Buenos Aires (Especial de NA por José Calero) -- Cristina Fernández no debe sufrir grandes sobresaltos durante el primer tramo de su mandato, para permitir la ejecución de la "sintonía fina" necesaria con el fin de pasar del crecimiento al desarrollo.
El concepto resume la decisión que el matrimonio presidencial parece haber adoptado en su retiro espiritual" de El Calafate, y que comenzó a implementarse esta misma semana.
La suba de retenciones, cierta desaceleración del gasto y el traspaso de empleados echados del INDEC a la órbita del fiel ministro Miguel Peirano, forman parte de un mismo conjunto.
También la consolidación del presidente del Banco Central, Martín Redrado, la "marca de cancha" a los empresarios, la gestión del ministro Julio De Vido ante el líder de la CGT Hugo Moyano y la señal al Club de París de que se acerca un acuerdo.
El gran objetivo es preparar el desembarco "suave" de Cristina en el Sillón de Rivadavia.
Este gobierno nunca se manejó con la idea de anunciar grandes planes, y siempre optó por aplicar medidas graduales y a distinto tiempo. Todo indica que lo mismo ocurrirá con Cristina.
Por eso, conviene analizar algunas decisiones tomadas en los últimos días, ya que representan indicios de hacia dónde va la Argentina en materia económica.
La decisión de subir retenciones a las exportaciones agropecuarias apunta a dar más aire a las cuentas públicas, sacudidas por el aumento del gasto en la campaña electoral, pero sobre todo representan una herramienta eficaz para combatir la inflación.
Para Peirano, la suba de las retenciones a las exportaciones de soja, trigo y maíz responde más a motivos antiinflacionarios que a la necesidad de subir la recaudación, porque se busca evitar que el aumento de los commodities impacte sobre la canasta alimenticia.
Pero el aumento de las retenciones no sólo representan una herramienta de lucha contra la inflación, sino que también servirán para robustecer el frente fiscal en unos 5.000 millones de pesos anuales.
El campo montó en cólera, a pesar de la promesa oficial de que el dinero se destinará a subsidios para que los productores puedan invertir sin subir los precios.
Es que no siempre queda claro si la totalidad de los fondos se trasladan a subsidiar precios, o algo queda en el camino del barril sin fondo del gasto público.
Por eso, desde el Foro de la Cadena Agroindustrial propusieron esta semana una reducción "gradual" de las retenciones a las exportaciones.
Según los cálculos que hacen en ese sector, eliminar retenciones provocaría un aumento del 14,5 por ciento en la canasta alimentaria.
Proponen suplir ese incremento con "vales alimentarios"
destinados a los sectores de menores recursos.
Pero la suba de retenciones, si bien aparece como la medida de mayor impacto y amaga con desatar un paro del campo, se suma a otras decisiones destinadas a ayudar a la presidenta electa.
Así, Néstor Kirchner parece sentado sobre la billetera y ya avisó a todos los ministerios que se olviden de gastos adicionales al menos hasta principios del año próximo.
Sólo autorizó transferencias a municipios y provincias por poco más de 200 millones de pesos, como "premio" al esfuerzo electoral realizado.
Pero en las reparticiones públicas saben ya que deberán olvidarse este año de brindar con champán.
Otra medida destinada a descomprimir fue la decisión de Peirano de absorber a los empleados echados por el polémico Guillermo Moreno en el INDEC.
Caso raro el de Moreno en el gobierno: muchos de sus pares le tiene recelo, el empresariado busca esmerilarlo por lo bajo y está siempre en el centro de la tormenta, pero el Presidente lo sostiene y la primera dama piensa darle un ascenso.
Todo indica que Moreno pasará a Enarsa cuando se inicie el mandato de Cristina.
Muchos se empiezan a preguntar si tanto apego por Moreno no se explica en la fidelidad militante del funcionario, y obedece no sólo a cómo manejó con mano férrea los precios, sino también a su paso por la Secretaría de Comunicaciones, donde mantuvo a raya a las telefónicas.
Pero el error en que podría caer el presidente, pero especialmente su esposa sucesora, sería pensar en que adecuando el termómetro se soluciona el problema de la inflación.
Hará falta recomponer la imagen del INDEC en los primeros meses de gobierno de Cristina, y para ello será necesario llamar a concurso para cubrir los cargos clave y dotar de independencia al organismo, una tarea que el gobierno no parece dispuesto a conceder.
Redrado, De Vido y siguen las firmas...
Cayó bien en los mercados la señal de que Martín Redrado continuará al frente del Banco Central y que podría consolidar la relación con Peirano.
En el sistema financiero hay confianza en la conducción que el otrora "Golden boy" viene haciendo de las principales variables macroeconómicas, y en especial en cómo manejó en la city porteña el problema de falta de liquidez desatado por la crisis de las hipotecas en los Estados Unidos.
Pero Cristina espera más, y le pedirá apenas asuma que se agilice el crédito a largo plazo para La producción, una asignatura pendiente en la Argentina.
El objetivo de Cristina sería seguir acumulando reservas de divisas. Pero querría que la mitad de las compras las haga el Tesoro con plata propia y no el Banco Central con emisión.
Sostienen que ésa será una de las vías por las que intentará moderar la inflación.
¿Y De Vido?
Uno que se envalentonó en los últimos días en el gabinete fue Julio De Vido, reinvindicado por su manejo de la crisis energética y a quien el presidente Kirchner le encargó una gestión especial ante el líder cegetista Hugo Moyano.
De Vido le pidió al camionero frenar los embates de algunos gremios, como el de los bancarios de Juan José Zanola, para adelantar la discusión salarial.
Más allá de su intervención en este tema, de continuar en el cargo, De Vido deberá enfrentar coletazos de la crisis energética en el verano, cuando impacte a pleno el consumo de los nuevos aire acondicionado, cuya ventas aumentó casi 50 por ciento este año.
Cristina quiere un Pacto Social de mediano plazo, que podría incluir una pauta salarial bianual hasta fines del 2009.
Incluiría un nivel de incremento de 3 puntos promedio sobre la inflación oficial proyectada para cada año, por lo que el ajuste para el 2008 rondaría el 13 por ciento.
Pero los gremios reclaman, y Cristina atendería el pedido, que se aplique un cláusula "gatillo", en caso de que la inflación final anual supere la proyección inicial de alza de precios.
Es un mecanismo copiado del Pacto de la Moncloa, que en España funcionó para achicar la presión inflacionaria.
Mientras tanto, los empresarios pretenden que no sólo se discutan salarios y precios, sino También un esquema que permita un fuerte incremento de la productividad, permitiendo una mayor movilidad en los puestos de trabajo, readecuación de horarios y otras herramientas que podrían merecer el rechazo de los sindicatos.
El tema del Pacto social sobrevoló el pálido Coloquio de IDEA en Mar del Plata, donde faltaron figuras oficiales y hubo marchas y contramarchas para elegir el tono del diálogo con el gobierno.
Hubo autocríticas de algunos empresarios, pero también alertas sobre la corrupción y la necesidad de fortalecer las instituciones.
Mejor le irá a la UIA cuando realice entre miércoles y jueves su Conferencia Anual en Pilar, donde participará medio gabinete y donde, entre otros temas, se hablará sobre un proyecto para poner en marcha un Banco de Desarrollo, en un panel en el que disertará el propio Redrado.
Así, Cristina parece haber decidido quiénes serán sus interlocutores privilegiados en el plano empresarial.



