Buenos Aires (Especial de NA, por Mariano Spezzapria) -- Algunos indicios, muy modestos aún, vienen dando cuenta de la posibilidad de que el oficialismo vaya adquiriendo comportamientos más moderados a los que dominaron la gestión del presidente Néstor Kirchner, cuyo mandato a esta altura se parece mucho al final de una transición política y económica tras el colapso de 2001.
Los indicios más claros que pueden evidenciar cierto giro hacia posiciones más moderadas de parte del oficialismo los ofrecieron el vicepresidente Daniel Scioli y la primera dama Cristina Kirchner, ambos con salidas al exterior pensadas desde un perfil propio y diferenciado del presidente Kirchner.
Se trata de quienes aparecen, hasta ahora, como los principales candidatos que presentará el Gobierno en las elecciones de octubre próximo: la primera dama tiene serias chances de convertirse en la postulante oficialista a la Presidencia, mientras que Scioli ya fue ungido candidato a gobernador de Buenos Aires.
La primera dama y el vicepresidente no han tenido una buena relación -ni mucho menos- en sus comienzos, cuando Scioli asumió la conducción del Senado y Cristina Kirchner dirigía al oficialismo del Congreso desde su banca en la Cámara alta. Pero pasado un tiempo la relación parece haberse encarrillado.
Es cierto, también, que ambos tienen ahora la "necesidad política de llevarse bien", como admitió un encumbrado dirigente kirchnerista, sobre todo si van a encarnar en octubre las
principales candidaturas oficialistas.
Como fuera, Cristina y Scioli optaron por una estrategia similar -¿ideada por los mismos estrategas, tal vez?- a la hora de mostrar un perfil diferenciado del de Kirchner. Y ambos salieron al exterior a predicar más un mensaje de concordia que de pleitos, como acostumbra el primer mandatario.
En el caso de Scioli, estuvo cinco días en Italia y tomó contacto con la elite política y económica del poderoso miembro de la Unión Europea. Completó una agenda perfecta, con encuentros que lo llevaron a los despachos del primer ministro Romano Prodi y el presidente Giogio Napolitano. También tuvo una reunión con el poderoso titular de la Fiat, Luca Cordero di Montezemolo.
A todos ellos les transmitió la imagen de un país que se está recuperando de los efectos devastadores de la crisis de 2001 y los invitó a profundizar tanto las relaciones políticas como comerciales. Fue un salto cualitativo respecto de los tironeos que se venían dando con la Italia al mando de Silvio Berlusconi.
Por si faltara algún elemento de diferenciación, Scioli pudo acceder a un diálogo por varios minutos con el Papa Benedicto XVI, mientras que al influyente arzobispo argentino Norberto Sandri -quien próximamente será nombrado cardenal- le habló de la problemática de la juventud y la familia.
Lejos estuvo Scioli de volver a la carga en el Vaticano por el caso del obispo castrense Antonio Baseotto, cuyas polémicas opiniones fueron blandidas por el Gobierno para pedir -sin éxito- su remoción ante la Santa Sede.
La primera dama también muestra un "perfil propio". Su gira comenzó en Ecuador -donde será recibida por el presidente Rafael Correa- y seguirá por Venezuela y México. En el país que conduce Hugo Chávez habrá una nota interesante: Cristina K se reunirá con dirigentes de la comunidad judía del país caribeño.
La misma comunidad que muestra su preocupación por la alianza de Chávez con el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, un duro rival de Israel con quien comparte su pasión -y a la vez su dependencia- por los "petrodólares". En ese contexto se realizará la reunión con la primera dama argentina.
No conviene olvidar otros datos: Cristina Kirchner no estuvo en la última visita que hizo su marido a Venezuela (Puerto Ordaz) y recientemente fue la enviada del Gobierno al acto en el que se conmemoró y repudió un nuevo aniversario del atentado terrorista contra la embajada de Israel en Buenos Aires.
A México, en tanto, la primera dama fue invitada por el presidente Felipe Calderón, quien no es precisamente un progresista.
Los impulsores del operativo "Cristina presidenta" sueñan con un último viaje, antes de las elecciones, a los Estados Unidos. Allí la primera dama buscaría estrechar su relación con los demócratas, especialmente con la ex primera dama y ahora candidata presidencial Hillary Clinton.
Todo esto, claro está, en el supuesto de que el presidente Kirchner no decida ir finalmente por la reelección.



