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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 21/sep/2008 de La Auténtica Defensa.

Los narcos mexicanos enviaban efedrina a México en vinos, cueros y productos Regionales






 En suelas de zapatos y en productos regionales enviaban la efedrina a Mexico.

Los investigadores de la banda de narcos mexicanos que elaboraba metanfetaminas en un laboratorio de Ingeniero Maschwitz buscan determinar si esa organización también llegó a exportar la droga untada en productos regionales.

Fuentes de la pesquisa creen que la metanfetamina que la banda elaboraba en el laboratorio con diversos precursores químicos, el más importante de ellos la efedrina, pudo haber sido procesada de manera tal como para quedar untuosa u oleosa y así poder camuflarla en productos realizados con cuero.

Si bien en base a las declaraciones de algunos detenidos y testigos los investigadores establecieron que la banda envió a México efedrina en estado líquido camuflada en botellas de vino, ahora quieren saber si pudieron haber logrado también untarla en productos.

Para profundizar esa pista, los pesquisas analizaban algunas exportaciones de productos regionales realizadas en la primera mitad de este año con el fin de establecer si en alguna de ellas pudieron ser sacados del país productos impregnados con la droga.

Cuando el 17 de julio pasado la Policía descubrió en una quinta de Ingeniero Maschwitz el laboratorio más grande de metanfetaminas de América Latina encontró algunas suelas de zapatos, cartones y elementos que en ese momento despertaron sospechas.

Los detectives realizaron algunos allanamientos y peritajes que los llevaron a pensar que las drogas sintéticas elaboradas ahí pudieron haber sido enviadas en pequeñas cantidades a México.

Ahora, los investigadores al mando del juez federal de Campana Federico Faggionatto Márquez analizan documentos, resultados de peritajes y entrecruzamientos de llamadas con el fin de establecer vínculos que les permitan determinar si existió un embarque mayor rumbo a México de productos artesanales que pudieron haber estado untados con metanfetamina.

El juez tiene más de 120 mil llamadas telefónicas para analizar en el marco de la causa. Por el momento, los pesquisas demuestran que la cadena de elaboración de drogas de los narcos se iniciaba con la adquisición de efedrina a diversas droguerías y farmacias, varios de cuyos dueños y encargados fueron detenidos en los últimos días.

La efedrina se usaba para elaborar drogas sintéticas en el laboratorio de Ingeniero Maschwitz donde fue detenida gran parte de la banda, entre ellos, nueve mexicanos y el argentino Marcelo Tarzia.

El prófugo más buscado por los investigadores es el mexicano Jesús Martínez Espinoza, sindicado como líder de la organización local, quien no pudo ser aún hallado, aunque dejó varias huellas de su paso por la Argentina que se suman a la causa judicial.

EN BOTELLAS DE VINO

En las últimas horas los investigadores habían comprobado que la banda enviaba efedrina y otros precursores en botellas de vino de una conocida marca.

A lo largo de 90 días, entre noviembre y enero, 180 jóvenes mexicanos usados como mulas por un cartel de ese país sacaron de la Argentina, en vuelos hacia el DF, alrededor de una tonelada de seudoefedrina disimulada en botellas de vino blanco. "Cada día llegaban dos y se iban dos. Y cada uno llevaba entre cuatro y seis botellas en sus valijas. Cobraban mil dólares por viaje", contó un investigador. Los narcos descubiertos en julio en un laboratorio clandestino de Ingeniero Maschwitz, antes de conseguir grandes proveedores del precursor químico, habían aplicado un proceso habitual en sus pagos para extraer la efedrina de un medicamento legal. Luego la diluían en agua logrando un líquido de color ámbar, similar a un vino de mesa. Envasada en botellas de litro y medio de la bodega Viñas de Balbo, la mandaban a México, usando el ya clásico sistema de correos humanos. La historia, que ilustra la primera etapa de instalación de las células de carteles mexicanos en el país, se supo porque un remisero de Pilar y un sommelier de Puerto Madero -liberados tras sus declaraciones en el juzgado federal de Campana- decidieron hablar.

En la sucesión de allanamientos que se inició con la ruta de la efedrina, los investigadores llegaron a dos casas del barrio cerrado Irízar de Pilar que habían sido alquiladas por el supuesto líder de la banda, el prófugo Jesús Martínez Espinoza. En la calle Tucumán 220 se encontraron con un laboratorio desmantelado hacía un tiempo. Aunque tenía algunas similitudes con el descubierto en Maschwitz, a primera vista parecía hecho para otra cosa. Eso fue lo que comenzó a aclarar el remisero Iván Omar Albornoz casi apenas lo detuvieron. Esmirriado, morocho, de ropa deportiva sin marca, zapatillas, pelo corto, de 27 años, se sabía en problemas desde que cayeron sus ex patrones, y más desde que vio por televisión las derivaciones del triple crimen, del que fueron víctimas Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina. Cuando lo detuvieron, el martes, y se sentó ante los instructores judiciales de Campana, era un hombre dispuesto a hablar. Empezó a la una de la madrugada. Se paró a las seis.

Durante cinco horas contó cómo lo reclutaron cuando era empleado de una remisería de Pilar y le tocó llevar a un mexicano rechoncho y simpático, "don Jesús". Después de algunos viajes el hombre le propuso que fuera su chofer por un sueldo mensual de 3.000 pesos. A comienzos de noviembre comenzó por prestar su nombre para la compra de un SEAT León color rojo, el que manejaría para llevar y traer a Martínez y algunos empleados. "Parecen sofisticados pero increíblemente le dieron confianza a una persona del montón, que ahora lo cuenta todo", dijo ayer una fuente judicial. Hacia diciembre no era necesario que le explicaran de dónde venía la prosperidad de sus patrones. "Martínez era el químico que supervisaba los experimentos", le dijo a los investigadores. Cuando don Jesús no estaba, contó, la producción se paraba. "Pero eran muchos. Enseguida empecé a llevar gente a Ezeiza. Buscaba a dos. Traía a otros dos".

Ahora a los investigadores les queda claro que cuando los mexicanos aún no contaban con proveedores de efedrina -como Sebastián Forza, de quien se piensa les vendía el insumo químico a los narcos- procedían como en su propio país, donde la sustancia está prohibida pero sigue circulando en medicamentos de uso corriente.


 
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