Buenos Aires (Especial de NA, por Gabriel Profiti) -- Tres días bastaron para ratificar que la Argentina elevara su exposición internacional durante el Gobierno de Cristina Kirchner, aunque también quedó confirmado que la cosmética internacional de la nueva presidenta no modificará las relaciones con Washington y Caracas.
Las derivaciones del caso del valijero venezolano- estadounidense demostraron que la Casa Rosada privilegiará -al igual que durante el mandato de Néstor Kirchner- el vínculo con Hugo Chávez por sobre el alineamiento con Estados Unidos.
En verdad, eso se sabía de antemano, aunque quedaban dudas sobre la posibilidad de que Cristina Kirchner diera un giro y acercara a su Gobierno a la Casa Blanca.
Pues bien, esto no ocurrirá al menos hasta enero de 2009 cuando asuma el nuevo Gobierno en la primera potencia mundial, con la posibilidad seria de que los demócratas -de mejor diálogo con los K- desbanquen a los republicanos del poder.
No resultó extraño, entonces, que Cristina jurara como presidenta delante de Chávez y de una funcionaria de tercer orden del gobierno estadounidense.
Ni siquiera Tom Shannon, el enlace del Gobierno de George W. Bush con Latinoamerica, asistió a la asunción. Eso sí, al día siguiente reclamó -con tono diplomático- que la Argentina vuelva a ejercer su liderazgo en la región, lo que en otras palabras significa controlar a Chávez.
Pero en ese primer discurso ante la Asamblea Legislativa la nueva presidenta ya había mostrado cuál sería su posición en la disputa geopolítica que mantienen Estados Unidos y Venezuela.
Allí volvió a poner a Venezuela como eje de la unidad latinoamericana y censuró al Gobierno de Bush -sin nombrarlo- por su apego al unilateralismo.
. Similitudes y diferencias
. La acidez discursiva hacia Estados Unidos desde el atril del Salón Sur es una muestra más de continuidad en el gobierno de los Kirchner.
Ya había ocurrido hace poco cuando el embajador estadounidense Earl Wayne había hecho lobby para una empresa de su país que pretendía quedarse con la eléctrica Transener y recibió una dura reprimenda -desde el atril- de Néstor Kirchner.
La relación entre Kirchner y Bush se mantuvo tirante durante gran parte de su coexistencia en el poder y más aún después de la Cumbre de las Américas de Mar del Plata cuando fracasó la ofensiva del Washington a favor del ALCA.
Y como en esa oportunidad la mayoría de los roces tuvieron
que ver con la posición argentina en defensa o cercana a Chávez.
La más recordada ocurrió a principios de año, cuando el titular del Palacio Miraflores llamó "cadáver político" a Bush durante un acto en la cancha de Ferro, que coincidió con la visita del estadounidense a Uruguay.
Por lo pronto, a Néstor Kirchner no le fue mal peleándose con Estados Unidos. George W. Bush es el mandatario con peor imagen en el país y su Gobierno tampoco contribuyó demasiado a superar los escollos que tuvo K en el inicio.
La nueva presidenta debe haber ponderado también los réditos y perjuicios de esta embestida. Entre estos últimos se encuentra la posición que el país más influyente del mundo pueda adoptar hacia la Argentina en los foros internacionales.
Por caso el Club de París, del que Estados Unidos es miembro y con el que el Gobierno debe refinanciar su deuda para facilitar la llegada de inversores internacionales.
Pero si bien la hostilidad hacia Estados Unidos no cambia, la Presidenta mostró de inmediato señales de otra orientación en política exterior que ya había esbozado durante la campaña.
Al menos sus primeras 48 horas de Gobierno buscaron elevar el perfil de la Argentina -quizá en un tono desmedido- en temas de penetración mundial como es el caso Betancourt.
La toma de posición de Cristina Kirchner en uno y otro sentido no quita que en el caso puntual del valijero venezolano, se mezclen algunas cosas.
Sucede que la mejor defensa siempre es un buen ataque y, por lo tanto, la acusación contra Estados Unidos de haber montado una operación de inteligencia puede representar más bien una maniobra distractiva respecto de un escándalo que amenaza con ceñirse sobre el vértice del poder.
gprofiti@noticiasargentinas.com
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- Las derivaciones del caso del valijero venezolano- estadounidense demostraron que la Casa Rosada privilegiará -al igual que durante el mandato de Néstor Kirchner- el vínculo con Hugo Chávez por sobre el alineamiento con Estados Unidos.
- La acidez discursiva hacia Estados Unidos desde el atril del Salón Sur es una muestra más de continuidad en el gobierno de los Kirchner.
- Pero si bien la hostilidad hacia Estados Unidos no cambia, la Presidenta mostró de inmediato señales de otra orientación en política exterior que ya había esbozado durante la campaña.



