "alto funcionario bonaerense" -y según sus dichos, de "los investigadores" (formal y centralmente la justicia y la Policía de la Provincia, aunque por la dimensión del caso trabajan también fuerzas federales de seguridad e Inteligencia)- da por tierra con las acusaciones del propio Presidente a "fuerzas paramilitares y parapoliciales" y a "quienes quieren atemorizar a los testigos" de causas por crímenes de la dictadura y "atemorizarlo" a él mismo. Y directamente apunta a sepultar bajo el ridículo las acusaciones lanzadas contra Patti.
MENSAJES
La Gobernación reaccionó utilizando una vía reservada para hacer llegar a la Presidencia el mensaje de que Solá -que iniciaba por esas horas unos días de vacaciones- "no comparte las apreciaciones de su alto funcionario". Y, hacia afuera, apeló a declaraciones del jefe de Gabinete, Mario Oporto, que, sin embargo, no desmienten en modo alguno -por el contrario, parecería que intencionalmente se evitó hacerlo- las apreciaciones del "alto funcionario". Con conceptos que nada aclaran y notoriamente autistas -dirigidos a, justamente, las "internas"-, más parece sugerir que "no importa" si el cautiverio de Gerez fue o no producto de cuestiones políticas exclusivamente escobarenses. Sí fue claro en un punto: "al gobierno provincial le importa el esclarecimiento del hecho".
¿Alcanzarán esas reacciones para moderar el enojo de la Rosada por el "desliz"? En principio, oficialmente se eligió el silencio, mientras fuentes calificadas dejaban saber que el clima era de "desacuerdo y enojo". Y agregaban: "hay que encontrar la casa" donde estuvo cautivo Gerez, desde el convencimiento de que esa "punta" permitirá esclarecer el caso y "le dará la razón al gobierno" nacional.
DIVISION EN EL GABINETE
Pero todo este último episodio puso además al descubierto una profunda división en el gobierno bonaerense a raíz del caso Gerez. Frente a las expresiones del "alto funcionario", Pérsico -vicejefe de Gabinete- no sólo las rechazó expresamente sino que volvió a desplegar acusaciones contra Patti. Y el Oporto pareció -si se hace un esfuerzo de interpretación- transitar por el medio de ambas posturas, sin jugarse en favor ni en contra de ninguna, aunque sí criticando a las dos.
En su duro rechazo al hombre que cree que Gerez "no es creíble", Pérsico, con todo, no lo identificó. Pero, aunque tampoco dio nombres, fue más lejos en esta pelea abierta en el gabinete bonaerense -y de final imprevisible-, el jefe del bloque de diputados provinciales y dirigente del M-Evita que conduce Pérsico. Es que el Chino Navarro dijo pública y oficialmente que "espera que el alto funcionario que hizo estas declaraciones tan poco afortunadas dedique sus esfuerzos a descubrir dónde estuvo secuestrado Gerez y a identificar y detener a quienes lo secuestraron, con lo cual se van a disipar todas las hipótesis y
todas las dudas". A no ser que el legislador pretenda que alguien haga el trabajo de otro, y que por ejemplo el ministro de Salud encuentre y detenga a los secuestradores, su mensaje tiene un único destinatario.
Luego, el ministerio de Seguridad salió oficialmente a decir que ni su titular, León Arslanián, ni ningún otro integrante de esa cartera sostiene lo que sostiene el "alto funcionario". Y rechazó enfáticamente la existencia de "cruces" en el gabinete bonaerense por el caso Gerez. El tema es que a esa altura había habido réplicas y contrarréplicas y los "cruces" -y un clima denso-, más allá de las voluntades, ya eran una realidad.
Y el tema es, por sobre todo, que las aseveraciones de unos y otros son sólo especulaciones. Lo grave -y doblemente grave porque tiende a perderse en la maraña de las rencillas políticos- es que, al menos por lo que se informa, la investigación de este secuestro no arrojó hasta ahora la más mínima luz en uno ni otro sentido, nada que sirva para esclarecer quiénes, por qué y para qué lo hicieron.
PASES DE FACTURAS
Es muy posible, en fin, que el caso Gerez haya abierto una canilla de posiciones confrontadas y disputas en el gabinete bonaerense y en el oficialismo provincial que no se agoten en la hasta ahora expuesta. En el M-Evita aseguran que durante las dos jornadas en que su militante de Escobar estuvo desaparecido "no hubo un solo intendente que expresara su solidaridad ni se mostrara, por lo menos, interesado en la suerte" de Gerez. Y cuentan con los dedos de una mano -y les sobran- los ministros de Solá a los que "les importó" el destino del militante. Tienen apenas tres nombres anotados en esa corta lista: los de los titulares de Salud, Claudio Mate; de Educación, Adriana Puiggrós; y de Justicia, Eduardo Di Rocco.
En el M-Evita, con todo, y pese a algunas imágenes de la última semana, dicen no estar de acuerdo con los cuestionamientos que en estos días lanzaron sobre el virtual candidato a gobernador del oficialismo, Daniel Scioli, y el titular del PJ bonaerense, José María Díaz Bancalari, desde agrupaciones de similar historia (ex piquetera) y parecido perfil político. Luis D´Elía y Edgardo Depetris dispararon munición gruesa contra esos dirigentes, con Pérsico al lado de ellos en la foto. "Con esas actitudes, en la práctica les hacen el juego a los que se oponen al proyecto transformador que encarna Kirchner; no hay que mirar su pasado sino si compartimos la propuesta de futuro", dice el funcionario
de Solá, aunque asume que ha quedado "pegado" a esas posturas. Lo cierto es que en el amplio espectro del oficialismo bonaerense se están escuchando, como nunca antes, crujidos y roces ruidosos y algunos, por lo que se ve, tienen duras representaciones en el gabinete provincial. Es posible que se trate tan solo de los reacomodamientos propios de una etapa electoral. Pero con el delicado caso Gerez en el centro de ese paisaje, nada es predecible.
Mientras tanto, hace 112 días que desapareció Jorge Julio López y su familia -y la sociedad- siguen esperando que los investigadores aporten al menos un mínimo, elemental, indicio del que sostenerse para mantener la expectativa de su aparición con vida.



