Buenos Aires (Especial de NA por José Calero) -- Son tiempos de final de un ciclo para el presidente Néstor Kirchner, quien está a escasos tres meses de dejar el poder, y así lo vivió esta semana en su relación con el empresariado, que lo despidió con gloria pero sin pena, convencido de que habrá continuidad en el rumbo económico.
En la UIA le prepararon la despedida anticipada en un multitudinario escenario servido en bandeja el jueves en Parque Norte, donde más de 1.200 industriales lo aplaudieron a rabiar y lo distinguieron por su "gestión en la histórica recuperación de la Industria en la Argentina", con una placa recordatoria.
"¡Qué discurso presidente! Desde Carlos Pellegrini que no teníamos un jefe de Estado tan industrialista", lo elogió el titular de una de las más poderosas cámaras fabriles que integran la UIA, apenas terminó de hablar en ese encuentro.
Kirchner se sonrojó un poco y apeló a la modestia: "¿Le parece, para tanto?", atinó a decir, mientras continuaba recibiendo elogios y efusivos apretones de manos de los industriales. No fueron los únicos. Un día antes, en San Nicolás, recibió elogios a granel de parte del número uno de Techint, Paolo Rocca, quien subrayó el perfil "netamente industrialista" del jefe de Estado. Casi una devolución de gentilezas: cuando arreciaba el conflicto entre Techint y Hugo Chávez, Kirchner le avisó al presidente de Venezuela que Rocca era "uno de los tres mejores empresarios de la Argentina". Después, el conflicto se arregló.
No serán los últimos acontecimientos empresarios que esperan a Kirchner antes de la partida: la CAME prepara un gran encuentro de la pequeña y mediana empresa para noviembre, en el cual aspira a contar con su presencia y despedirlo con honores.
Y en IDEA, que nuclea a las 300 compañías más grandes de la Argentina, realizarán su Coloquio a principios de ese mes donde aguardan que la estrella sea una Cristina ya consagrada presidenta, pero en el cual también esperan ratificar una "reconciliación" definitiva con Kirchner, con quien se cruzaron en más de una oportunidad al inicio de su mandato.
Está muy claro que para el establishment económico de la Argentina un triunfo de la senadora Cristina Fernández permitirá garantizar la gobernabilidad en la Argentina.
En cambio, los empresarios consideran que la oposición, atomizada como está, no brinda las mismas garantías. Desde la óptica empresaria, ni Roberto Lavagna, ni Elisa Carrió, ni Ricardo López Murphy tienen chances de poner en riesgo la candidatura presidencial del oficialismo, y actúan en consecuencia.
Señales
Dos señales contundentes dio Kirchner esta semana hacia el mundo de los negocios: manifestó la necesidad de ratificar el rumbo económico y pidió ayuda para hacerlo, pero también adelantó alguna "sintonía fina" que llegaría de la mano de Cristina.
El compromiso de mantener el dólar alto, el fomento de las exportaciones y la protección a la industria sonó a música en los oídos ansiosos de los dueños de fábricas cada vez más humeantes.
Mientras que la revelación de que la candidata quiere aumentar el superávit fiscal pareció un mensaje dirigido al sistema financiero, que viene advirtiendo sobre una suba del gasto público que impacta sobre el ahorro público.
Informes que se presentaron en el encuentro del IAEF en El Calafate alertaron sobre el alza en el costo del dinero y señalaron que existe una desaceleración de las inversiones.
"Los años de los proyectos de inversiones de alto impacto parecen haber terminado y la autofinanciación como principal fuente de recursos podría presentar obstáculos", consignó un trabajo de la consultora Ernest & Young presentado en ese foro que nuclea a los ejecutivos de finanzas.
"Cristina siempre me dice que estamos gastando mucho. Ella buscará un superávit del 4 por ciento del PBI", anticipó Kirchner ante los industriales, convertido en jefe de campaña de su esposa.
En la industria consideran acertado robustecer el frente fiscal, en especial luego de la turbulencia bursátil derivada de la debacle del sistema de hipotecas de los Estados Unidos, que todavía no terminó y derivará en un ajuste financiero internacional.
Pero también consideran necesario no perder de vista el mercado interno, y en eso también coinciden con Kirchner, quien este año volcó unos 5.000 millones de pesos al consumo vía rebajas impositivas, y aumentos de jubilaciones y asignaciones familiares.
¿El fin de las peleas?
En la Casa Rosada imaginan también que la eventual llegada de Cristina a la presidencia representará el fin de las peleas con los organismos multilaterales.
Se notó en los elogios de Kirchner al candidato más firme a encabezar el FMI, el francés Dominique Strauss-Kahn, quien se mostró comprensivo ante las furiosas críticas argentinas contra el Fondo.
Si la armonía se mantiene, está cantado que la Argentina acompañará esta candidatura como lo harán la mayoría de las naciones europeas y Estados Unidos, por lo que el ministro de Economía galo tiene destino seguro al frente de un organismo que deberá barajar y dar de nuevo porque sirvió de poco para ayudar a naciones en crisis.
También se espera que en los próximos meses la Argentina logre renegociar la deuda con el Club de París por unos 6.500 millones de dólares, uno de los objetivos centrales que se fijó el ministro de Economía, Miguel Peirano.
"Arreglar la deuda con el Club de París ayudaría a las grandes empresas a resolver sus necesidades de financiamiento en el exterior", razonó Beatriz Nofal, la influyente jefa de la Agencia Nacional de Desarrollo e Inversiones.
La Argentina parece encaminarse a construir una nueva relación con el poder económico mundial, pero desde una posición de mayor fortaleza asentada sobre sus reservas, que si bien cayeron en más de 1.000 millones de dólares por las turbulencias financieras, se mantienen por encima de los 43.000 millones.
Habrá que ver si los grandes jugadores del mundo financiero internacional están dispuestos a darle la bienvenida, o volverán a recordarle que, para ellos, el país todavía no resolvió un tema clave: los bonos de la deuda por más de 20.000 millones de dólares que quedaron fuera del canje y, por ahora, son apenas "papel pintado".
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En la UIA le prepararon la despedida anticipada a Kirchner en un multitudinario escenario servido en bandeja en Parque Norte.
Está muy claro que para el establishment económico de la Argentina un triunfo de la senadora Cristina Fernández permitirá garantizar la gobernabilidad en la Argentina.
La Argentina parece encaminarse a construir una nueva relación con el poder económico mundial, pero desde una posición de mayor fortaleza.



