Buenos Aires (Especial para NA por Daniel Casal) -- A siete meses del comicio presidencial, las dudas volvieron a reinstalarse en la Casa Rosada en torno a quién será el candidato oficial en la elección del 28 de octubre.
Sucede que la diferencia de 10 puntos que, según las encuestas, separan a Néstor Kirchner de su esposa, Cristina, marcan, precisamente, la frontera de una segunda vuelta electoral.
Los viajes por el mundo de la primera dama como una virtual jefa de Estado no le han reportado demasiado, frente a una sociedad que está preocupada más que cómo quedar deposicionada en un marco de crecimiento a sólo cuatro años de la salida de la crisis.
Por eso es que esos votantes ven al Presidente con garantía de continuidad mientras que la figura de Cristina abre para ellos algunos interrogantes.
El "voto plasma" lo llaman algunos ingeniosos, en alusión a las motivaciones basicamente económicas del votante. La decisión será tomada, seguramente, luego de la elección porteña de junio, cuando quede planteado el nuevo escenario político.
Varios analistas del oficialismo están convencidos de que si Mauricio Macri gana con holgura participará luego de la pelea mayor.
Entonces, si Macri va por todo y logra polarizar al electorado, nadie del gobierno querrá arriesgar y al final el Presidente será el candidato.
En este espacio ideológico comenzará a tallar Juan Carlos Blumberg, quien en dos semanas podría anunciar su candidatura a gobernador bonaerense.
De esto y de la política de alianzas han hablado ambos durante una reunión que mantuvieron el viernes por la noche. Allí quedó establecido el apoyo del padre de Axel a la candidatura del empresario y, en más, un hombre cercano a él integrará la lista macrista en la Capital.
El mapa que dibujan entre los dos incluye a Jorge Sobisch, Ramón Puerta, Ricardo López Murphy y Francisco de Narváez, entre otros.
Si esta alianza logra subir en el termómetro del electorado, el Presidente no sólo apostará a la reelección, sino que también podría decidir que Cristina termine compitiendo en la provincia de Buenos Aires.
Y no es porque Daniel Scioli no mida bien, al contrario, en algunas zonas supera, incluso, a la primera dama en imagen, sino que el ex motonauta ha despertado cierta desconfianza en la Rosada.
Su vuelo propio de promocionados viajes y presentaciones televisivas y el velado apoyo que la han brindado dirigentes del peronismo duhaldista tradicional no ha caído bien en las filas kirchneristas.
Entonces, para el proyecto de una década más de los Kirchner en el Gobierno, se hace impensado delegar el estratégico espacio de la provincia de Buenos Aires en una persona no alineada con el poder central.
Mientras tanto, el jefe de Estado sigue jugando fichas a la acumulación mediante su política de confrontación.
Cuando asumió, los gestos de autoridad le resultaban imprescindibles con el fin de fortalecer un poder que las urnas no le habían conferido.
Pero, ahora, esa actitud de choque corre el riesgo de desgastarse por su propia repitencia.
Se enfrascó en un combate verbal con el Poder Judicial a raíz de la sabida demora en la Cámara de Casación de las causas contra los represores de la dictadura.
La denuncia es concreta ya que varias causas duermen en sombrios cajones judiciales.
Pero, la denuncia presidencial sonó como una invasión de poderes y forzó a la Corte Suprema a pedir "mesura", una palabra que no gustó para nada al Presidente.
El tono imperativo se hace sentir también en otras áreas, como en la política dirigida al agro, que ha provocado nuevosroces con la gente del campo.
Es que la falta de resolución de las medidas pactadas hace más de un mes y la injerencia del secretario Guillermo Moreno para frenar los precios han puesto a gran parte de la dirigencia en la puerta de un nuevo conflicto.
Precisamente, a este malestar se le atribuyen los rumores que circularon esta semana de una renuncia de Moreno, que debió ser prolijamente desmentida.
De las encontronazos con diversos sectores sociales es de donde espera cosechar la oposición, convencida que son muchos los que no toleran ya el accionar gubernamental. "Lo que en un momento fue la clave del éxito de este Gobierno puede ser el germen de su fracaso", se escuchó decir en un bunquer de la oposición.
Elisa Carrió sigue con el paciente armado de la "Coalición Cívica" y por ejemplo en la ciudad de Zárate quedó conformada entre el ARI, Margarita Stolbizer y el socialismo.
El ARI bonaerense ratificó la candidatura a gobernador, de Carlos Raimundi, con lo que se esfumaron los fantasmas de "un nombre "sorpresa" como había trascendido.
El partido que en ese distrito funciona "a pleno", como le gusta decir a sus dirigentes, no ve con simpatías los movientos porteños de Carrió con Patricia Bullrich, Enrique Olivera y Jorge Telerman,
Es que allí, Carrió apuesta a convencer a Telerman para que integre la Coalición, aunque éste quiere estrechar lazos con el ARI pero sin quedar ante la opinión pública como secundando a la dirigente.
En tanto, Roberto Lavagna no ha tenido apariciones de importancia durante la última semana y el apoyo que la UCR le brindó a Telerman en la Capital resultó un golpe duro para las aspiraciones del ex ministro.
Sus números mejoran cuando aparecen las encuestas de las provincias donde el radicalismo está bien posicionado.
Es decir que se la paradoja que esos sectores de raigambre antiperonista terminen votando a un justicialista como Lavagna.
Otra decisión fuerte del Gobierno fue la de romper los contratos petroleros firmados con el Reino Unido para una supuesta exploración de hidrocarbuiros en torno a las Islas Malvinas.
Esto contratos estuvieron concebidos en el marco de un difuso "paraguas" entre ambas naciones que no debía incluir la discusión sobre la soberanía, algo que dificilmente se podía dar en la práctica.
Surgió en el marco de la políìtica de "seducciòn" que el gobierno de Carlos Menem implementó para congraciarse, más que con el Reino Unido en sí, con el mundo desarrollado en su conjunto enn pos de un modelo económico.
Como se prevía, no funcionó ni la seducción ni el proyecto conjunto sobre hidrocarburos porque ambas países mantienen posiciones irreductibles.
La Argentina reclama, con una justicia que no se discute en casi ninguna parte del mundo, el fin de uno los pocos enclaves coloniales del siglo XXI.
Mientras que en el Reino Unido dejan en primer plano la voz de los kelpers, cargados de resentimientos históricos contra todo lo que huela a argentino.
En esto tiempos en los que imperios buscan los recursos del futuro sin fronteras, y en cualquier geografía, se torna complicado pensar en que alguna vez se reabran las negociaciones por la soberanía.
Dificultades similares se observan para las negociaciones entre Argentina y Uruguay por las papeleras que proximamente se llevará a cabo en Madrid.
Hasta ahora, la voluntad del rey Juan Carlos de España no ha alcanzado para que los dos países hermanos encuentren puntos de entendimiento.
Si bien los cortes en los pasos fronterizos han perdido apoyo político, Tabaré Vázquez no quiere negociar nada hasta que queden definitivamente en el olvido.
A todo esto, la planta finlandesa de Botnia tiene su cronograma de trabajo y comenzará a operar de poco tiempo en la costa del río Uruguay.
Es decir que cada vez se aleja más la alternativa de un traslado de la planta como quiere la Argentina, y por ende de un entendimiento que pueda vislumbrarse en el horizonte.



