La Plata (Especial para NA, por Marisa Alvarez) -- La dirigencia oficialista bonaerense -en particular la del Conurbano y La Plata- decidió hacerse sentir en la movida mendocina planeada por la Casa Rosada para que el Presidente diera, en un marco federal, la señal electoral más fuerte en lo que va del año.
Y lo consiguió, aunque con un detalle: el traslado al anfiteatro griego mendocino de las durísimas internas que esos dirigentes protagonizan en cada distrito, pudo más que la invocada misión de ir a expresar su apoyo al Presidente y sus eventuales decisiones electorales.
La movida de la Casa Rosada estuvo a la vista. Fue lo que se vio. Un acto con Néstor Kirchner como figura excluyente, haciendo el que quizás haya sido el último repaso y defensa a fondo de su gestión (antes de la campaña formal); pero con el radical K Julio Cobos como anfitrión, un rol que permitió ubicar al mendocino como el otro orador de la jornada. Y el gesto del final, con el Presidente levantando las manos de Cristina Kirchner y Cobos.
Para los observadores más desapasionados, el cuadro dejó dos datos: la decisión de Kirchner de no formalizar definiciones, para no adelantar los tiempos electorales y "por si acaso", pero también de dar una señal muy fuerte, una especie de "prueba" de lo que podría ser la foto repetida de la campaña, la fórmula presidencial del oficialismo y su promotor esencial.
FORMAS DE VER LAS COSAS
En la dirigencia bonaerense hubo, con todo, interpretaciones disímiles. Una mayoría adhirió a la importancia de los gestos y le concedió valor, como los observadores, a "lo que se vio". Para ellos, la movida fue "una reconfirmación de que la fórmula por la que trabaja el Gobierno es Cristina-Cobos".
Pero en la Gobernación y algún segmento del oficialismo prefieren detenerse en lo que se dijo y no se dijo en Mendoza. "No ungió la fórmula. Fue, es cierto, un apoyo fuerte a las chances de Cobos y punto", sostienen.
Mencionan las "graves dificultades" que tiene el gobernador mendocino en su gestión, en particular por la inseguridad y el accionar de la Policía -cruzada por críticas a su ineficiencia y a su tendencia al gatillo fácil- y concluyen en que "Kirchner va a esperar para definir" el segundo término de la fórmula presidencial.
Los más audaces dicen, inclusive, que "habría que reparar en que Kirchner ni siquiera apuntó, no ya a definir, sino al menos a destacar especialmente la candidatura de Cristina. La nombró una sola vez en el discurso, cuando recordó el día de su asunción y aquel cónclave con su mujer y sus hijos en Olivos, después de los actos, para advertirles que iba a ser muy difícil la misión que ese día iniciaba".
En algo parecieron coincidir todos los peronistas bonaerenses -categoría que en esta ocasión, como en tantas otras en las que no se discuta el poder interno del conglomerado kirchnerista, engloba tanto a los formalmente "pejotas" como a los "FpV"- que fueron a Mendoza. Aunque no se les pregunte, opinan que el de Cobos fue "un discurso pobrísimo, lejos del nivel de un dirigente que aspira a la Vicepresidencia". Algunos apelaron a la chicana.
"Es radical", decían, a modo de "explicación".
Quizás en esa evaluación influya en algo que Kirchner haya vuelto, en su discurso mendocino, a resaltar su propuesta de "concertación plural" mencionando expresamente que el justicialismo es una base insuficiente para su proyecto, una instancia que debe ser "superada".
MAS TENSION QUE ENTUSIASMO
Lo cierto es que la dirigencia peronista bonaerense -intendentes, legisladores nacionales y provinciales, funcionarios de todos los niveles, referentes- concurrió en masa a la cita mendocina y movilizó a miles de personas. El Presidente - aseguran- tomó nota de esa participación y la destacó en evaluaciones reservadas del acto. Pero hubo quienes tomaron nota de otro dato: el poco entusiasmo, la notoria falta de euforia, del contingente dirigencial bonaerense que asistió a lo que, para muchos, fue la puesta en marcha de la segunda etapa del proyecto nacional kirchnerista; un proyecto que, se supone, engloba a todos y debería despertarles el consecuente fervor.
Es que la dirigencia bonaerense parece haber trasladado a mil kilómetros de distancia su microclima, signado por la tensión y el nerviosismo crecientes que provoca "no saber qué va a pasar", frase con la que suelen resumir la incertidumbre sobre sus destinos políticos personales, dependientes como están muchas candidaturas y futuros roles de la decisión de Néstor Kirchner.
Desde hace semanas esa incertidumbre viene explotando -como ya se ha marcado en este espacio- en durísimas pulseadas por algunos cargos y en guerras abiertas por las candidaturas a intendente, en particular en los distritos del Conurbano, donde si siguen así habrá más aspirantes por el oficialismo que votantes. Y por lo pronto, esas internas distritales se mudaron por un día al anfiteatro griego, en auténticos duelos de pancartas de caciques distritales, y a la propia ciudad de Mendoza, que quedó incomprensiblemente empapelada con afiches de algunos candidatos municipales bonaerenses.
BALESTRINI, "CASI UN HECHO"
Por lo demás, un rumor que apareció consignado el martes en un periódico matancero fue en Mendoza eje de todos los comentarios entre los bonaerenses. La versión de que el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Alberto Balestrini, podría ser el compañero de fórmula de Daniel Scioli se extendió, en efecto, como reguero de pólvora. La mayoría de quienes mencionaron la versión, sin embargo, la subestimaron tantas veces como la repitieron. Podrían equivocarse.
Hace algunas semanas se indicó aquí que Balestrini había sido agregado a la lista de posibles candidatos a vicegobernador. Y fuentes calificadas de la Casa Rosada indican que ahora el dirigente de La Matanza ha avanzado hasta el primer lugar de esa nómina.
"Por supuesto la fórmula no está cerrada, pero Balestrini es quien más altas chances tiene; Kirchner cree que sería el candidato ideal, y su incorporación a la fórmula es ´casi´ un hecho", afirman.
SOLA Y SU FUTURO
Tal vez doblemente acicateado por esa versión y por lo que aparecía como la inminente unción de Cobos como candidato a vicepresidente, lo cierto es que el gobernador Felipe Solá apuró en los últimos días los mensajes sobre su futuro destino político.
Solá habló del asunto tres días seguidos, reiterando expresamente su convencimiento de que puede tener "un rol importante" en un futuro gobierno kirchnerista. Primero dijo que él cree que puede "ser útil" en un "cargo ejecutivo", pero puso más énfasis en el segundo término de esa proposición: puntualizó que detesta los cargos legislativos.
Ya circulaba por entonces la versión sobre Balestrini; una opción que dejaría vacante la presidencia de la Cámara baja nacional, reabriendo, así, las especulaciones de que Solá podría encabezar la lista de legisladores nacionales del FpV bonaerense para recalar en diciembre en aquel asiento.
Un día después, apenas arribado a Mendoza, redobló la apuesta. En tierra de Cobos, dijo que sería un honor" ocupar el segundo término de la fórmula presidencial. Sin embargo, horas después aunque antes de que Kirchner levantara los brazos de Cristina y Cobos, el Gobernador volvió a fojas cero; rechazó cualquier conjetura sobre su futuro y dijo que "sólo" quiere "terminar tranquilo" su mandato.
Un párrafo aparte merece la movilización a Mendoza de algunos miles de personas desde varios distritos del Conurbano y La Plata, organizada centralmente por los intendentes aunque también por legisladores enfrascados en peleas distritales. Suena a despropósito y a inhumano.
Fueron casi dos días (la mayoría de los contingentes salió a primera hora de la tarde del jueves y regresó el sábado a la mañana) arriba de un micro -unas 36 horas de viaje entre ida y vuelta- y comiendo viandas.
Sólo unos pocos -como el intendente Amieiro, de San Fernando, que hizo un acuerdo con un sindicato- previeron que su gente pasara la noche del viernes en un hotel en Mendoza. Y por gasoleras que hayan sido las movidas, trasladar contingentes a mil kilómetros de distancia y mantenerlos dos días, no pudo haber sido un gasto menor.



