Buenos Aires (Especial de NA, por Gabriel Profiti) -- El quiebre a favor de Caracas del equilibrio mantenido en los años previos entre las posiciones antagónicas de Estados Unidos y Venezuela resultó el dato saliente de la política exterior argentina en 2007.
Más allá de la gravedad del conflicto con Uruguay y de otros aspectos importantes de la política internacional de Néstor y Cristina Kirchner exhibidos durante el año, el marcado distanciamiento de Estados Unidos fue el hecho más relevante porque precisamente se esperaba que sucediera lo contrario. La llegada al poder de Cristina Kirchner estuvo precedida de un pregonado impulso en pos de la reinserción argentina en el escenario internacional, lo cual sugería un relanzamiento de las relaciones con la primera potencia mundial, deterioradas desde la Cumbre de las Américas de Mar del Plata en 2005.
Hasta los sectores pro-chavistas de la Argentina salieron a denunciar un giro a la derecha del futuro gobierno. Lo hicieron alentados por ciertas coincidencias de Buenos Aires con Washington en torno al caso AMIA, que al mismo tiempo habían provocado la salida el embajador venezolano en el país Roger Capella.
Pero poco a poco ese pronóstico fue cayendo con los gestos del matrimonio Kirchner hacia el venezolano: por caso, la entonces senadora pidió a empresarios españoles no temer a Chávez, Kirchner reclamó con insistencia su ingreso pleno al Mercosur y ambos salieron en su apoyo luego de que fracasara su intento de reformar la constitución.
Además, por algo Chávez fue el mandatario extranjero que más veces visitó el país en el año.
El nuevo escenario
Si bien Néstor Kirchner nunca ocultó su simpatía con el titular del Palacio Miraflores, un sector del Gobierno encarnado en la propia Cristina y Alberto Fernández se había esmerado en mantener relaciones "maduras" con la administración Bush y había limitado las apariciones con Chávez.
Washington pretende volver a hacer pie en una América Latina con cada vez menos aliados, luego de haber centrado sus esfuerzos en la denominada "guerra contra el terrorismo". Para ello, Brasil y la Argentina le resultan esenciales.
Por el momento, el brasileño Lula Da Silva logró mantener sintonía con Caracas sin alterar su llegada a Estados Unidos -visitó a Bush este año en la residencia de Camp David- pero en el caso de la Argentina algunos hechos importantes influyeron para deteriorar el vínculo con el Gobierno republicano.
El permiso para que Chávez insultara a Bush en la cancha de Ferro, en marzo, mientras el estadounidense se encontraba en Uruguay y el caso de la valija de Guido Antonini Wilson fueron demasiado para una relación con demasiados recelos.
El tema del maletín parece estar zarandeado por una mezcla de corrupción inocultable y conjuras internacionales, pero está claro que todos los actores, principalmente los gobiernos analizan ventajas y desventajas de sus acciones y reacciones.
¿Cómo sigue la historia? Las relaciones con Estados Unidos serán difíciles al menos hasta el cambio de gobierno en enero de 2009 y es poco probable que la Casa Blanca active alguna de sus oficinas en el centro del poder mundial para ayudar a la Argentina en su intención de atraer inversiones del primer mundo.
Sin embargo, a diferencia de la primera etapa kirchnerista, la Argentina trata de restablecer las relaciones con otros países centrales como Francia y Alemania, destinos en los que la presidenta designó como embajadores a un empresario Luis Ureta Sáenz Peña y al economista Guillermo Nielsen.
Restaría saber cómo influirá la puja con Estados Unidos en la región, teniendo en cuenta que la brecha ideológica en América latina se acrecentó en los últimos años entre gobiernos alineados con la Casa Blanca y los que decidieron alejarse.
El quiebre fue claro en el caso argentino porque hasta ahora ocupaba una posición intermedia entre los gobiernos izquierdistas -Venezuela, Bolivia y Ecuador- y los encolumnados con Washington como Colombia y Perú, que acaba de firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.
Por lo pronto, esta diferencia en torno a la relación con Estados Unidos hizo eclosión en la reciente cumbre del Mercosur de Montevideo, donde Cristina exhibió un discurso muy similar -más en contenido que en las formas- a los que suele dar Chávez y tuvo un contrapunto con Lula.
Uruguay
Al igual que en 2006, este año la política internacional argentina estuvo condicionada por el conflicto con Uruguay por la papelera Botnia. Si bien durante todo el año hubo gestiones, vaivenes y cumbres -en algunos casos alentadas por el rey de España y en otras no- la controversia siguió su curso y tuvo una escalada sobre final de año.
Más allá del esfuerzo de ambos gobiernos por encapsular el conflicto al Tribunal Internacional de La Haya, lo cierto es que las relaciones no serán fluidas por bastante tiempo. Demasiados resquemores aún corren por la sangre rioplatense.
gprofiti@noticiasargentinas.com
DESTACADOS:
- El permiso para que Chávez insultara a Bush en la cancha de Ferro y el caso de la valija de Guido Antonini Wilson fueron demasiado para una relación con demasiados recelos.
- El tema del maletín parece estar zarandeado por una mezcla de corrupción inocultable y conjuras internacionales, pero está claro que todos los actores, principalmente los gobiernos, analizan ventajas y desventajas de sus acciones y reacciones.
- Más allá del esfuerzo por encapsular el conflicto a lo que resulte del Tribunal Internacional de La Haya, lo cierto es que las relaciones con Uruguay no serán fluidas por bastante tiempo. Demasiados resquemores aún corren por la sangre rioplatense.



