Buenos Aires (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal) -- Cristina Kirchner se vistió con el mejor traje de candidata, salió a pasear por París y, de alguna manera, dio la orden de largada de la carrera hacia los comicios de octubre.
En la fría pero siempre fascinante capital de Francia, la primera dama cumplió con una estudiada agenda que se asemejó a una visita de Estado.
Se reunió con funcionarios, con candidatos de izquierda y derecha, firmó un importante acuerdo internacional sobre derechos humanos y hasta miró fútbol, algo inusual para ella.
Para abril se está planificando una nueva gira de Cristina por los Estados Unidos y no se descarta otra para antes de los comicios. Es que el despliegue mediático que logró en Francia resultó lo suficientemente amplio y convincente para tomar estos viajes como parte de la estrategia electoral del oficialismo.
Mientras tanto, aquí, en Buenos Aires, su esposo, el Presidente también cosechaba, con su negativa de venderle la mitad de la transportadora de energia, Transener, a un grupo inversor de los Estados Unidos.
Fue un discurso con ribetes tribunescos ya que se esperó la llegada al país de los enviados Thomas Shannon y Nicholas Burn para poner en primer plano esta decisión que ya estaba tomada desde hace tiempo.
No obstante, los argumentos utilizados son válidos ya que no deja de ser preocupante que la principal transportadora de energía quede en manos de grupos de inversión, con objetivos cortoplacistas.
La mitad de esa empresa es manejada por el grupo de inversión Dolphin, del empresario argentino Marcelo Midlin, con llegada directa al gobierno.
Kirchner también intenta desmalezar el camino hacia las urnas con la apertura del diálogo con las cámaras ruralistas, las cuales, por el momento, han arriado las banderas de guerra.
Fue sólo el comienzo de un largo camino y tras el primer encuentro hubo dirigentes con caras de satisfacción y otras con el ceño fruncido que trasuntaban cierto aire de desconfianza.
La dirigencia espera en poco tiempo presentarle a sus bases medidas concretas con el fin de desinflar los focos de conflicto, sobre todo entre los afiliados a la Federación Agraria y a la comitiva de CARBAP, que reúne a los poderosos productores de Buenos Aires y La Pampa.
Pero los temas a resolver son demasiados: la exportación de carnes, las retenciones, el precio del trigo, los precios de referencia en los mercados y la refinanciación de créditos del Banco Nación, entre otros.
Por lo pronto, el agro tuvo una señal para el comienzo de las conversaciones que el Gobierno no acostumbra a dar: le dio la "cabeza" del ahora ex secretario de Agricultura Miguel Campos.
El funcionario echado no hablaba con la dirigencia desde hace tiempo y prácticamente no participaba de las decisiones de importancia, pero se mantenía en su cargo por los incesantes pedidos de renuncia.
En su lugar asumió Javier de Urquiza, alguien del propio palo de los ruralistas y quien, por ende, se llevaba a las patadas con Campos.
Mientras tanto, los precios siguieron dando que hablar en la semana y la difusión de las canasta del INDEC reflejó que los sectores de menores recursos son los que de nuevo están pagando la mayor parte de los ajustes.
Es que todo es aumento para aquellos que destinan todos sus ingresos a los alimentos y bebidas, que, al parecer, están saltando la vallas de los controles de precios.
Si se tiene en cuenta que por cada punto de aumento de esa canasta, según los analistas, unas 100 personas caen en la pobreza, con el 2,6 por ciento de aumento pasaron a esa condición unos 260 mil argentinos
Ante esto, el Gobierno se apresuró en sacar al ruedo a uno de sus encuestadores de turno para informar que, según sus proyecciones, el desempleo ya se ubica en un dígito y que para fin de 2007 estará en alrededor de 8,7 por ciento.
Un enjambre de cifras para una realidad cotidiana que demuestra lo caro que es vivir en la Argentina para los argentinos y como el poder adquisitivo no logra recomponerse.
Ante esto, la oposición parece ser un mero espectador de una puesta en escena que arma el kirchnerismo.
Todavía no logra recomponerse de la jugada de ubicar a Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, cuando ya tiene que pararse ante la cada vez más firme alternativa de "Cristina Presidente".
En el Gobierno hubo cierto grado de euforia durante los últimos días frente a encuestas que le daban al vicepresidente unos 30 puntos de diferencia ante sus potenciales adversarios.
En el lavagnismo, por caso, hubo cierto malestar con la jugada del economista Jorge Sarghini de lanzarse a la candidatura cuando ahí ya está el empresario Francisco de Narváez.
No es que haya una definición del ex ministro sobre este tema, sino más bien que De Narváez puede ser uno de los grandes financistas de la campaña y no lo quiere ver alejado de este espacio político.
Algunas versiones dieron cuenta que Lavagna quiere a Margarita Stolbizer como candidata a vice, aunque el problema aquí es que la dirigente se encuentra malquistada con buena parte de su partido, la UCR.
Y, precisamente, esta agrupación centenaria, herida de tantas batallas perdidas, es la que le está permitiendo al ex ministro estar bien posicionado en provincias con fuertes raíces radicales, como Mendoza, Córdoba, Jujuy y Entre Ríos, entre otras.
El gran problema es que aún no entra en las mediciones de los dos distritos más importantes, como Buenos Aires y hasta la propia Capital Federal, a pesar que aquí tiene una elevada imagen positiva y el oficialismo no tiene un candidato que haga buen pie en el distrito.
Esto alienta a varios dirigentes, en especial del macrismo a reflotar la alianza entre Lavagna y Mauricio Macri.
Los estrategas de esta corriente ven como el presidente de Boca sigue fuerte en Capital, pero después no obtuvo frutos en ninguna provincia.
Es por ello que sueñan con el proyecto de Lavagna presidente, Mauricio Macri en la Capital y Juan Carlos Blumberg en la provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, Lavagna no quiere alterar los ánimos de los radicales que pusieron a Macri como la frontera a la cual no se puede llegar.
Por lo pronto, Macri y Blumberg coincidirán el 18 de febrero en Corrientes para oponerse al proyecto de reelección por única vez del gobernador, en algo similar a lo sucedido en Misiones. Las particularidades de esta provincia es que el que quiere una reelección es el radical "K" Arturo Colombi y en la vereda de enfrente se ubicó el cura José Luis Niella.
Pero el cura se despachó, junto con el proyecto de ´no a la reelección´, con la propuesta de una reforma agraria, algo que espantó a propio y extraños.
Es que ni la Iglesia ni la gran mayoría de los sectores políticos avalan el avance sobre la propiedad privada. Esta pelea extemporánea le quitó aire al proyecto del prelado y Colombi afianzó sus chances de ir a la reelección.
En el calendario electoral se ubica luego, pero en este caso ya para cargos ejecutivos, el comicio de Catamarca, donde la coalición del Frente Cìvico se encamina hacia un nuevo período, a pesar de sus divisiones internas.
El opositor Luis Barrionuevo llevó allí a su esposa Graciela Camaño para reunir a las fuerzas justicialista dispersas tras la debacle del "saadismo" hace años, pero todos coinciden que la tarea de esta dirigente deberá ser ciclópea para arrimarle algunas chance al gremialista gastronómico.
El 18 de marzo será la crucial elección en Entre Ríos, donde el gobernador, Jorge Busti, debió meterse de lleno en la campaña para quebrar la paridad que daban las encuestas para su delfín Sergio Uribarri, para el candidato de la Concertación, Emilio Martínez Garbino, y al intendente de Paraná, Julio Solanas.
Algo más atrás, pero con tenue crecimiento, se ubica el candidato radical Gustavo Cucinato.
Lo cierto es que Busti puso toda la fuerza del Estado y del aparato justicialista para romper esa igualdad.
Martínez Garbino mide bien en los distritos de la costa del Río Uruguay gracias a su trabajo durante el conflicto con Uruguay por las papeleras.
No son pocos los que dicen que a partir del 19 de marzo, tras los comicios, se desinflarán los cortes de ruta al Uruguay por falta de apoyo político en municipios, en la provincia, y en el propio Estado Nacional que necesita bajar el clima beligerante en las rutas para abrir la ronda de negociaciones con el gobierno de Tabaré Vázquez.
Pero, por el momento, la ebullición que se observa y el calentamiento preelectoral hacen temer a más de uno en esa rica provincia mesopotámica por hechos de violencia en varias ciudades donde el voto se pelea casa por casa.
Párrafos aparte merecen las elecciones en Santa Fe y Córdoba del 2 de setpiembre.
Es que en Santa Fe parece que no hay con qué darle al candidato socialista Hermes Binner -algunas encuestas le dan ventaja mayor a los 20 puntos-, y ningún candidato oficialista, como ahora Rafael Bielsa, ha pisado firme en el distrito.
Resignado Kirchner a una derrota ante ese hombre, que en otro tiempo aparecía en el primer lugar de su proyecto de Tranversalidad, se habría impuesto el módìco objetivo de minimizar los aires de la derrota.
Para ello habría acordado con el gobernador José Manuel de la Sota que coincidan las fechas de las elecciones en Córdoba y Santa Fe.
Es que ningún resultado posible en Córdoba será leído como una derrota del Gobierno nacional, tanto si gana el ex secretario de Industria Juan Schiaretti -candidato delasotista-, como el intendente Luis Juez.
El intendente de Córdoba era la gran apuesta allí de Kirchner, pero durante la semana pasada armó su propia bomba de tiempo al recibir en su despacho al ex ministro Domingo Cavallo.
Cavallo es hijo político de De la Sota, que lo puso en la lista de diputados hace más de una década, pero ahora ningún político quiere ni pasar por la puerta de la casa del ex ministro.
Sin embargo, Juez lo recibe en un encuentro supuestamente reservado, pero voces pícaras lo dieron luz y le clavaron una dura estocada al verborrágico intendente cordobés.



