La noticia de su muerte me sorprendió como tantas veces en Campana y me conmovió enormemente.Conocía a Aída desde la época de Literarte cuando ella vivía en un barrio en las afueras de Campana, alrededor de treinta años atrás. No éramos asiduas en nuestras visitas pero a lo largo de más de tres décadas compartimos momentos culturales y literarios muy importantes. Aída era una Mujer de la Cultura que acercó mucho por los años setenta y tanto a los miembros de SADE, FILIAL DELTA con Literarte. En cierta oportunidad organizó un Encuentro Literario entre todos nosotros en el Club Esso. Allí conocimos a Carlos Enrique Urquia, extraordinario poeta y docente que presidió muchas veces la filial Delta, una voz importantísima en la lírica argentina, muy amigo de nuestra autora; a Juan Carlos Gatell, narrador de fuste, a Ana María De la Fuente que también presidió la filial, a Héctor Prado poeta y pintor, a Mónica Furman, muy joven en ese entonces con la que aún me sigo viendo.
Aída Nebbia era la hacedora de esas relaciones, con su figura esbelta y ágil, sus recuerdos sobre Baradero y el amor por sus hijos., uno de los cuales conocí y conozco como excelente persona, tanto él como su familia, gente muy amigable como lo era ella: el Doctor Duilio Códega.
Aída Nebbia era poseedora de una poesía exquisita, que sabía tanto de los metros tradicionales como los nuevos, no publicaba por publicar, era una estudiosa y gran lectora de arte y ciencia. Sus obras editas estarán sin duda en las Bibliotecas Municipales de Campana, Baradero y San Fernando, lugares donde desarrolló principalmente su quehacer cultural y a los que tanto amaba. Poeta de un lirismo suave y delicado, con notas de melancolía y un gran manejo del verso. Estuvo presente en varias presentaciones de mis libros. Volvi a encontrarla en SADE,Capital Federal. La vida la había llevado a formar pareja con un gran medico y escritor, el Doctor Sinay, muy relacionado con Campana. Ella se encargó de difundir su obra y creo que escribieron un estudio entre ambos. Los vi muy felices en varias reuniones literarias.
Fallecido el Dr. Sinay, seguí viéndola en SADE, Cap. Fed.; volvió a acompañarme en momentos importantes de mi vida literaria. Siempre fiel, radiante, con una sonrisa permanente que iluminaba su rostro; pronta a la conversación, a preguntarme sobre la gente del ambiente literario de Campana que ambas conocíamos.
En la presente década fue representante en nuestra ciudad del Instituto Amigos del Libro Argentino y Americano que presido. Solíamos encontrarnos los sábados o domingos de buen tiempo en las mesas de la calle de la confitería Babieca de Capital Federal, al atardecer; ella siempre acompañada por una de sus amigas. Estuve varias veces en su departamento de la calle Córdoba. Compartimos jurado en certámenes literarios; estuvimos presentes y compartiendo simpatías cuando se renovaron las autoridades de SADE CENTRAL. A fines del 2006 tuve una conversación larga telefónica con ella para hablar sobre escritores de Baradero y el Delta. La noté un poco caída, hecho inusual en ella, y no volví a saber hasta que la noticia en el diario fustigó mi memoria.
Una escritora completa, una Mujer con mayúsculas, lejana a nimiedades, a problemas mínimos de la cotidianidad, con el espíritu abierto al trabajo cultural, con una enorme percepción e inteligencia. El perfume exquisito de su poesía y su personalidad perdurará siempre entre nosotros. Merecería que se la honrara poniendo su nombre a alguna biblioteca escolar, o algún otro lugar cultural de Campana, a la que tanto quería y donde residió muchos años. Mis condolencias a sus familiares.



