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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 22/abr/2008 de La Auténtica Defensa.

Se habían amado tanto
Por Marisa Alvarez




La Plata (Especial NA) -- En el oficialismo bonaerense -es decir, en el sector que domina y maneja la gran mayoría de los ámbitos institucionales de la Provincia-, la realidad sigue imponiendo una sola palabra para describir el clima que lo rodea. Preocupación. Acentuada con el paso de los días, habría que acotar, en todo caso. Y el origen de la inquietud también sigue siendo el mismo y se resume fácil: el gobierno nacional, al que le adjudican "seguir equivocándose" en cuestiones clave.

Otro problema, tan antiguo como la crisis del campo, y consecuentemente un nuevo temro, parece haber explotado ahora en la conciencia de la dirigencia bonaerense: la inflación Un aspecto saliente revela, además, este estado de ánimo dominante. Casi no hay dirigente importante, medio o menor -aunque hay alguno- que no explaye sus preocupaciones -y duras críticas-, sin que se le pregunte siquiera, acerca de la marcha del gobierno nacional en las conversaciones reservadas, con la misma vehemencia con que harían una defensa cerrada, elogiosa y optimista del oscuro objeto de sus temores si su opinión fuese requerida para ser difundida públicamente.

UN CONFLICTO QUE NO CEDE

El conflicto de la Casa Rosada con el campo es uno de los frentes que sigue siendo visto críticamente por la dirigencia bonaerense, en particular por la del interior. Es que en esa visión el balance de la primera mitad de la etapa de tregua y diálogo es francamente negativo.

La reiteración de "medidas viejas", como reintegros y subsidios a los pequeños productores, en las que no confían los propios beneficiarios; su instrumentación a espaldas de los dirigentes con los que se supone que están negociando; las señales de que el nudo de la discordia -el aumento y la movilidad de las retenciones- no será tocado; la apelación a las presiones -por ser suaves-, vía Guillermo Moreno, que convierten al presunto diálogo en una ficción; y el estado deliberativo y beligerante en que permanecen los productores al margen de la negociación que tratan de llevar adelante sus dirigentes, configuran esa visión.

Ese cuadro mantiene encendidas las luces de alerta en los referentes, intendentes y legisladores que tienen en las poblaciones del interior de la Provincia su base de sustentación. Pero desde otra perspectiva, y por ahora con menor intensidad, el conflicto con el campo comenzó a "interesar" también a la dirigencia oficialista del Conurbano. Teme el retorno de los cortes de ruta y por lo tanto del malhumor que genera el desabastecimiento, así como cierta inclinación a "entender al campo" y a rechazar actitudes del gobierno nacional que mostraron segmentos de la población de esa región en los días más duros de la primera etapa de la crisis.

EL INFIERNO MAS TEMIDO

Pero otro problema, aunque más antiguo que el del campo, parece haber explotado ahora en la conciencia de la dirigencia kirchnerista bonaerense. Y este nuevo temor -la inflación- no reconoce barreras geográficas.

En rigor, hay políticos que hace rato que miran la evolución de ese indicador y se preocupan en consecuencia. Pero muchos otros, enfrascados en microclimas, empiezan a reaccionar ahora, cuando la convicción de la sociedad de que "todo aumentó" y "mucho más de lo que pretende hacer creer el Gobierno con el Indec", ha llegado finalmente hasta sus oídos, con el tono de irritación e inquietud con que la gente hace esos comentarios cada vez que tiene que meter la mano en el bolsillo para pagar algo.

La inflación ha pasado a ser, en efecto, nuevo motivo de preocupación en referentes de la Provincia. Reparan en el humor ciudadano pero también en que hasta los economistas más oficialistas están diciendo que el Gobierno debería tomar algunas medidas y modificar el rumbo.

Y hay un dato clave en esa mirada. No asustan tanto los niveles inflacionarios actuales sino la manera en que está encarando la Casa Rosada -y Néstor Kirchner en particular, según creen en el propio kirchnerismo- el problema.

VISIONES MAGICAS

"Preocupan los que creen que los precios pueden bajar mágicamente; los que creen que todo se soluciona acordando con un par de empresas que retrotraigan los precios de tres productos alimenticios secundarios que después no aparecen en las góndolas ni los mostradores, mientras todo lo demás -una inmensa cantidad de productos y servicios- sigue subiendo. Y preocupa que en el Gobierno crean en esas recetas mágicas y que éstas sean su única política frente al problema", es un razonamiento cada vez más extendido.

Así, en la dirigencia bonaerense no sólo empieza a haber un temor creciente por la inflación sino también una dura visión crítica del Gobierno frente al problema.

En esos análisis, las consecuencias de esa "no política" no serían menores. "Si no hay medidas serias, que ataquen las raíces de este proceso inflacionario, en dos meses podríamos llegar a un punto de muy difícil retorno", se alarman algunos.

MALES DEL QUINTO AÑO

Pero el conflicto con el campo y los precios son aspectos puntuales de una visión integral que comienza a imponerse. "El Gobierno sigue complicado y continúa equivocándose, en muchos casos por no atender razones de quienes conocen a fondo los problemas", evalúan quienes entienden que la administración de Cristina Kirchner, que lleva apenas cuatro meses, "presenta todos los síntomas negativos, típicos pero acelerados, del quinto año de un gobierno".

Así, parte de la dirigencia oficialista de la Provincia pasó de la sorpresa que le provocaron los primeros tropiezos del nuevo gobierno kirchnerista, a cierto regodeo por situaciones que creyeron ver como "límites" a un manejo "muy concentrado y autista del poder", para recalar ahora en un estadío de temor y fastidio.

Parecen haber asumido que si el gobierno central deriva de las complicaciones sucesivas pero al fin y al cabo puntuales a un cuadro crítico global, muy posiblemente ellos sean alcanzados por la onda expansiva, no sólo por cuestiones de pertenencia política, sino también porque quienes tienen responsabilidades institucionales verán llegar esas mismas complicaciones a sus respectivas gestiones.

CAMPANA DE LARGADA

Mientras tanto, la definición de la lista de dirigentes que acompañarán a Néstor Kirchner en la conducción nacional del PJreveló que el ex jefe de Estado decidió posicionar fuertemente al peronismo bonaerense en ese armado.

Todo indica que para la elección de Daniel Scioli como número 2 de esa estructura Kirchner tuvo en cuenta su relación con el Gobernador y la actitud asumida por Scioli en la crisis con el campo. Pero aún así esa elección implica un reconocimiento al PJ bonaerense y su revalorización en el esquema kirchnerista.

Pero además Kirchner ubicó a seis bonaerenses en las 22 secretarías que componen, junto a él y los cinco vicepresidentes, la "mesa" de conducción y a otros ocho en las 47 vocalías. Y todos coinciden en que esos números reflejan un buen posicionamiento del PJ bonaerense.

Pero allí terminan las coincidencias. Se abre un arduo período de debate sobre porqué el vicegobernador Balestrini, los diputados nacionales Kunkel, Díaz Bancalari y Graciela Giannettasio, el piquetero Pérsico y el intendente Pereyra (Florencio Varela) fueron elegidos para el secretariado, y porqué, en cambio, ministros nacionales como Aníbal Fernández y Florencio Randazzo; hombres de fidelidad a prueba de balas como el senador Pampuro y jefes comunales como Curto (Tres de Febrero) y Massa (Tigre) fueron relegados a las vocalías. Ni hablar de las discusiones sobre referentes de peso que quedaron afuera del armado.

Pero la "selección nacional" funcionó para el peronismo bonaerense, por sobre todo, como la campana de largada para la pulseada por la renovación de conducción de la fuerza a nivel provincial.


 
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