Bienvenidas las flores y los regalos varios que nos lleguen, pero el sentido de la existencia de un Día Internacional de la Mujer no es exactamente el agasajo sino el hacer dar cuenta de todo lo que falta por hacer con relación a derechos vulnerados o no reconocidos.
Igualmente debemos reconocer que hemos recorrido un largo camino, y hemos cosechado grandes logros, especialmente durante el siglo XX gracias a luchadoras feministas referenciadas y autorreferenciadas como tales, y también gracias a las que no se reconocían o reconocen como feministas por creer erróneamente en una oposición machismo-feminismo que no es tal. (El machismo propone una relación jerárquica, de dominación, donde las mujeres se subordinan a los hombres. El feminismo -a excepción de alguna línea radical que ya casi no tiene adeptas- plantea las relaciones mujer-hombre como igualitarias, y la obtención o el goce efectivo de derechos que a las mujeres les fueron históricamente negados.)
Tomando como ejemplo el ámbito laboral, las estadísticas nos informan que las mujeres son las que más sufren el desempleo; que las empleadas, lo son en ocupaciones de mayor precarización y de menores sueldos; que son pocas las que llegan a puestos de decisión (muchas se topan con el llamado "techo de cristal", límite invisible pero efectivo que limita los ascensos), y cuando llegan, deben dar cuenta especialmente de su capacidad.
En un día como este se debe sensibilizar sobre las distintas formas de discriminación o violencias a las que las mujeres siguen estando expuestas. La de tipo económico es solo una. Si bien es compartida con los hombres, por ser habitantes de este país, pegan con más dureza en las mujeres, por el hecho de serlo.
Otras violencias, no menos dañinas, son las relacionadas con su rol estereotipado, tradicionalmente asociado al cuidado de los otros, ya sea la pareja, los hijos, los ancianos, o los enfermos de la familia. A su trabajo remunerado se suma su trabajo "invisible" (doméstico) dando lugar a una doble jornada laboral que tiene como correlato el detrimento de su salud. De nuevo los números nos dicen que quienes más se automedican son las mujeres. No es casualidad, deben sentirse bien para poder cumplir con el mandato.
Doble jornada de trabajo, maltrato laboral, acoso sexual, violaciones, atraviesan a todos los sectores sociales pero son más difíciles de afrontar para las mujeres pobres.
Las sociedades que muestran mejores índices de igualdad entre hombres y mujeres tienen políticas públicas especialmente abocadas a la temática. La perspectiva de género está instalada en sus agendas.
Es hora de trabajar en ese sentido, desde el barrio, y desde los gobiernos locales. Afortunadamente las mujeres están llegando a puestos de decisión política. Que haya mujeres en estos importantes lugares de poder dan esperanzas de un trabajo en esa línea, aunque no garantías. Las mujeres en el poder pueden elegir actuar de modo tradicional (patriarcal) o incorporar la perspectiva de género en sus agendas, como lo hacen las sociedades más avanzadas.
Seamos optimistas.
María Angélica Torreyra
Lic. Y Prof. en Sociología



