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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 11/mar/2007 de La Auténtica Defensa.

Cuando los gestos parecen más fuertes que los hechos
Por Gabriel Profiti




Buenos Aires (Por Gabriel Profiti, especial de NA) -- El permiso de Néstor Kirchner para que Hugo Chávez satanice de balcón a balcón a George W. Bush con un discurso transmitido a través de las cadenas internacionales de noticias es un gesto fuerte tanto para Washington como para Caracas.

Es ciertamente uno de los casos en los que los gestos parecen más fuertes que los hechos en momentos en que la Argentina cimentó relaciones "maduras" con ambas naciones, como suelen describir los funcionarios en la Casa Rosada y la Cancillería.

Por un lado el Gobierno argentino cumplió con los deberes que Estados Unidos encomendó en asignaturas como narcotráfico, terrorismo y lavado de dinero, que son las que más le interesan de Latinoamérica a la administración norteamericana.

Por el otro, afianzó una gran relación comercial con Venezuela y ahora abrió el estadio de Ferro a Chávez en momentos en que Bush desarrolla una gira por la región con varios objetivos no bien definidos y uno de fondo: contener al bolivariano.

Así encuadraron la travesía del estadounidense tanto The New York Times como The Washington Post, que también citaron la simultánea presencia de Chávez en Buenos Aires.

No es el primer discurso del bolivariano en la Argentina. Dio uno prácticamente en la nariz de Bush durante la Cumbre de las Américas de Mar del Plata y otro en Córdoba junto a Fidel Castro en una reunión del Mercosur ampliado.

Pero esta vez vino exclusivamente a despotricar contra "el caballero del norte" a través de la medianera con Uruguay. Porque los acuerdos económicos entre la Argentina y Venezuela podrían haberse firmado en cualquiera de los otros 364 días del año.

Es cierto que la primera línea del Gobierno no se involucró en la organización del acto y que de algún modo buscó acotarlo al Luna Park, pero finalmente el mensaje surgió en Ferro y con la presencia de funcionarios nacionales de segundo orden.

Ahora bien ¿Por qué el Gobierno da estas señales? El acercamiento al Gobierno estadounidense, que había tenido su apogeo durante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York el año pasado, pareció estancarse en el último mes.

El 8 de febrero se filtró a la prensa un lobby que el embajador estadounidense, Earl Anthony Wayne, realizó en favor de la empresa Eton Park interesada en la compra de Transener.

En esa ocasión Kirchner advirtió que la Argentina no es una republiqueta justo cuando llegaba el número tres del Departamento de Estado, Nicholas Burns, junto con el principal funcionario para América Latina, a quienes no obstante saludó.

De inmediato -pareció una réplica- se conoció el itinerario de la gira de Bush por el denominado hemisferio occidental: Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, es decir gobiernos más moderados que el de la Argentina, al menos en lo gestual.

Luego, Kirchner viajó a Caracas, donde fustigó las "teorías paternalistas" y criticó a quienes piden que la región, en especial la Argentina y Brasil, "contengan" a Chávez.

"Nadie puede molestarse si se integran nuestros dos países", dijo Kirchner desde Venezuela. "Se dijo mucho últimamente que Lula en Brasil o yo tenemos que contener al Presidente Chávez, (es) un error absoluto" subrayó.

No escapa a Kirchner que Bush es un presidente debilitado que transita sus dos últimos años de gobierno y a punto de ceder el poder a lo demócratas, mientras que Chávez posiblemente coexista en el poder con él o su esposa durante el próximo lustro.

Hay otro dato que ya se apuntó alguna vez en esta columna: en la Argentina sólo un 13 por ciento avala la política exterior estadounidense, según una encuesta reciente de BBC Mundo.

En contrapartida, Chávez cuenta con cierta popularidad. Un sondeo de la consultora Fara y Asociados de octubre del año pasado indicó que el venezolano encabeza la lista de presidentes americanos favoritos para los argentinos.

Analía del Franco, de la consultora Analogías, señaló que su última medición sobre la imagen de Chávez en la Argentina fue en la Cumbre de las Américas de noviembre de 2005 y arrojó más de un 50 por ciento de aceptación.

"Pero aunque tenga buena imagen no quiere decir demasiado. La gente no conoce mucho lo que hace Chávez. La imagen que tiene de él en general es muy superficial. A pesar de la imagen positiva no hay una identificación de los argentinos con la manera de gestionar de Chávez. Pero están aquellos que están a su favor porque están en contra de Bush", apuntó.

Es posible entonces que, en un año electoral, Kirchner mantenga su vínculo con el venezolano sin hacer demasiados alardes y que cada tanto saque rédito de la alicaída imagen de Bush, más allá de que pueda resultar perjudicial fronteras afuera.


 
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