Después de varios días sin computadora, nos sentíamos desbastados. A poco tiempo relativo de la incorporación de este "invento maldito" no podemos escribir más a mano. Necesitamos de la "maquinola" hasta para poder pensar; así que cuando Alejandra nos enviara esta historia no dudamos en compartirla:
"No lejos del monte Ararat, en una aldea, habitaba un hombre pobre. Vendía pan, algunas frutas y miel en un pequeño estanquillo, y sólo le acompañaba un gato negro, siempre dormido.
Un día, un pastor, con un gran bastón y seguido de un perro grande, entró en la tienda.
- Quiero un poco de miel - dijo el pastor.
El tendero sumergió un cucharón en el barril de miel y, cuando lo vertía en la vasija del cliente, una gota cayó al suelo. Una mosca se lanzó en seguida sobre la gota ; al instante, el gato del tendero brincó y aplastó la mosca con su garra, y, en seguida, el perro del pastor saltó sobre el gato.
Ladridos rabiosos, maullidos, gritos, zarpazos y mordiscos se mezclaron en la tienda, dejando como resultado, al fin de la riña, al gato sin vida a los pies de su dueño.
Enfurecido el tendero, tomó una herramienta y golpeó al perro que, instantes después, yacía también herido de muerte.
Entonces, el pastor, desesperado por haber perdido a su perro, saltó sobre el tendero, lo aporreó con su bastón y lo dejó también muerto.
De un extremo al otro del poblado, corrió la noticia de la muerte del tendero y todos los hombres corrieron para vengar la muerte de su estimado vecino. Golpearon al pastor y también lo mataron.
La alerta fue dada en el poblado cercano, de donde era el pastor, y rápidamente los hombres, armados de piedras, palas y picos, llegaron para vengar la muerte de su querido pastor.
¡Se hizo la guerra ! Y prosiguió durante muchos años, por una gota de miel. ¡Sólo una gota Muy pronto, de los dos poblados, sólo quedó desolación y muerte. Y los aldeanos sobrevivientes todavía hoy se preguntan cómo pudo haber comenzado todo esto".
En ocasiones sólo esperamos un motivo insignificante para poder descargar toda la agresividad que tenemos. Tal es el caso de la fábula antes descrita. Si nos pusiéramos a pensar un momento cuantos cosas, guerras, pleitos, luchas y batallas se pueden evitar si logramos controlar nuestros impulsos y luchamos por mantener la unidad y hermandad a la que estamos llamados a vivir, todo sería diferente.
Tenemos la capacidad de pensar y razonar nuestros actos y hechos, además de la capacidad de elegir lo que queremos y lo que no queremos hacer. Los animales se guían por sus instintos y el ser humano ¿lo debería hacer por la razón?
O es que hay razones que la razón no entiende? Y aquello instintivo que nos parece tan natural en los animales, lo ignoramos en los animales superiores, y dejamos de ver, aquello que se nos presenta insoportable, casi por nada...
Lic. Patricia Katz - Lic. Sebastián Terrizzano.
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