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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 14/feb/2007 de La Auténtica Defensa.

Kirchner y Bush volvieron a trazar los límites de la relación bilateral
Por Gabriel Profiti




Buenos Aires (Por Gabriel Profiti, especial de NA) – Una encuesta muy reciente del Servicio Mundial de la BBC reveló - o confirmó- que la imagen del Gobierno de Estados Unidos en la Argentina es de las peores en el mundo.

El sondeo realizado en 25 países mostró que el 49% de los consultados considera negativo el rol que juega Estados Unidos en el mundo, mientras que esa visión en la Argentina alcanzó el 64%. Además, este sondeo que se realiza anualmente mostró esta vez que sólo el 13% de los argentinos encuestados observó positivamente la política exterior del Gobierno de George W. Bush, contra un 19% registrado en 2006.

Cuestionaron principalmente el manejo de la guerra en Irak, su rol en el conflicto entre Israel y Hezbollah y respecto del programa nuclear y el tratamiento de los prisioneros en la cárcel de Guantánamo, así como su vinculación con América Latina.

La percepción generalizada es que Estados Unidos promueve sus acciones en beneficio propio y no para bien del resto de los países como pregona la Casa Blanca.

Por eso, la carta del embajador Earl Wayne al ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, por la venta de Transener, le sirvió de algún modo a Néstor Kirchner para volver a alambrar la relación bilateral.

El chispazo, que dejó satisfecho al ala izquierdista del Gobierno, se encendió justo en una semana en la que llegaron tres funcionarios de alta jerarquía de Washington.

Está muy claro que la reacción de Kirchner recibió más aplausos fronteras adentro que afuera, pero a esta altura nadie duda del pragmatismo presidencial, por lo que su embate público previamente midió réditos y perjuicios.

LOS ENVIADOS

Alberto Gonzales, secretario de Justicia estadounidense, el más importante de los tres enviados de Bush, pasó sin honores por Buenos Aires. Amigo del mandatario estadounidense, Gonzales está cuestionado por los excesos en las cárceles de Guantánamo y Abu Ghraib y sólo se reunió con su par argentino, Alberto Iribarne. En cambio, el gobierno tendió alfombras más mullidas para Nicholas Burns, subsecretario de Asuntos Políticos delDepartamento de Estado -número tres en la jerarquía del área que dirige Condolezza Rice- y al afable subscretario para Asuntos Hemisféricos, Tom Shannon.

La visita se encuadraba en un momento de afinidad bilateral, creado principalmente por Shannon, luego de los recelos causados por las disputas en torno al ALCA en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, en noviembre de 2005.

En los últimos tiempos, Argentina apoyó la investigación de la causa AMIA que responsabiliza a Irán por el atentado terrorista, con el aval de Washington, y pese a que Estados Unidos no confirmó si votará a favor del pedido de captura de los iraníes acusados en el Comité Ejecutivo de Interpol.

Además, el Gobierno nacional envió al Congreso un proyecto de ley para realizar modificaciones al Código Penal e incorporar la tipificación del delito de asociaciones ilícitas terroristas y financiamiento del terrorismo.

La premura oficialista está basada en un compromiso tomado por la Argentina ante el Grupo de Acción Financiera Internacional sobre el Lavado de Dinero (GAFI), pero también es un histórico pedido estadounidense asociado a sus acusaciones sobre la existencia de células de Hezbollah en la Triple Frontera.

A su vez el parlamento estadounidense mantuvo el sistema de preferencias arancelarias que beneficia a buena parte de los exportadores argentinos.

Todo en medio de discursos componedores. Pero se filtró el lobby de Wayne en favor de un fondo de inversión estadounidense interesado en comprar Transener, luego sobrevino el estudiado estallido presidencial y la estadía de los enviados pareció crisparse.

Finalmente, Burns y Shannon se reunieron con tres ministros del Gabinete y dieron por superado el roce, pero el campo de juego quedó acordonado en ambos lados.

Y en simultáneo, se conoció que Bush no vendrá a la Argentina pese a merodear sus cielos al pasar por Brasil y Uruguay. Más allá de los argumentos oficiales, es lógico pensar que el estadounidense prefiera no volver, principalmente teniendo en cuenta que Kirchner no es un amigo.

Además, cuando Bush estuvo en Mar del Plata, en 2005, seis de cada 10 argentinos desaprobó la visita (según una encuesta de OPSM que dirige Enrique Zuleta Puceiro); se fue descontento con los resultados; hubo movilización social e incidentes; y Chávez convocó a una multitud para hablar pestes del imperio.

"No soy un obsecuente como muchos políticos que tendrá que escuchar seguido", le había dicho Kirchner en esa reuniónbilateral, la última entre ambos, luego de que Bush cuestionara la frase "potencia hegemónica" utilizada por su interlocutor para describir a Estados Unidos.

"Es mejor que Bush no venga, mirá el problema que tiene Tabaré ahora con esa visita", deslizó una fuente oficial en referencia a las críticas que recibió el Gobierno uruguayo –de un sector de la izquierda del Frente Amplio- por su próximo huésped.

VENEZUELA, ESE NUDO

Otra de las cuestiones en las que Washington y Buenos Aires volvieron a marcar sus diferencias es en torno a Venezuela. La Casa Blanca objeta la relación entre Kirchner y Hugo Chávez, pero el jefe de Estado argentino no está dispuesto a ceder un ápice en la beneficiosa relación comercial con Caracas.

Burns y Shannon lo plantearon aquí y previamente en Brasil, más allá de reiterar que consideran a los presidente de ambos países "lideres positivos" de la región y "muros de contención" para las ambiciones de Chávez.

Kirchner no aplaude los discursos de Chávez, tampoco los condena y adoptó una relación neutral en el denominado Nuevo Socialismo que inauguró el mandatario bolivariano y que eriza a Estados Unidos. Pero hoy por hoy es un socio indispensable.

Por lo pronto, Kirchner llegará el 21 a Caracas para firmar un nuevo acuerdo con Chávez por la venta de bonos argentinos por unos 2000 millones de dólares y sellar un contrato que involucra a Enarsa en la explotación de petróleo en el Orinoco.

El comercio bilateral entre la Argentina y Venezuela pasó de algo menos de 150 millones de dólares en 2003 a casi 700 millones en 2006 y de ese total aproximadamente 500 millones son ventas argentinas. En cambio con Washington el intercambio fue estable.


 
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