Buenos Aires (Especial de NA) -- Las crecientes dudas que genera tanto en el exterior como en sectores de poder locales la marcha de la economía argentina comenzó a agitar el avispero político de una manera inusitada cuando aún falta más de un año para el próximo turno electoral.
El disparador de la agitación política fue por cierto el conflicto agrario, pero luego se sumaron elementos que provocaron incertidumbre, como la venta de títulos de la deuda a Hugo Chávez y la urgencia del Gobierno por salir a recomprarlos ante el impacto negativo que la operación generó en los mercados.
Comenzaron a propagarse, en este contexto, pronósticos pesimistas sobre el futuro económico -que ponen en el tapete las dificultades de financiamiento que padece el Estado nacional- y a la par se intensificaron las consultas entre dirigentes que apuran un armado opositor de cara a las legislativas de 2009.
Así, se gestaron encuentros entre Mauricio Macri y Felipe Solá, o entre el jefe de Gobierno porteño y el ruralista Alfredo De Angeli. El propio dirigente entrerriano se reunirá mañana con Eduardo Duhalde en Paraná, quien por su parte prosigue sus contactos con exponentes del peronismo no kirchnerista.
A la vez, Julio Cobos busca aprovechar el envión que le dio su voto "no positivo" en el desempate de las retenciones y además de haber incrementado su exposición pública, podría reunirse en los próximos días con el gobernador santafesino Hermes Binner, tras sendas visitas a Córdoba y el interior bonaerense.
La magnitud política de Cobos se agrandó tanto en las últimas semanas que también provocó impacto el hecho de que haya aprovechado las pocas horas en que quedó a cargo de la Presidencia -por el viaje de Cristina Kirchner a Paraguay- para reclamar cambios que transparenten el funcionamiento del INDEC.
Ese organismo que quedó en el centro de todas las críticas por sus dudosas estadísticas sobre la inflación, está bajo el control político de Guillermo Moreno, a quien en la propia Casa Rosada no le dan muchos días más en ese rol. Allí invocan incluso el nombre de Graciela Ocaña para hacerse cargo de la "papa caliente".
Elisa Carrió, por su parte, regresó de unas vacaciones y se diferenció de Cobos, pero se encontrará con Luis Juez en Córdoba, luego de que éste descartara retomar sus atrofiados vínculos con el kirchnerismo.
El poder oficial acotado
Hasta no hace pocos meses, el matrimonio Kirchner castigaba políticamente a quienes emitían algún cuestionamiento desde el propio oficialismo con la política del aislamiento. Lisa y llanamente, mandaban al "freezer" al dirigente díscolo.
Le pasó en su momento a Daniel Scioli cuando era vicepresidente y ahora el matrimonio presidencial procuró repetir la estrategia con Julio Cobos, pero el escenario político es sustancialmente distinto tras el conflicto agrario.
Tal vez por este motivo es que Scioli parece haberse animado a trazar algunas líneas para diferenciarse de los Kirchner en temas urticantes: el titular del Banco Provincia, Gustavo Francos, criticó los manejos del INDEC y el ministro de Seguridad, Carlos Stornelli, tomó distancia del proyecto oficial para despenalizar el consumo de drogas para uso personal.
Esa idea de la presidenta Cristina Kirchner -encargada al ministro Aníbal Fernández- no contaría con el respaldo social necesario y, para colmo, estalló en medio de ese debate el caso de los tres jóvenes empresarios que fueron ejecutados, al parecer, porque uno de ellos tenía relación con el narcotráfico.
Scioli se mantuvo firme junto a los Kirchner durante todo el conflicto agrario, con la convicción de que cualquier crítica que hiciera a la Nación hubiera sido políticamente devastadora para Cristina. Pero la nueva coyuntura parece haberle otorgado más espacio para disentir en temas puntuales.
Otros dos sostenes del Gobierno central, cada uno en su estamento, como lo fueron en los últimos años la CGT y la UIA, también dieron en los últimos días señales de que ya no piensan acompañar a pies juntillas las políticas kirchneristas.
A cegetistas e industriales los motivan distintas circunstancias, pero en el fondo afrontan los mismos problemas: un sector interno de cada una de esas organizaciones ya decidió sacar los pies del plato y apostar a una alternativa no kirchnerista para el futuro político del país.
De la capacidad de reacción del matrimonio Kirchner dependerá, en los próximos meses, que este proceso de desgajamiento de su poder no se acelere más de lo recomendable para un país debe volver a prestar atención a la marcha de su economía.
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