Rosa quería que lloviera porque estaba cansada y pensó que la lluvia la aliviaría . La primera gota golpeó sobre el cinc a las dos y catorce de la madrugada y la sorprendió despierta , despierta y pensando otra vez en Medina. El olor de la tierra mojada , o el ruido de las gotas , el silbido del viento , quizá , no tenía en claro qué era , pero todo llevaba a que ella pensara en Medina.
Primero recorrió las calles hasta que encontró a alguien que le dijo donde vivía , después se paró en la puerta de su casa y miró hacia adentro , más tarde cuando regresó a su propia casa volvió a pensar en él, porque ya era hora de la cena y ella estaba sola.
Rosa era fuerte , pero su fortaleza decrecía de sólo imaginar a Medina en algún lugar ; ella sabía mucho , sabía todo de él : que le gustaba comer, que la sobremesa de cada domingo lo encontraba con una mesa llena de nietos felices, con roscas en pascuas y siestas tibias en la reposera de un jardín de invierno que muy poco tenía de lugar de arresto domiciliario. Rosa vivía porque vivía Medina y de no ser así talvez ella misma se hubiese ido .
Pero esa noche esperó tranquila , sabía que pronto caería la última gota , sabía que Medina dormía y que no estaba solo , sabía que él la había matado una vez y que lo seguiría haciendo cada noche , a las 8 en punto. Lo que ignoraba Medina , era que ella lo pensaba las 24 horas y hasta lo tenía en una foto en un cajón de la biblioteca ( recorte de un diario , una vieja crónica que no había vuelto a leer nunca, pero que de sólo abrir el cajón de la biblioteca se leía "Crímenes de Lesa Humanid ... . Indult......." .Rosa leía a medias y le alcanzaba. Rosa vivía a medias y no le alcanzaba.
Dejó que sus oídos ya no oyeran y entonces salió de la casa, caminó hasta encontrarse en la puerta de la casa del asesino, agarró con fuerza las rejas de esa casa donde Medina no era mojado por la lluvia , donde dormía en un lecho cómodo y no en el lecho del río , de algún río , y lloró , lloró cuanto pudo y más tarde sacó su arma , ella empuñaba , ella sabía empuñar, había portado el arma a la vista de todos , su arma era de una blanca tela suave que le acariciaba la cabeza en cada marcha , su arma estaba escrita para que todos supieran quien era Rosa y lo feliz que había sido antes , cuando tuvo un hijito.
A las dos y quince un vecino de Medina llamó a la comisaría, Rosa , en un rapto de vida y de amor también , gritó desde muy adentro :-¡ Ese maldito mató a mi hijo .......¿No entienden ? , díganle que lo mató!_!Díganselo ahora ...!
-Ya lo sabe , Rosita , vamos que la llevo a su casa _ dijo otra vez el principal de calles con mucha más comprensión que resignación, al tiempo que la tomaba del hombro y desaprobaba con su cabeza la reincidencia de Rosa.
Cuando caían las últimas gotas , la mujer despertó , eran las dos y dieciséis o tal vez eran ya las cuatro y quince , o las seis. La lluvia desahogaba su ira sobre el viejo y oxidado cinc, la puerta estaba entre abierta y ahora Rosa tenía los pies mojados. -¿Qué ocurre preguntó el esposo ? , _Nada (dijo ) , lo de siempre , soñaba con mi hijo - , ( mintió), luego se ahogó en un grito de mujer yerma...................... se arrancó la última lágrima , apagó la luz y por última vez se desplomó.
MARÍA LORENA BARRERA.
El arrodillado se llevó la mano a la boca y sorbió lo que en apariencias era una lágrima, después volvió la cabeza hacia abajo y entonces se miró las piernas, tenía llagadas las venas y heridos los pocos vestigios de huesos. Ese era el arrodillado y ya no caminaba. Le gustaba que lo mirasen , porque de no gustarle dudo que se expusiera de esa forma, con semejantes heridas ,( nunca comparables con la culpa).
No sé cuanto odio le costó llegar hasta allí, pero no bien lo hubo logrado realizó costosas maniobras para que le mirasen las rodillas. Estaban sangrando de bronca y manchaban la calle. Ese arrodillado no se quejó ni pidió nada, se dobló como un mimo y más tarde cuando nadie más que yo lo miraba ,dijo algo, preguntó algo. Supe que el truco de las rodillas no era una farsa, porque algunos pájaros hambrientos comenzaban a picotear de la copa de su sangre .El último hilo de hueso lo venció y cayó ante mis ojos , aquel momento nada tenía de semejante con la venganza y soplaban dispersos los vientos de alguna revancha. Para cualquier mujer , de existir el momento, ese hubiese sido el instante perfecto para aniquilar al asesino de un hijo, pero no era la hora , tampoco el día; ella no era así..... Bajo un cielo que oprimía la mujer frunció el ceño, e hizo un gesto de desaprobación con la cabeza ,dijo unas pocas palabras que fueron devoradas por la ya populosa congregación de curiosos que parecían disfrutar del espectáculo :.." él tampoco merecía ésto".... Las rodillas se le abrieron y de sus heridas salió raudo un pájaro negro. Vi De La distancia que los separaba que el pájaro iniciaba un vuelo sin retorno, el vuelo de la muerte.¿Se arrepentía en ese momento el genocida de algo ?.¿Realmente lo hacía ?.
Cuando finalmente el arrodillado dejó su vida en el lugar alguien dijo: -él estaba acusado de crímenes de Lesa Humanidad . Ella, la madre , la abuela, la mujer sin vida, se desató el pañuelo ;ellos pensaron que todo había terminado , pero no , apenas lo agitó para quitarle el polvo y lo ajustó nuevamente a su cabeza ella llevaba , cocido a la cien, un pañuelo blanco, sólo eso ,un trozo de tela gastada y ( como todos vieron) ...estaba escrito.
MARÍA LORENA BARRERA.
Nota: Dedico estos cuentos para Rosa , para Cristina, para Julia, para Ana , para cada madre , para cada abuela que aún sigue en la búsqueda de su hijo o de su nieto , para las que saben que ya no va a estar y siguen soñando con sus hijos porque creen que existe un reencuentro , para ellas este homenaje , y para nosotros , los que no olvidamos.... y seguimos creyendo en la justicia argentina.



