Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- Luego de una semana en la que la visita al país del secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, y el viaje a Brasilia del presidente Néstor Kirchner se convirtieron en dos de los hechos más salientes para el Gobierno, en el Ejecutivo comenzaron a prepararse porque en los próximos días tendrán que sumar, a las preocupaciones por la relación con los Estados Unidos y el Mercosur, otro tema no menos complejo: la cuestión Malvinas.
Es que el próximo domingo el canciller Rafael Bielsa emprenderá un breve viaje a los Estados Unidos para participar, al día siguiente, de la reunión anual del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, un foro internacional donde es abitual que el tema de la soberanía del archipiélago del Atlántico Sur esté presente.
Para la tarde del lunes, en Nueva York, Bielsa ya tiene un lugar en la agenda para reunirse con el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan -es posible que allí se le pida a la Argentina algún tipo de colaboración en las tareas de reconstrucción en Irak, bajo el paraguas de esa organización-, pero sin dudas lo más sustancial aparecerá cuando el canciller tenga que debutar con un discurso en el plenario del Comité de Descolonización.
Durante los últimos años, en ese foro viene siendo aprobada en forma reiterada una moción pidiendo que Argentina y Gran Bretaña se sienten a una misma mesa a conversar sobre el tema de la soberanía de Malvinas, hasta ahora algo impracticable por la negativa del Reino Unido a hacerlo y por la fórmula del "paraguas" diseñada en la época del gobierno de Carlos Menem, que permitió el restablecimiento de las relaciones entre los dos países tras la guerra de 1982.
Desde la época de la campaña preelectoral, antes de los comicios de abril, en las filas del ahora presidente Kirchner vienen insistiendo en que el tema Malvinas será discutido precisamente en los foros internacionales, donde será sustentada una única posición: buenas relaciones con Gran Bretaña y los isleños pero firme reclamo de soberanía argentina. Por eso se espera que el lunes se escriba otra página en esta larga batalla diplomática.
Un día después, Bielsa estará en Asunción, la capital paraguaya, para participar de una reunión de Cancilleres del denominado Mercosur ampliado (los cuatro socios más Chile y Bolivia), que servirá de antesala para el encuentro del miércoles 18: la cumbre de los presidentes de ese bloque sudamericano, a la cual asistirá Kirchner.
Allí, el presidente argentino y su colega Luiz Inacio Lula Da Silva volverán a verse cara a cara exactamente una semana después del encuentro que ambos mantuvieron en Brasilia -en la primera salida al exterior de Kirchner como jefe de Estado- con el telón de fondo de la necesidad de darle definitivamente un nuevo impulso al Mercosur, para sacarlo del estancamiento en que se encuentra.
La reunión de esta semana entre Kirchner y Lula permitió dejar en claro, por si todavía quedaba alguna duda, que el eje de la política exterior argentina se apoyará en primer lugar en la buena sintonía con Brasil, más allá de la promocionada "multilateralidad" que proponen los funcionarios locales.
Y también que no habrá ninguna posibilidad de negociación directa con los Estados Unidos en temas como el ALCA, sino que todo pasará por un esquema de 4 más 1, es decir el Mercosur sentándose a conversar en bloque con el Gobierno de George W. Bush.
El propio presidente argentino dijo que cualquier acuerdo que se haga con Estados Unidos "será como Mercosur", ante lo cual Lula ratificó que el bloque "va a negociar unido con el ALCA, con la Unión Europea y en la Organización Mundial del Comercio".
Antes de la reunión de los dos presidentes, el designado embajador argentino en Brasilia, Juan Pablo Lohlé, volvió a machacar con el concepto que tanto le gusta al nuevo Gobierno, el de una "alianza estratégica" con Brasil, e insistió en señalar que si se logra una "sólida base política" tanto con el socio mayoritario del Mercosur como con los demás integrantes del bloque, se podrán superar los problemas generados por el intercambio económico.
"Hay elementos consistentes para fijar una base del Mercosur en su conjunto con respecto a un proceso de integración mayor, como puede ser el ALCA. Pero apoyar a uno no significa desterrar al otro", dijo a la hora de fijar las prioridades y referirse a lo que algunos consideran como una dicotomía entre el bloque sudamericano y el Area de Libre Comercio impulsada por Estados Unidos.
En la reunión quedaron planteados para ser implementados en el corto plazo dos temas importantes en la faz política y económica:
la creación del Parlamento del Mercosur, cuyos miembros serán elegidos por voto directo, y la necesidad de seguir analizando en el Instituto Monetario las variables que permitan llegar a una moneda común. En la cumbre de la semana próxima podría aprobarse la denominada "visa Mercosur", que permitirá a profesionales de los países miembro ejercer su tarea en las otras naciones que forman parte del bloque.
En medio de todo esto, la visita de Powell a Buenos Aires -sólo dos horas y media en total y casi 50 minutos de entrevista con Kirchner- significó, para los hombres cercanos al presidente argentino, más que un gesto: sirvió para "encarrillar" la relaciones entre los dos países después de los últimos cortocircuitos y le permitió al funcionario de la administración Bush llevarse una "buena impresión" de la flamante gestión.
El secretario de Estado pudo conocer de "primera mano" lo que piensa el Presidente, y al decir de Curtis Strubble, subsecretario de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, quedó "muy contento con la relación que se estableció".
Esa relación que volverá a quedar en el centro de la escena cuando en los próximos meses Kirchner protagonice su primera visita como primer mandatario a los Estados Unidos. Aquí aseguran que aquellas viejas "relaciones carnales" han quedado sepultadas para siempre y se ha iniciado un nuevo camino.



