Buenos Aires (Especial de NA, por Gabriel Profiti) -- Quizá no haya iniciativa que despierte mayores pasiones que la legalización del aborto y una de las regiones en la que ese debate está en hervor es Latinoamérica.
En esta parte del mundo coexiste actualmente la mitad de los católicos con una mayoría de gobiernos de izquierda, que suelen ser propensos a impulsar la legalización del aborto, aunque en estos países la polémica parece transversal a las ideologías.
Lo que está claro es que esta cuestión, sensible incluso para las sociedades más liberales, es asi un grito de guerra contra la Santa Sede. Y con esa premisa bajó Benedicto XVI en su primera
visita como Santo Padre a la región.
El Vaticano no quiere perder en esta parte del mundo una batalla que le ocasionó sinsabores -por ejemplo- en Italia, donde el aborto está permitido hasta los 12 semanas de gestación.
También teme que cunda un sesgo de izquierda anticatólica y que en el campo religioso se reactiven corrientes como la Teología de la Liberación que el propio Pontífice combatió cuando era titular de la Congregación de la Doctrina de la Fe.
Pero esa es otra cuestión. Dentro de una gama de temas urticantes, como la unión de parejas homosexuales o la eutanasia, la interrupción de la gestación es el que más preocupa al Papa.
Pese a que el tema no se tocó en su reunión con Luiz Inacio Lula Da Silva, Joseph Ratzinger envió un mensaje desde la propia escalerilla del avión que lo llevó a San Pablo.
"Respeto a la vida, desde su concepción hasta su natural declive, como exigencia propia de la naturaleza humana", dijo en un mensaje sin rodeos contra el aborto y la eutanasia. .
Los países .
Brasil registra un agitado debate en torno a la interrupción del embarazo, tras la propuesta del ministro de Salud, José Gomes Temporao, para someter el tema a plebiscito.
Lula dijo que su gobierno "no va a interferir en ese asunto, que es de competencia de la conciencia religiosa de cada uno", y recordó que es el Parlamento el que tendrá la última palabra. El aborto es legal en Brasil en casos de violación, riesgo de vida para la madre o fetos anencéfalos (sin cerebro).
La máxima autoridad de la Iglesia Católica advirtió que los que aprueben ese tipo de proyectos se exponen a la excomunión.
Dijo que esa es una regla "que no es arbitraria y que está prevista en el código de derecho canónico".
Defendió así la amenaza de excomunión de los obispos mexicanos contra los legisladores que aprobaron en abril la legalización del aborto en Ciudad de México, gobernada por la izquierda que responde a Andrés López Obrador.
Benedicto XVI, guardián de la doctrina ortodoxa, ya había enviado una carta a los obispos mexicanos como señal de laofensiva que está dispuesto a emprender ante estos proyectos. La sanción de esa norma se dio, en medio de un clima de agitación con marchas de grupos católicos y feministas.
De aquella polémica fue testigo Cristina Fernández de Kirchner, posible candidata a la presidencia de la Argentina, quien desarrollaba una de sus giras de instalación internacional en ese país cuando se aprobó la ley en el DF.
Néstor y Cristina Kirchner se declararon antiabortistas, pero en el oficialismo hay varios promotores de la interrupción de la gravidez. Además, la pareja presidencial ya sabe lo que es enfrentarse a la Iglesia por el aborto.
El origen de la tensa relación entre el Gobierno y el Episcopado argentino, -también impuso frialdad con el Vaticano- fue un cruce entre el ministro de Salud, Ginés González García y el obispo castrense Antonio Baseotto, por el aval del funcionario a la apertura de un debate sobre la legalización abortiva y el reparto de preservativos.
En ese contexto, una veintena de proyectos que buscan despenalizar el aborto se acumula en comisiones del Congreso y podrían ser reflotados o archivados según el cariz que tomen los cruces con las autoridades eclesiásticas.
Las iniciativas -respaldadas o ideadas por legisladoras oficialistas como Juliana Marino y Vilma Ibarra- buscan ampliar la autorización de abortar prevista en el artículo 86 del Código Penal para los casos en los que corre peligro la vida de la madre o cuando se trata de la violación de una mujer discapacitada.
En Chile, el gobierno socialista de Michelle Bachelet rechazóuna propuesta para despenalizar el aborto presentada por dos legisladores izquierdistas del oficialismo.
Sin embargo, Bachelet, agnóstica, madre soltera de tres hijos y divorciada, chocó con la Conferencia Episcopal por decidir la entrega gratuita de la "píldora del día después".
En Uruguay, dentro del Frente Amplio existe una "corriente"de mujeres de izquierda que viene pidiendo la legalización desde hace muchos años, pero el presidente Tabaré Vázquez adelantó que vetará cualquier iniciativa en este sentido.
Vázquez, médico de profesión, sostiene que hay vida desde la gestación. Si bien no es católico, su esposa es sumamente devota. En Uruguay, como en muchos otros países, el asunto es el único que corta horizontalmente a todos los partidos.
Colombia es una muestra de ello. El gobierno del conservador Álvaro Uribe no vetó un fallo de la Corte Constitucional que eliminó la pena de uno a tres años que el Código Penal contemplaba para quien se practicara un aborto. Ese dictamen permitió abortar en casos específicos. Finalmente, el nuevo gobierno -más moderado- de Daniel Ortega se alió a la derecha para penalizar el aborto bajo cualquier supuesto, eliminando el aborto terapéutico cuando existe riesgo para la embarazada que regía desde 1891.



