La Plata (Especial para NA, por Marisa Alvarez) -- El clima de incertidumbres -en materia electoral, claro- que cubre a todos los ámbitos políticos de la Provincia parece haber alcanzado por estos días su nivel máximo; en el heterogéneo campamento oficialista, porque la excusa de la dedicación exclusiva a la contienda porteña ya es lo único que se escucha en la Casa Rosada, y en los de la oposición, por la incidencia de dos fuertes revulsivos, el triunfo y crecimiento de Mauricio Macri y el resbalón de Juan Carlos Blumberg.
En el oficialismo, con un candidato a gobernador puesto a caminar hace ya seis meses, el congelamiento desde entonces de cualquier otra decisión -ya no sólo de candidaturas y nombres sino también de cuestiones estructurales y aún de la estrategia y la metodología que se utilizarán para los comicios- ha derivado en un clima de tensión que se refleja en relaciones cada vez más conflictivas entre los grupos y los dirigentes que aspiran a tener voz y voto en el armado de las listas para octubre.
CRUCES EN EL PALCO
Un duro reflejo de ese clima se explayó en el acto que el presidente Kirchner protagonizó hace unos días, para la inauguración de viviendas, en Florencio Varela, el territorio de Julio Pereyra, titular de la Federación Argentina de Municipios, cabeza del grupo de intendentes peronistas que adhirió al FpV en 2005 en línea directa con la Casa Rosada, y de estrecha relación directa con Kirchner.
Hubo, mezclado entre el público de ese acto -nutrido, claro, de militantes que responden a Pereyra- un pequeño grupo que hostigó al gobernador Felipe Solá durante su discurso y silbó la presencia del vecino intendente de Quilmes, Sergio Villordo.
Varios jefes comunales sostienen que ese grupo ya viene haciéndose notar en algunos actos de los que participa Kirchner en el Conurbano, apuntando sus dardos siempre sobre Solá y a veces, según el caso, también sobre el intendente del lugar.
Lo cierto es que el acto de Varela empezó con una complicación. Personal de seguridad y ceremonial de la Presidencia le cortó el paso al palco a la Vicegobernadora, una dirigente histórica del PJ, justamente, varelense.
El episodio llamó la atención porque Graciela Giannettasio no es una desconocida para ese personal. Asiste a muchos de los actos de Kirchner en la Provincia y, por su rol, en esas ocasiones ocupa siempre un lugar en el palco principal. Pero en Varela tuvo que intervenir Solá para que la Vicegobernadora pudiera subir al palco. Y a la hora de buscar el origen de la "confusión", todos miraron a Pereyra.
Pero terminó peor aún el acto. Con una lluvia de reproches del ultrakirchnerista diputado nacional Carlos Kunkel -otro dirigente que ese día estaba en su pago chico- sobre el Gobernador, por haber lanzado duras acusaciones en su discurso contra los consejeros escolares de Varela (que responden a Pereyra, de quien Kunkel es aliado en la política lugareña). Y con una andanada de recriminaciones de Villordo sobre Pereyra por los chiflidos que recibió de un sector del público.
TENSIONES DE LA ESPERA
Rastros de añejas pulseadas internas de poder y no menos antiguas adversiones pueden encontrarse en las relaciones entre esos dirigentes que crecieron y se proyectaron todos, al fin y al cabo, desde el espacio común del peronismo. Algunas de esas pujas se redoblaron también desde que, hace dos años, algunos permanecieron en el PJ y otros optaron por el FpV. Pero el clima de tensiones listas a dispararse no es exclusivo de Florencio Varela ni aún del sur del Conurbano. Se reitera en cuanto ámbito oficialista se ponga la mirada, en estos tiempos en los que, curiosamente -o justamente- están alistándose para participar como un único frente en los comicios de octubre.
"No hay construcción de poder y mucho menos de espacios comunes, sólo actitudes defensivas, eminentemente individuales", describía este fin de semana un dirigente del oficialismo hablando de sus pares y englobando a todos en "pleno desarrollo de la era de la incertidumbre", en alusión a esta etapa de espera de las decisiones de Néstor Kirchner sobre el armado, la estrategia y las candidaturas con que su sector dará en el territorio bonaerense.
En esa espera, por debajo se producen intentos de corrimientos y de realineamientos, tironeos, pases de facturas y búsquedas de liderazgos y de representación; movimientos que no terminan en ningún lado porque inmediatamente son rechazados por el resto, y que aparecen como más agudos en el universo FpV que en el PJ, mientras muchos dirigentes no saben dónde tienen que dar la pelea por su futuro ni quién los va a representar a la hora de las definiciones.
SEÑALES
Por su lado, varios grupos que se autoconsideran kirchneristas puros, alejados de la dirigencia peronista y FpV-peronista -y en algunos casos en pie de guerra frente a ella-, convencidos de que ésta es su hora de acceso al poder, respiran el mismo aire de incertidumbre.
De más está decir que, en ese marco, cualquier señal desde la cumbre, por mínima que sea, es captada, sometida a microscópicos análisis y resaltada casi como toda una decisión. Así ocurrió, por caso, con el mensaje de Néstor Kirchner de la última semana en Tres de Febrero. Fue un discurso con, en efecto, llamativos y fuertes elogios a las figuras de Juan y Eva Perón, que no pocos tardaron en traducir como una "peronización" del Presidente de cara a las elecciones bonaerenses. "Fue música celestial para nuestros oídos", se sinceraban algunos dirigentes.
En rigor, la "peronización" o no de la estrategia kirchnerista en esta provincia tiene que ver, entre otras cosas, con la organización y la estructura que sostendrá las postulaciones. Y en el PJ ya crece en ese sentido una preocupación.
UN PASO INEVITABLE
Una de las pocas cosas que están claras a esta altura es que las listas de candidatos no se definirán en elecciones internas. Y para eso el PJ tiene que cumplir con un paso formal que no puede obviar: realizar un plenario de su congreso provincial -se concretaría en la última quincena de agosto- en el que, con los dos tercios de los votos, se resuelva dejar sin efecto las internas y facultar a una conducción para definir las candidaturas.
Ocurre, no obstante, que ese partido tiene más de 800 congresales, muchos de ellos todavía alineados formalmente en el PJ pero muchos otros alistados en la práctica en las distintas variantes del FpV, léase felipismo, el grupo de los intendentes, K puros, etc. Y las versiones sobre presuntos múltiples referentes de esos congresales, y sobre los objetivos que se fijarían para el plenario, ya son moneda corriente en el oficialismo y motivo de nuevas turbulencias y desconfianzas.
UN CRECIMIENTO, UNA CAIDA
En la oposición, en tanto, el panorama no aparece menos incierto. La instalación de Macri como referente nacional de la oposición ya está actuando, claramente, como un revulsivo en un amplio espacio de la oposición bonaerense. Sin embargo, la posibilidad de proyectar más allá de la General Paz ese liderazgo encuentra a la tropa macrista de la Provincia sin estructuras mínimas como para dar con alguna solvencia la pelea por las bancas legislativas ni por los cargos municipales. Más aún, la encuentra sin candidatos propios consolidados para pelear los miles de cargos que se pondrán en juego en octubre en el territorio bonaerense.
Y peor aún, lo único que tenía más o menos resuelto el macrismo bonaerense, la fórmula para la gobernación -Blumberg acompañado por Jorge Macri, para que el apellido de Mauricio pudiera figurar en letras destacadas en la boleta-, empezó a caerse a pedazos en las últimas horas, a partir de la revelación de que el ingeniero no es ingeniero.
No necesariamente el episodio Blumberg le provocará un daño electoral al macrismo en la Provincia. Pero el sector tiene que empezar por buscar candidato a gobernador, mientras se procura un armado que, entre otras cosas y para que se entienda su significación, tiene que ver con la posibilidad de tener o no fiscales en las decenas de miles de mesas de votación que funcionan en un comicio bonaerense.
LA CLASICA GENEROSIDAD PERONISTA
A esa carencia ajena -que no se da solamente en el macrismo si no también en el lavagnismo- están bien atentos, por lo pronto, muchos intendentes del oficialismo bonaerense, en particular los del Conurbano. En algunos distritos ya hay indicios de las mal disimuladas intenciones de los jefes comunales -PJs o FpVs- de "armarles" las listas locales a esos dos sectores.
En un reflejo de la superabundancia de referentes y cuadros medios que posee el peronismo, una buena cantidad de hombres de esa fuerza están ya, con el traje de candidatos puestos, ofreciendo sus estructuras a la oposición. Tienen no sólo el visto bueno sino también la orden de los intendentes. El objetivo es elemental: si esos hombres resultan electos por las listas del macrismo serán, en realidad, ediles del oficialismo.
PROPUESTA SOLO BONAERENSE
La caída de Blumberg, por otra parte, podría terminar de incluir en el esquema macrista a quien se ha mantenido siempre cerca del proyecto del presidente de Boca, el candidato a gobernador hasta ahora "líbero" Francisco De Narváez.
El empresario, por caso, alimenta una estrategia para otra de las incertidumbres que recorre al macrismo: quién será el candidato a presidente de ese espacio. "Nadie. Enarbolemos una propuesta exclusivamente provincial", impulsa De Narváez, que imagina a sectores del peronismo disidente jugando en ese espacio.



