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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 12/jun/2003 de La Auténtica Defensa.

CANTANDO EN VOZ BAJA...: 
LOS LIBROS  
Por: Memorias de Norma Frutos




Pensaba en un sinónimo para la palabra "libros" y se me ocurrieron varios: amigos, compañeros, instructores, tutores. Me parecen muy apropiados teniendo en cuenta que jugaron ese rol en mi caso personal y me explayaré con placer en ese tema tan caro para mí.

La lectura fue un tesoro de incalculable valor que descubrí cuando muchos vieron en los libros el obsequio ideal para llenar mis horas ¡vaya que lo hicieron!. Los libros me transportaron siempre, no importa su temática, con sus personajes y cada uno de ellos dejó una semilla o idea a la que recurrí en épocas de necesidad (fueran aventuras juveniles, novelas románticas, grandes dramas, biografías, la Biblia por supuesto, etc.).

La semilla implantada en mi mente y corazón puede llamarse influencia y la tuvieron notablemente; cada uno en su oportunidad. No asistí a una escuela para mi aprendizaje de modo que no tenía mucho contacto con otros niños o jóvenes para copiar o deshechar comportamientos o estilos pero los libros en mis manos me introducían en mundos diferentes y me sustraían y también me informaban y al apartar los ojos de ellos y abrirme a la realidad sentía que me superaba en todo sentido.

Mis temas favoritos cambiaban con la edad pero puestos todos en una balanza ésta se inclinó siempre en novelas o biografías que tocan dramas sociales; experiencias fuertes, impactantes al punto de modificar conceptos y hasta conductas.

Hasta que tuve alrededor de 10 años hubo pocos libros en mi casa, al punto que no era necesaria una biblioteca pero a partir de allí (en fechas especiales y que hoy ya no lo son para mí) como obsequios pedía libros; mis amorosos padres solían recibir largas y difíciles de satisfacer listas, pero, aunque en menor cantidad, yo tenía mis preciados libros. Al ver varios juntos se asemejaban a manjares y no sabía por cuál comenzar. No sé si para los demás mis libros y yo éramos una buena combinación porque amanecíamos y terminábamos el día juntos y nos costaba separarnos para otras actividades u obligaciones (entiéndase comer, dormir, estudiar, por ejemplo), los prefería a todo.

Imposible fue y es poseer tantos libros como se leen por ello fue práctica la idea del cambio, pedir prestado o asociarse a una buena biblioteca pública. Tomé en cuenta sugerencias y de esa manera tuve acceso a libros inolvidables y dejé espacio literal en mi biblioteca y otro monetario para libros de estudio (los que nunca me gustó compartir).

¿En qué resultó tanto tiempo vertido en la lectura? ¿qué me añadieron o quitaron los libros?… tal vez pueda responder con palabras.

Los músculos que conforman mi cuerpo están enfermos y me anclan al lugar donde me ayuden otras personas a ubicarme y no reniego obstinadamente porque… porque los libros me ayudan a cultivar mi cerebro; a exigirlo, mantenerlo en constante actividad, a robustecerlo, a agilizarlo a modo de terapia o ejercitación.

En los libros me relacioné con los individuos más dispares: conocí la personificación del Soberano Universal; recorrí fielmente escenarios bíblicos; visité lugares a los que jamás hubiera tenido acceso; aprendí a valorar lo que tenía y mis logros personales; me sentí parte del gran engranaje del universo; supe de indignidades humanas; reforcé mis conocimientos de historia, geografía, castellano, costumbres populares buenas y no tanto; indagué en la fauna y la flora del planeta; supe como darle alas a mi imaginación y muchas cosas más pero lo más importante, me relacionaron con lo que hoy más amo y aprecio.

He enumerado lo positivo que es, a mi humilde juicio pero extensa experiencia, precioso…y existe lo negativo. Lo negativo es una mala selección de lectura que puede opacar el poder de los consejos excelentes; cuando alguna vez quise incurrir en esa clase de lectura supe discernirlo a tiempo haciendo un drástico giro. Negativo es darle al libro un lugar más amplio del que debe ocupar para desatender tiempos que se van y no se recuperan; un sabio escribió en el Libro de los Libros: "Hay un tiempo para cada cosa…". El tiempo de pequeñas y significativas vivencias no debe ser reemplazado por lo que puede ser un placer egoísta, creo que hice eso, dediqué muchas horas a leer en soledad. Eso es no reconocer límites, ellos siempre son necesarios y benéficos.

Hubo libros, los leí en mi madurez (o acercándome a ella), que llenaron mi intelecto y abarcando un asunto muy lejano a lo que es el punto focal de mi vida grabaron juicios a los que recurro en ocasiones, ellos refuerzan los míos y me ayudan a salir airosa en diversas pruebas. Un ejemplo es la actitud de Scarlet O´Hara (protagonista de "Lo que el viento se llevó", mi novela favorita) ante las vicisitudes de su vida, sus más difíciles experiencias; cerraba como un telón en su mente y se negaba a pensar en ello, decía algo como: "lo pensaré mañana" (era su modo de evadir el presente y reponerse para afrontar sus dilemas).

Hay momentos en la existencia de todo ser humano en que el peso de la angustia se concentra a tal punto en los pensamientos que se vuelve una carga imposible de llevar, así resultó ser la pérdida de mi buen amigo y mejor padre (pérdida para la cual nos preparábamos sin poder aceptar, desde dos años antes que aconteciera). Papá estuvo casi un mes internado, yo me negaba a pensar en el fín de esa agonía que solo dilataba lo inevitable. Murió de madrugada, mamá estaba a su lado y yo en casa con mi hermana Beatriz. Cuando sonó el timbre, despertaron todos nuestros sentidos y ambas dijimos "¡papá!", era un adios, un lamento contenido, una certeza que desgarraba el corazón. La solidaria y apesadumbrada vecina de enfrente nos traía la noticia que recibió por teléfono (en casa no lo había) y balbució lo que nos había dicho crudamente el corazón. De allí en más debía vivir sin él…¿cómo se hacía?…

Mi hermana se encerró en sí misma y yo recordé la actitud de Scarlet O´Hara; me abracé a mi hermosa y dulce gata blanca y repetía en mi mente con desesperación "ahora no tengo que pensarlo, lo haré en otro momento cuando lo resista". Mi firme actitud mental junto con la fe me sostuvieron entera. Pasó muchísimo tiempo en que los recuerdos y los pensamientos querían invadir mi serendad y los rechazaba con valor y oración ferviente; y solo Dios sabe que debí ponerme a prueba para conocer mis límites. Llegó el día en que pude pensar en mi padre sin dolor, no fue una pausa egoísta, me ayudó a ordenar mis emociones; la gran herida sanó pero añoro su presencia, necesito su firmeza y calidez, lo reconozco ante quien quiera oirme.

Los escritores tienen que saber que las palabras que publican pueden salvar o derrotar, impulsar al éxito o al fracaso. Una línea en el momento oportuno para el bien de una sola persona justifica sus horas de estudio, investigación y esfuerzo mental y físico, merece encomio.

Las nuevas generaciones no son muy amigas de los libros y se perjudican sin saberlo. El libro es el mejor modelador de la mente de allí que pule al individuo refinando su habla, modales, vocaciones y no es necesario tener una mente superior para convertirse en escritor, poeta o maestro (entre otras actividades) sino amar la lectura. Los libros abren puertas que nosotros mismos sabemos que existen en nuestro interior. Me siento agradecida por haber tenido acceso a estos ayudantes vitales que se convirtieron en verdaderos amigos, compañeros, instructores, tutores y agrego ´consoladores´, que allanaron mi senda.


 
P U B L I C I D A D






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